En su habitual columna de los domingos en El Mercurio, el abogado Carlos Peña, analizó el que algunos llaman “el escándalo de la semana”, entre el ministro de Hacienda y la ministra del Trabajo a propósito de qué se va hacer con el cinco por ciento extra de cotización propuesto para mejorar las pensiones.

Según Peña, este incidente retrata “como si fuera una crónica”, uno de los problemas por los que atraviesa la política en Chile, “sus relaciones con la economía”.

En el texto Peña sostiene que luego que Valdés sostuviera que la ministra Krauss fue imprudente al decir que “ni un peso más para las AFP”, queda planteado un problema no resuelto definido con una pregunta, “¿Será verdad que los miembros del gabinete son pares y no subalternos del ministro Valdés?”

Según el académico “en la falta de respuesta a esta pregunta, o en las respuestas ambiguas, que es casi lo mismo, radica el problema que experimenta la política en Chile”.

Para responder este cuestionamiento, Peña asegura que “hasta hace algún tiempo, el ministro de Hacienda poseía un predominio incontrarrestable en el gabinete. Ello derivaba no de la personalidad de quien ejercía el cargo, sino de una convicción muda que atravesó la cultura política en Chile desde que se recuperó la democracia. Esa convicción consistía en que el saber económico representaba el principio de realidad al que cualquier demanda o propuesta debía someterse”.

A pesar de lo anterior, sostiene Peña siempre en El Mercurio, “de un tiempo a esta parte, la cultura política en Chile ha estado influida por la convicción de que la vida en común, lo que es posible y lo que no, depende ante todo de la voluntad, de la decisión de hacerlo, del combustible del deseo y de la capacidad de exhibirlo o de movilizarlo en las calles”.

Convicción que de acuerdo al rector de la UDP, “es, hasta cierto punto, una reacción frente al predominio de la técnica, y de los técnicos, que fue tan marcada durante los gobiernos de la Concertación”.

Este incidente, insiste Peña, “es el síntoma por el que asoma esa tensión soterrada, y no del todo resuelta, en la élite de la Nueva Mayoría, acerca del lugar que cabe en las tareas gubernamentales al saber de la técnica y en especial al saber económico”.

Nuevamente el jurista entra con una pregunta al señalar que “¿Es la economía una esclava de las preferencias de la política o, en cambio, un vigía que controla sus excesos?”

Para tratar de tirar líneas sobre esto Peña señala que “el problema de la política hoy en Chile -y será con toda seguridad el problema que habrá que resolver en los años que vienen- es que hasta ese mínimo que señalaron Keynes o Robbins se está poniendo difícil. Al parecer no hay acuerdo ni en cuestiones de economía positiva, como lo mostró la reciente disputa epistolar que mantuvieron algunos economistas, ni en cuestiones de política; ni en fines, ni en medios”.

Según el diagnóstico de Peña “cuando eso ocurre es que la política lo ha invadido todo. Y ese es el problema, porque la política entregada a sí misma es casi pura imaginación, siempre arriesga el peligro de cortar amarras con la realidad. Por algo Santa Teresa llamaba a la imaginación la loca de la casa”.