No sorprende la nueva descalificación que ha hecho Sebastián Piñera al proceso constituyente, particularmente, a la falta de “contenido” que tendría el proyecto de reforma al capítulo quince presentado hace unos días en la Moneda por la Presidenta Bachelet. Es que el abanderado de buena parte de “Chile Vamos” ha mostrado una falta de sensibilidad en materia constitucional, persistente y contumaz. Hace unos meses presentando un libro en el CEP llegó a decir que su gran “legado constitucional” había sido aprobar la reforma constitucional que permitió asignar un sueldo vitalicio a los ex Presidentes (como si le faltara seguir acumulando dinero).

La actitud de Piñera y su corte contrasta con el creciente interés que ha manifestado la derecha en materia constitucional, pero también su reciente convicción de que esta es una discusión pertinente en el marco de un sistema político que requiere imperiosamente reconstruir su legitimidad y el vínculo con la ciudadanía. Con el inicio del proceso de “diálogos ciudadanos”, la entrada de la derecha al debate se vio forzada por la participación de varios constitucionalistas del sector en el Consejo de Observadores (COO). Esto llevó primero a que Chile Vamos manifestara ante el propio COO una serie de observaciones al proceso, condicionando su participación al cumplimiento de estas correcciones.

Tomando esto como referencia, finalmente uno de los resultados relevantes de este proceso fue que logró convencer a un grupo de actores que tradicionalmente no promueven dicha participación (y rechazan un cambio constitucional) de intervenir en el proceso y hacerse parte de los debates.

Pese a que Chile Vamos dejó en libertad a sus militantes para participar en el proceso de diálogos, surgió un movimiento que pretendió canalizar la participación de los ciudadanos de derecha en el proceso. Este fue el objetivo de “Cabilderos“, con la intención de orientar ciertas definiciones fundamentales como rechazar el cambio total de la actual constitución, promover que la eventual reforma constitucional se hiciera a través del Congreso y no por una Asamblea Constituyente, defender la democracia representativa, el estado Subsidiario y el libre emprendimiento, entre otras definiciones constitucionales.

Por otra parte, Evópoli decidió participar institucionalmente en el proceso promoviendo la realización de más de 100 ELA y participando activamente en los cabildos provinciales y regionales.3 Producto de este debate, Chile Vamos elaboró una propuesta de reforma constitucional que se tradujo en más de 80 iniciativas de reforma a la actual constitución, convirtiéndose en la primera iniciativa de este tipo que surge de la derecha por reformar sistemáticamente la Constitución de 1980.

Todo este proceso, donde parte de la derecha se sumó de forma entusiasta y activa al debate, contrasta de manera inexplicable con la negativa de Piñera y su equipo de hacerse parte de este debate, más aún al calor de este proceso electoral. ¿Qué sentido tiene que sea hoy parte de esa misma derecha la que se niegue a discutir tópicos que están en el centro de sus preocupaciones? propiedad, educación, privacidad, medioambiente, entre otros temas. En efecto, al margen de los reparos que se pueda hacer al proyecto de reforma al capítulo XV de la Constitución que ha impulsado el gobierno, nos parece de una “miopía” absoluta no reconocer la oportunidad que este significa esta iniciativa para la política y los políticos.

Articular un gran acuerdo constitucional en el Congreso, que de garantías a todos los sectores para ser representados adecuadamente en una Convención constituyente, conforma una manera concreta de reconciliar a la ciudadanía con la clase política. Supone un Congreso que se posiciona nuevamente como el gran articulador de las demandas sociales y que reconcilia con su tradición y con la historia.

Piñera, durante su primer gobierno, tuvo esta oportunidad y parece que le queda cómodo seguir siendo el administrador de la constitución de la dictadura.

*Voceros de la candidatura de Ricardo Lagos.