Ayer las redes se remecieron tras leer la sentida carta de un niño del colegio San Ignacio de Alonso de Ovalle, víctima de constante bullying por parte de sus compañeros que se burlaban porque no tenía papá.

Hoy en entrevista con El Mostrador, su madre Paola Givovich, acusó discriminación y pésimo actuar por parte del establecimiento, al mismo tiempo que reveló los desgarradores mensajes que el menor le enviaba desde el baño del colegio luego de sufrir la crueldad de sus compañeros.

En ese sentido, Paola relató que “en el colegio me decían que se chasconeara, que se tomaba todo muy en serio. Hasta que un día la enfermera me puso en alerta. Me dijo: ‘Usted sabe que su hijo va todos los días con dolor de guatita a la enfermería. Y ojo, porque en realidad él se va a esconder’. Ahí me di cuenta que andaba decaído, gruñón, molesto. El profesor jefe me decía que era la edad. Pero cuando realmente le tomé peso al asunto fue con la baja de notas. Mi hijo siempre estuvo entre los primeros lugares y bajó ¡1 punto! Me puse más alerta, a escucharlo más abierta porque yo escuchaba mucho al colegio, confiaba mucho en el colegio. No me imaginé nunca que las cosas habían llegado al extremo en que estaban ocurriendo”.

Añadió que otro hecho que marcó esta triste historia fue que el menor no quería por ningún motivo asistir al paseo de curso que se estaba planeando: “Supo que tenían planificado tirarle la mochila a la piscina. Tenía mucho miedo”. En vacaciones las cosas no mejoraron: “Él tiene un canal de Youtube y le ponían cosas como ‘oh, qué penca, quieres ser popular y nunca lo serás’,’tus videos valen callampa’ distintos niños y él respondió. Entonces llega marzo y yo decido hablar con el profesor. Él me dice que no puede hacer nada porque fue fuera de clases y ya no estábamos en el tiempo. Nunca estábamos en el tiempo”.

La mujer de profesión matrona, soltó que “durante todo el primer semestre del año 2016 no hubo encargado de convivencia escolar. La sicóloga insistía en que tenía que chasconearse. Y dentro de todas estas cosas empezaron a molestarlo con que no tenía papá. Un día, sale muy molesto del colegio y me cuenta que la profesora de inglés lo retó porque no tenía cómo trabajar. ‘Mi estuche desapareció’, me explicó. ‘Yo empecé a buscarlo y la profesora me retaba porque no trabajaba, pero no tenía lápiz’. Lo que había ocurrido era que a un compañero se le había caído un jugo sobre su mesa, tomó el estuche, limpió su mesa con él y lo botó a la basura. Todos sabían. Así que le mando esta información al profesor y le pongo que si eso no es acoso escolar, yo vuelvo a nacer. Y el profesor me responde que lo va a hablar”.

En otros pasajes, Paola resalta otro momento cruel, cuando a su hijo le gritan “¡huacho! ¿Qué se siente no tener papá?”.

Fue en ese minuto que “le mando de forma inmediata un correo al profesor. Pero éste me responde ¡un mes después! diciendo que es grave y lo va a investigar. Empecé a tratar de fortalecerlo por mi lado con un sicólogo. Mi gran error fue confiar en el colegio. Nunca escribí un correo a un apoderado. Hablaba en el colegio solamente”.

Sobre si alguna vez enfrentó a los papás de los niños que le hacían bullying a su hijo, contestó que no, ya que “era tanto el dolor que sentía que podía decir lo que no quería decir y, por otro lado, era transformar a mi hijo en el acusete. No quería exponerlo y que se pusiera peor todo. Un apoderado que es abogado me dice un día, ¿qué tendrá que hace que lo molesten? Yo lo quedé mirando y no le contesté nada. Nada justifica el maltrato”.

A su vez, acusó pésimo actuar del establecimiento, detallando que “el colegio hizo una intervención sin avisarme. Lo pasé a buscar y me contó que llegó un grupo de sicólogos y profesores a hablarles de bullying y que era por él. Que lo pusieron frente a su mesa e hicieron pasar a los niños a pedirle disculpas. 11 niños lo hicieron. Y al final, la sicóloga del ciclo le pidió disculpas por no haberse dado cuenta y no haber hecho lo que tenía que hacer. Llamo al sicólogo para saber si él sabía y no tenía idea de esta intervención. ‘Eso no es reparador, eso es exponerlo’, me dijo. Ahí empecé a desilusionarme y pedí en el colegio, ya que reconocieron por fin que mi hijo era víctima de acoso, la aplicación del protocolo frente a eventos de violencia escolar, que es un protocolo del ministerio para todos los colegios. En ese momento me entero que no había encargado de convivencia”.

Agregó que “después de esta intervención mi hijo pasó de ser el agredido a ser el ignorado. Nadie hablaba con él. Luego viene la semana ignaciana y se provoca uno de los episodios más violentos, en que lo molestan tanto, que termina encerrado en un baño mandándome mensajes que decían que ya no podía más, que sólo quería morirse, que estaba pensando en suicidarse. De ahí en adelante fue una decepción tras otra. Le solicité al rector que se aplicara justicia y que el manual de convivencia escolar decía que aquel que ejerciera cualquier tipo de violencia sobre cualquier miembro de la comunidad escolar, dentro o fuera del establecimiento o por redes sociales, era falta gravísima y que implicaba condicionalidad o caducidad de la matrícula. Él me responde que no, claro, porque no habían aplicado los protocolos”.

Sobre el estado actual de su hijo, Paola sostuvo que “está bien. Hizo una depresión mayor. Toma medicamentos, antidepresivos, antimpulsivantes y pastillas para dormir. Ha sido duro. Lo que me hizo decidirme a sacarlo del colegio finalmente fue el pánico nocturno. Cuando se empezó a despertar gritando me decidí. El 14 de septiembre fue el último día que fue a clases en el San Ignacio. Ahora está bien, estamos reconstruyendo, si hicimos esta acción legal es porque hasta el día de hoy lo molestan por internet. Tengo un denuncio en el ciber crimen por insultos que le llegaron a fines de diciembre. Tengo que hacer algo para que esto se detenga y eso es que el colegio asuma su responsabilidad”.

En tanto, reconoció que por dentro ella siente “rabia, dolor, impotencia. Qué ganas de hablar con otros papás y preguntarles cómo no se dan cuenta de lo que está haciendo su hijo. Pero no puedes porque tienes que contenerlo a él. Es el dolor más grande que he tenido en mi vida. Es como si me hubieran sacado el alma, yo me apagué. También tuve que ir a terapia. Para mí no ha sido fácil, ha sido duro. Si llegué al San Ignacio fue porque quiero criar un hombre bueno. Porque siento que si uno es bueno, te va bien y me di cuenta que ese no era el lugar. Me decepcioné del colegio, es un dolor enorme. Me sentí muy culpable de lo que mi hijo estaba pasando porque yo confié en el colegio. Fue tal mi confianza, que dejé de escucharlo”.

Frente a si se cuestionó ponerle sus dos apellidos, respondió que “nunca. Sentía que era tremendamente injusto, que si yo lo voy a criar, si yo lo voy a educar, si yo lo voy a amamantar ¿por qué le voy a entregar ese honor a otro? Y por otro lado, estaba la situación de pertenencia. Mi hijo se siente parte de mi familia, por lo cual no me arrepiento. Sí, quizás por esta sociedad discriminadora me cuestioné y pensé en alternativas, pero él se siente feliz y tiene identidad”.

Vale decir que el colegio emitió un comunicado en el que afirma que “tal como lo hemos informado en oportunidades anteriores, como Colegio San Ignacio velamos por la integridad de todos nuestros estudiantes y colaboradores. En relación al caso expuesto, les informamos que hemos actuado de acuerdo al mismo principio, privilegiando el bienestar de las personas involucradas al estar en frente de una situación delicada y dolorosa”.

A renglón seguido, indica que “frente a cualquier requerimiento formal, como comunidad escolar siempre estaremos dispuestos a aportar con la información que la autoridad nos solicite, entendiendo que buscamos contribuir al esclarecimiento de cualquier hecho que pueda afectar a uno de nuestros integrantes. Ante la denuncia realizada a la Superintendencia de Educación y que está en curso, el colegio ha entregado toda la información que se le ha solicitado respecto del proceso formativo interno, de las personas y equipos responsables, así como de la implementación de protocolos y procedimientos internos que se ejecutaron en su debido momento”.

“Por el cuidado y respeto hacia todo estudiante y su núcleo familiar, no nos referiremos con más detalle a situaciones particulares que expongan a menores de edad. Aprovechamos esta comunicación para invitar a nuestra comunidad a continuar trabajando por la promoción de los buenos tratos y ser prudentes al referirnos unos de otros para fortalecer una sana convivencia escolar”, cerró.

La sentida carta con la que un niño víctima de bullying se despidió de sus compañeros que lo destrozaban todo el día – The Clinic Online