La exposición “Aislados”, en la que el artista chileno Óscar Squella propone una reflexión sobre la deshumanización de la vida moderna a través de islas fantásticas pobladas de gigantescos animales, se inauguró hoy en el Instituto Cervantes de Pekín, con la presencia del autor.

La muestra de 27 obras repite un mismo patrón en casi todos los lienzos: una bella isla flotante, a veces con signos de abandono, tomada por un gran animal, que puede ser desde una lagartija a una rata, un oso panda o un pulpo, y todo ello con una estética de cómic que evoca la amplia formación de Squella como ilustrador.

Las obras, en su mayoría acrílicos pero con alguna inmersión en el diseño digital, “son un reflejo de la nueva sociedad, de las generaciones actuales que estamos aisladas de nuestro entorno y de lo que es realmente valioso e importante”, contó a Efe el autor.

Squella explicó que en esta colección, desarrollada durante los últimos cinco años y que empezó con las pinturas de “animales templo” que adornan el comienzo de la muestra, se alejó un poco de una de sus grandes pasiones como artista, la plasmación del cuerpo humano, ausente de la mayoría de las obras de esta colección.

Dos de los cuadros, sin embargo, suponen una destacada excepción: se trata de “Desconexión” y “Perdiendo empatía”, en las que aparecen dos niñas en sendas islas flotantes, encerradas en una cápsula de cristal y absortas ante un ordenador o un teléfono móvil.

“La modelo de estos dos cuadros es mi hija, la idea era hacerlo muy gráfico y claro para comunicarme y ser más cercano”, explicó Squella, quien abundó en la cuestión del aislamiento social para asegurar que su obra no es pesimista.

“No quiero hacer un drama de esto, sino mostrar el lado bello, defender que tenemos que ser mas empáticos”, afirmó el artista latinoamericano.

El lenguaje diáfano y directo de Squella en las obras alcanza su máxima expresión con “Deforestación”, una obra especialmente creada para la muestra pequinesa y en la que un gallo emerge entre el fuego de un incendio forestal, en un guiño nada sutil al calendario tradicional chino (que en 2017 entró en el Año del Gallo de Fuego).

“Cuando lo estaba pintando en Chile hubo un gran incendio que quemaba parte del sur del país, por eso el interés de mostrar fuego, poco habitual en mis obras, y el gallo había que ponerlo para China, así que se unieron las dos cosas”, explicó el creador.

Squella, muy interesado actualmente en llevar su obra al ámbito de la ilustración de literatura infantil, desarrollará también en Pekín una clase de dibujo con niños chinos en el Cervantes.