Antes de triunfar en el escenario de la Quinta Vergara, grabar una canción con Juanes, recibir piropos musicales del colombiano, confirmar su asistencia en un festival junto a bandas como The Who y Metallica, y tantos otros hitos que encumbran a Mon Laferte hasta una posición privilegiada dentro de la escena nacional e internacional, la artista debió sortear una serie eventos que pusieron a prueba su personalidad y su decisión por cumplir el sueño que siempre tuvo: ser cantante con un sello propio y distintivo.

En un reportaje publicado por la revista Sábado, donde se recogen detalles hasta entonces ignorados de su vida, se muestra cómo Mon Laferte logró forjar un carácter clave para cultivar su carrera y elementos imprescindibles para comprender el éxito que ha tenido.

Adolescencia: música, rebeldía y dolor

Una de las primeras veces que Monserrat subió a un escenario fue en 1996, cuando tenía 13 años y cantó, entre otros temas, “Papi deja de fumar” de Nubeluz. El episodio se enmarcó dentro de un evento organizado para la campaña municipal de Rodrigo González.

Entre los espectadores de ese show, estuvo una pareja que se dedicaba a cantar boleros en la población Gómez Carreño: María Teresa Airam y Luis Alberto Martínez. “Tenía dulzura, pero también harta personalidad. Se notaba que era ambiciosa en el escenario”, dice Airam.

Tras la presentación, la pareja de cantantes no dudó en sumar a Monserrat a sus recorridos por los cerros de la ciudad, y así, arriba de un Lada y entre escenarios, lograron conocer una faceta que siempre marcó a la artista: “Estaba como carente de cariño, de afecto. Era medio tirante la relación con la mamá, pero tenía una relación bonita con su abuela. Me acuerdo de que le gustaba que la presentáramos como Norma, que era el nombre de la abuela, porque no le gustaba su nombre es ese tiempo”, recuerda María Teresa Airam.

Es por esto que uno de los aspectos que más subraya la publicación, es el familiar: “Monserrat Bustamante vivía con su madre, Myriam Laferte, y con su hermana menor, Solange. Su padre, el pintor Francisco Bustamante, dejó el hogar cuando ella tenía 6 años. Eso, contaría Monserrat años más tarde, cambió la dinámica de la casa: tuvo que salir a cantar por plata y eso significó que a pesar de haber crecido en un lugar donde lo que sonaba era Janis Joplin, no tuvo otra opción que partir con las cosas que estaban de moda y sonando en las radios (…)”.

Luego de sus presentaciones junto a la pareja de cantantes, empezó a probar suerte entre los bares de la ciudad. Sus preferidos, asegura el reportaje, eran el Gato Luna de calle Arlegui y el Club Giacomo, ubicado en Villanelo. El dueño de este local, ya desaparecido, recuerda que Monserrat “no cobraba. Ni siquiera tenía tarifa”. De esta manera, a sus 15 años, solía aceptar “un plato de comida y una bebida como pago por cada show”.

Debido a sus shows dejó de lado el colegio y debió sacar los últimos tres años de enseñanza media en un establecimiento nocturno para adultos. Según consigna el medio, en una entrevista con Las Últimas Noticias (2004), recordó este tema de la siguiente manera: “Me echaron tres veces del mismo colegio. La primera vez fue porque hacía mucho la cimarra. Me pillaron y me echaron. Pero como era un colegio de puros casos perdidos, me aceptaron de nuevo. Pero de nuevo me porté mal. Llegaba toda pintada cuando no se podía, y fumaba en el baño. Me echaron por segunda vez. Encima repetí. Pero me perdonaron de nuevo y volví. A la tercera iba por las mismas y me dijeron que tenía que terminar la enseñanza media en otra parte”.

Otra prueba de la actitud que tenía y de la independencia que deseaba, fue el viaje que realizó en bus hacia Antofagasta a los 16 años. Respecto a esto, Sábado relata que “una década después de que su padre se fuera, Monserrat salió sola de su casa”. Llegó a la ciudad del norte y empezó a tocar cerca del Mercado Central.

Carlos Pacheco, un payaso callejero que conoció a Bustamante desde su adolescencia, contó a la revista que “en un minuto de ese viaje, se detuvo en La Serena porque sabía que ahí vivía su padre. Y se reencontraron”.

“Cuando volvió, Monserrat se fue a vivir con su abuela Norma: una mujer que había cantado boleros y que le aconsejaba sobre cómo pararse en un escenario. Ella fue quien realmente la crió. El problema era que Myriam Laferte no quería que su hija persiguiera una carrera artística. Esas fracturas familiares y una enfermedad que tuvo a su abuela internada en el hospital golpearon el ánimo de Monserrat. En varias entrevistas contó que en ese tiempo dejó de comer porque ya no sentía hambre”, asegura la revista.

Su paso por Rojo

Luego de un breve paso por UCV, Monserrat Bustamante llegó al casting del programa Rojo, de TVN, a fines del 2002. Cantó “New York New York” de Frank Sinatra y por consejos previos, contó todos los dramas que hasta entonces había sufrido.

El productor musical de esos años del canal, Jaime Román, admite que ella reunía los aspectos que buscaba el espacio televisivo: una buena voz y además, una historia por contar. “Desgraciadamente, muchas veces el terror, el drama, la pena y el escándalo son el alimento de los grandes artistas”, reconoce.

Una vez dentro, se encontró con otro escollo que superar: el estilo musical que proyectaba. A medida que iba avanzando el programa, Monserrat adquirió un matiz similar al de cantantes como Myriam Hernández y la mexicana Thalía. Lejos de sus pretensiones.

“La Monse no estaba ni ahí con ser la nueva Thalía. Muscialmente sus tendencias eran otras. Es frustrante cuando te perfilan para ser algo que no quieres”, dice su amigo Juan David Rodríguez.

Otra de sus amistades de la época, Marcelo García, coincide con esta visión y aporta: “La Monchi vivía sufriendo, porque muchas veces ella consideraba que le estaban cortando las alas. Que le pedían una metamorfosis que no iba con ella. Las canciones rockeras que llegaba cantando con su guitarra antes de los ensayos no tenían nada que ver con las que cantaba en el programa”.

El productor Jaime Román asegura que el cambio que ella quería hacer no era viable para el programa. “No era el programa para hacerlo. Piensa que el 95 por ciento de la música que se escuchaba en Rojo, y que se elegía para sus artistas, correspondía al segmento masivo de la radio, que es la música romántica tradicional. Esa fue la razón por la cual no se le dio el pase para hacer un proyecto súper riesgoso para ella y para el programa. Eso le provocó una especie de frustración y tuvo un cierto enojo conmigo. Supongo que pensó que yo me negué”, argumenta.

Durante el año 2013, Monserrat dio una entrevista en La Red en la que habló del productor: “Nunca pude hacer lo que quería. Mil veces le llevé mis canciones y me decía que no”.

Tras meditarlo junto a su pareja del momento, el cantante Roberto Olea, Monserrat Bustamante decidió dejar Rojo. La directora del programa, Mariana Krumm, señala que “en un momento, ella fue conmigo a hablar a la oficina y me dijo que se quería ir a México y que qué pensaba yo. La verdad es que por distintos motivos, lo mejor era que se fuera. En ese tiempo era súper conocida en Chile. Tenía disco de oro, de platino, había estado en la película. Dentro de ese formato había tocado techo en Chile y no estaba conforme. Me dijo que no se sentía cómoda, que tenía problemas personales”.

Su despedida del país fue en junio del 2007, en el Caupolicán. Luego viajó al país norteamericano y forjó una carrera que actualmente rinde los frutos que siempre imaginó para sí misma.

“El caso de la Monse demuestra las fallas que hay en la captación de talento en la industria discográfica chilena. Porque, en el fondo, por tratar de convertirla en ‘La chica de Rojo’, de hacerla calzar con otros moldes, se perdieron a Mon Laferte”, dice su amiga y cantante, Camila Méndez.

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