Las copas, servicios y platos, estaban puestos en la mesa para recibir a un invitado especial en el departamento del artista visual Arturo Duclos (57), ubicado frente al parque Forestal. La comida tenía que ser perfecta. Arturo había cocinado pollo Thai, porque era uno de los platos favoritos de su amigo.

Sonó el timbre y uno de los invitados abrió la puerta. Los ojos se fijaron en el rostro de Rafael Garay. Lucía bien. No tenía rasgos de estar enfermo. Era agosto del 2016 y a Garay le quedaban, supuestamente, pocos días de vida. En las próximas semanas se iría a tratar a Francia un supuesto cáncer terminal. Su amigo Arturo fue el primero en abrazarlo. Era la última cena.

Semanas antes, Arturo había conversado con Daniela Claro, socia de Duclos, y su esposo, ambos ingenieros comerciales, sobre el sueño que estaba planeando con Garay: un fondo de inversiones que sustentaría una escuela de arte gratuita. Rafael le aseguró a Arturo que ganarían un 18% de utilidad, pero cuando Duclos se lo comentó a la pareja de ingenieros, ellos rieron. Le explicaron que ni un mago podría hacer eso, que como máximo de utilidad podría ganar un 12%. Le aconsejaron que no le creyera más a Rafael.

Hasta ese momento de la noche, en el living sólo habían llegado artistas invitados, como el pintor Jorge “Coco” González. Mientras las copas de vino se vaciaban y la comida comenzaba a escasear, sonó el timbre del departamento. Daniela Claro con su esposo habían llegado tarde a la despedida.

Garay clavó la mirada en la pareja. Sabía qué profesión tenían. Por un momento, pareció que el cáncer de verdad lo estaba afectando. Guardó silencio. La incomodidad comenzó a notarse cada vez más. Los invitados trataban de hablar con Garay, pero solo contestaba con monosílabos.

“Todos nos sorprendimos porque repentinamente dijo chao, me voy. Comentó que los medicamentos le estaban haciendo efecto. Se paró y se fue, así nada más”, relata Daniela Claro.

Un silencio incómodo llenó el living, hasta que alguien dijo: “Este gallo no está enfermo. Te apuesto que nos está engañando a todos”.

El factor Duclos

Ernesto Silva Bafalluy, rector de la Universidad del Desarrollo, llamaba por teléfono todas las semanas a Arturo Duclos. Quería a toda costa que el artista visual tomara la dirección de la naciente escuela de artes de la universidad ese año 2002. No dejó de llamarlo hasta que aceptó. “Al principio fui súper temeroso, pero finalmente me convenció el proyecto humanista y asumí la dirección”, recuerda hoy Duclos.

Cuando Arturo asumió como director, el rector le presentó a Rafael Garay, quien ocupaba el cargo de director comercial y de comunicaciones de la UDD hacía un par de años. Era el encargado de financiar los proyectos que Duclos propusiera. “Una vez con los alumnos arrendamos un bus para grafitearlo entero, y Garay se consiguió las lucas. Yo le proponía cuestiones bien atrevidas y él decía ‘mira, ¿por qué no?’”.

Según cercanos, para Rafael el arte había estado presente en su vida desde pequeño. En el living de su casa en Concepción dibujaba los primeros trazos de lo que pudo haber sido una carrera profesional como artista, pero que decidió dejar de lado por la ingeniería.

El 2007 Garay decide tomar la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Universidad Central, tras dejar su cargo en la Universidad del Desarrollo. A los meses de asumir llamó a Duclos: “Quiero formar una facultad de arte. Vente conmigo”. Arturo aceptó. Después de varias reuniones con la directiva de la universidad para levantar la Facultad de Industrias Creativas, en las que participaron varios artistas nacionales apoyando el proyecto, la universidad decidió no invertir.

Tras la caída de la escuela de artes, empezaron a tener conversaciones para crear proyectos juntos. Fue en esos momentos cuando la relación se afianzó y Arturo pasó a ser el mentor artístico de Rafael Garay. “Le gustaba lo que el arte significa, esa representación simbólica que tiene el arte dentro de la sociedad. Después lo vio como una cosa de estatus”.

En el año 2010 Garay dejó la Universidad Central. En ese mismo momento Duclos viajó a Buenos Aires a la feria ArteBa, junto con una delegación de cultura integrada por Luciano Cruz Coke, Bárbara Lacroix y Juan Manuel Santa Cruz, quien en ese entonces era integrante del directorio del Museo de Artes Visuales. En uno de los recorridos, Santa Cruz se acercó a Arturo y le comentó que estaba en búsqueda de un nuevo director para el museo. Duclos pensó unos minutos y le dijo: “Tengo a alguien perfecto para ti. Se llama Rafael Garay”.

“No cachaba mucho de arte”

Inaugurado el año 2001 en pleno corazón del barrio Lastarria, el museo de Artes Visuales (Mavi) fue la materialización de un gran sueño pensado varios años antes por Manuel Santa Cruz y Hugo Yaconi, amigos y empresarios chilenos, dueños de Lipigas, ABC Din y Pesquera El Golfo.

El Mavi, en rigor, significaba un salto de calidad importante en sus donaciones artísticas, que ya contaba con la creación del museo Arqueológico en 1981 y la fundación Cultural Plaza Gil de Castro en 1994. La elegida para dirigir la etapa inaugural del museo fue Andrea Brauweiler, esposa del escultor Hernán Puelma, cercana a los Santa Cruz-Yaconi. Un par de años después tomó la dirección María José Bunster, historiadora del arte.

De a poco, los empresarios fundadores fueron delegando la administración del museo de Artes Visuales a sus hijos, Ana María Yaconi y Juan Manuel Santa Cruz. El año 2010, con ellos en el directorio, el museo sufre una reestructuración que terminó con la salida de María José Bunster de la dirección.

Según fuentes cercanas al Mavi, Juan Manuel fue el principal artífice del cambio. “Fue un momento de la historia del Mavi en que buscamos meterle más gestión para balancear el tema artístico cultural”, reconoce Juan Manuel Santa Cruz a The Clinic. Un ex trabajador de la fundación agrega que “los hijos ya no querían que el museo les chupara la plata. Buscaron a alguien que lograra el autofinanciamiento del Mavi”.

Tras conversar con Duclos en Argentina, Santa Cruz llamó a Rafael Garay para entrevistarlo. “Después de un proceso de búsqueda y selección, lo invitamos a trabajar precisamente por su condición de ingeniero comercial y bueno para la gestión”, relata el empresario. Varias de las fuentes entrevistadas por The Clinic aseguran que Garay deslumbró a Santa Cruz.

En octubre de 2010 Garay es nombrado director ejecutivo, un cargo alejado de todo lo que había hecho en su vida. Por esos días, se juntó en un café del centro de Santiago con un cercano, que prefiere resguardar su nombre, para contarle la noticia. “Me confesó que le extrañó que lo eligieran director porque no cachaba mucho de arte”.

Garay le pidió a Duclos que le enseñara. “Nos juntamos varias veces a hablar temas del Mavi. Me contaba sus proyectos, que quería hacer crecer el museo, vender algunos artículos y parte de la colección para tener más plata y transformarlo en una cuestión más grande”, cuenta Duclos.

Mientras se acomodaba a su nuevo puesto, asistía a exposiciones en el museo de reconocidos artistas nacionales. Catalina Bauer, artista visual, expuso su trabajo en el Mavi el 2011, con Garay al frente. Dice que nunca tuvo contacto con él, que lo artístico lo veía otra persona. “Yo sabía que Garay no estaba ligado al arte, no sabía mucho según lo que me comentaron y que en lo artístico era asesorado por la curadora”.

El ingeniero comercial estuvo en la dirección por varios meses, sin influir gravitantemente en el destino de su nuevo desafío. El museo de Artes Visuales no accedió a dar ningún tipo de declaración sobre su periodo, ni el tiempo exacto que estuvo al mando, ni cómo valoraron su gestión. De hecho, revisando las memorias del museo publicadas en la página, ni siquiera sale mencionado el economista. Lo concreto es que a finales del 2011 la nueva directora del museo era Ana María Yaconi. Juan Manuel Santa Cruz es el único que explica brevemente la salida de Garay: “no consiguió sus expectativas de alcanzar el autofinanciamiento del museo”.

“Tenía varias peleas con él, se sentía atado de brazos y que no lo dejaban hacer nada. Renunció y se dedicó solamente a sus empresas. Bueno, ya sabemos lo que pasó después”, asegura Duclos.

El ingeniero contracultural

Martín Cárcamo, conductor de Bienvenidos de Canal 13, le realizó una entrevista a Rafael Garay a principios de agosto de 2016, cuando el ingeniero comercial aseguraba tener un cáncer terminal. El programa se viralizó en septiembre, días después de que se sospechara que Garay había arrancado de Chile por presunta estafa.

En una de las repeticiones transmitidas por el mismo canal, a Hugo Cárdenas, pintor chileno, le extrañó ver por televisión una de sus pinturas, que representaba el funeral de un frentista, colgadas en la pared principal de la casa de Garay. “Ahí recién caché que los cuadros que meses antes me había comprado Duclos eran para Rafael Garay”, asegura Cárdenas. En noviembre de 2015, Garay llamó a Duclos para hacerle una atractiva propuesta: según él acababa de comprar un departamento en La Dehesa y quería comprar arte.

-Pero, ¿qué quieres específicamente?-, le preguntó Duclos. Garay respondió que viera él, que confiaría. “Armé un power point con varias opciones. La temática que más le gustó fue el arte político”, cuenta el artista.

La propuesta fue de 19 cuadros, avaluados en 35 millones de pesos, que incluían como autores al propio Duclos, Paz Errázuriz, Marcela Trujillo, Jorge “Coco” González y Hugo Cárdenas, y que el 14 de marzo pasado serían incautados por la Policía de Investigaciones desde la casa de un amigo de Garay al que le dejó las obras antes de irse de Chile.

“Me dijo que quería agregar otro cuadro de Cárdenas que representaba una protesta. Le gustaban esos relatos y narrativas sociales. Yo creo que tenía una vocación por lo social sincera. Su pensamiento político podía corresponder a cierto resentimiento con las autoridades con las que tenía que trabajar y a su mismo círculo de empresarios”, complementa Duclos.

El artista recibió el dinero con cheques a nombre de Rafael Garay. Luego le pagó al resto. Duclos visitó la casa del ingeniero comercial para asesorarlo en la distribución de los cuadros. Ambos acordaron que en el living dejarían el arte político, y que las dos obras de Cárdenas, la marcha y el funeral del frentista, posarían como las pinturas más importantes.

Meses después Duclos se juntó con Garay y le preguntó sobre las obras. Rafael lo miró, y con una leve sonrisa le contó que había invitado a amigos economistas a su casa y que al ver las pinturas se incomodaron.

El artista dice que Garay buscó con el arte impresionar al círculo empresarial donde se movía, optando por una orientación más contracultural. “En el mundo de los empresarios pasa cada vez más que buscan impresionar al resto a través del arte. Él no buscaba sólo decoración, sino una apariencia de poder y de estatus”.