Las escenas son así: miles de personas viajan a diario en el Metro pegados a sus teléfonos “inteligentes”. Lo propio, conductores que en cada semáforo, o incluso manejando, no dejan de chatear. Ciclistas, en el mismo tono que los automovilistas, y seres humanos que contestan correos electrónicos durante las 24 horas, mientras otros no logran almorzar sin echar un vistazo (de vez en cuando) a un smartphone.

Pues bien, los cuadros mencionados acontecen a diario y tienen una explicación científica… adicción. Sí, tal como el alcohol, los antidepresivos, la coca, el cigarro.

De acuerdo a un artículo que publica The New York Times, el psicólogo social Adam Alter, advierte en su libro  “Irresistible: The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked” que en la actualidad muchos de nosotros (a lo mejor usted mismo, lector) somos adictos a los productos tecnológicos modernos que proliferan día a día ni bien acaba de salir la versión anterior.

“En el pasado pensábamos en la adicción como algo ligado mayormente a sustancias químicas: la heroína, la cocaína o la nicotina. Hoy en día existe el fenómeno de las adicciones conductuales en las que, como me dijo un líder de la industria tecnológica, la gente pasa casi tres horas al día pegada a su celular”. explica el experto en entrevista con el medio gringo.

Para referir la patología adicción, responde que “la definición a la cual yo me apego es que la adicción debe ser algo que disfrutes hacer a corto plazo y que perjudica tu bienestar a largo plazo, pero que de todas formas lo haces de manera compulsiva”.

Alter no cree que los diseñadores de estos productos lo hagan pensando en generar adictos, pero sí en que haya personas que pasen mucho tiempo en ellos.

“Los diseñadores incorporan cierta cantidad de retroalimentación de la misma manera en la que una máquina tragamonedas ofrece una victoria ocasional para mantener tu interés”, dice.

Para argumentar su tesis, el investigador indica que “sólo hay que ver lo que está haciendo la gente. En una encuesta, el 60 por ciento de los adultos dijeron que duermen con su celular al lado. En otra encuesta, la mitad de los sondeados declararon que revisan sus correos electrónicos durante la noche”.

“En la actualidad, revisamos nuestras redes sociales constantemente, lo cual afecta nuestro trabajo y vida cotidiana. Nos obsesionamos con la cantidad de “me gusta” que obtienen nuestras fotos de Instagram, en vez de fijarnos hacia dónde estamos caminando o con quién estamos hablando”, plantea.

Consultado por lo malo del asunto, Alter es claro (acaso usted mismo ya lo pensó o lo piensa): “Si estás pegado a tu teléfono por tres horas al día, ese es el tiempo que no estás pasando en interacciones cara a cara con las personas. Los teléfonos inteligentes te dan todo lo que necesitas para disfrutar el momento que estás viviendo, pero no requieren mucha iniciativa”.

Para cerrar, el experto aventura un consejo: “sugeriría que fuera más consciente acerca de la manera en la que permite que la tecnología invada su vida. Después deberá limitar su uso. Me gusta la idea, por ejemplo, de no contestar correos electrónicos después de las seis de la tarde. En general, le diría que se diera más tiempo de estar en ambientes naturales, de sentarse cara a cara con alguien a conversar por un largo rato sin que haya ningún tipo de tecnología en el lugar. Debería haber momentos en el día durante los cuales pareciera que estás en los años cincuenta o en los que estés sentado en un cuarto y no puedas distinguir en qué época te encuentras. No deberías estar mirando pantallas todo el tiempo”.