En medio de un complejo entramado de intereses de las potencias internacionales y facciones enfrascadas en la Revolución Mexicana, un telegrama interceptado habría de definir el rumbo de la Primera Guerra Mundial y a la vez evitar una catástrofe en México, de acuerdo con el historiador Ilán Semo.

“En 1914, cuando se inicia la Primera Guerra Mundial, México se encuentra en el momento más álgido de su Revolución. Eso significa que el país se encuentra sin presidente, no tiene gobierno”, refirió Semo, académico del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana, en entrevista con Efe.

En esa época, señaló, había en México diversos ejércitos revolucionarios “que se van a disputar en los siguientes años la hegemonía, la construcción del nuevo régimen” en el país.

Las potencias a su vez “van a tratar de influir en cada uno de ellos para fijar el curso de la Revolución, en medio de la Primera Guerra Mundial”, sostuvo.

“Francisco Villa es apoyado por EE.UU., Venustiano Carranza empieza a establecer negociaciones con Alemania, Álvaro Obregón no es todavía un personaje muy destacado, y Emiliano Zapata no está interesado en alianzas internacionales”, dijo el especialista en historiografía del siglo XX.

Según Semo, el frente constitucionalista, encabezado por Carranza, infligió una serie de derrotas militares a los partidarios de Villa, quien para recuperar fuerza atacó la ciudad estadounidense de Columbus en marzo de 1916.

El ataque, que “enfrenta a Villa con los estadounidenses, le sale muy bien. Su prestigio crece, aumenta el número de sus hombres, su rating nacional se va para arriba”, expuso.

Ello dejó a los estadounidenses con un dilema: “Están enfrentados con Villa y los que van avanzando como probables triunfadores del conflicto, los carrancistas, son una fuerza en la cual no confían. EE.UU. no tiene en México en quien fincar sus intereses claramente”.

En Europa, en tanto, Alemania enfrenta la división de sus fuerzas en el marco de la Primera Guerra. Una parte de su ejército está en el frente ruso y otra en el occidental.

“Si los alemanes quieren ganar la guerra, tienen que unificar sus fuerzas, y para ello necesitan paz con Rusia. Para obtenerla tocan la puerta ni más ni menos que de Vladimir Ilich Lenin, al que apoyan para que su intervención en la Revolución Rusa sea más acentuada y derroquen al zar (Nicolás II), que no quiere darles a los alemanes una paz en la que estos saldrían ganando”, explicó el experto.

Para resolver su problema, agregó, Alemania elaboró una estrategia consistente en provocar un conflicto entre México y EE.UU. para “amarrar” a los estadounidenses en su lado del Atlántico, de tal forma que “los alemanes tengan tiempo de firmar la paz con Rusia y consolidar su frente occidental”.

“Los alemanes saben que si los estadounidenses envían tropas a Europa pueden perder la guerra, como finalmente sucedió”, sostuvo.

Tal estrategia estaba basada en establecer nexos directos con Carranza, quien les abrió la puerta y recibió financiamiento y apoyo de los alemanes, sostuvo el historiador.

“Todo eso apuntaba a que hacia 1917, los alemanes iban a coordinar un ataque de submarinos contra los barcos estadounidenses que cruzaban el Atlántico, y simultáneamente la idea era que Carranza atacara a EE.UU., igual que en Columbus solo que en una acción mucho mayor”, agregó.

A cambio, si los alemanes ganaban la Primera Guerra Mundial le devolverían a México los territorios que EE.UU. le había quitado tras la intervención de 1846-1848, que supuso para la nación latinoamericana la pérdida de más de la mitad de su superficie.

El plan estaba contenido en un telegrama codificado que el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Arthur Zimmermann, envió a su embajador en México en enero de 1917 para que lo hiciera llegar al gobierno revolucionario de Carranza, al que invitaba a “hacer juntos la guerra, hacer juntos la paz”.

“Ese telegrama fue interceptado por el espionaje británico y transmitido a Estados Unidos”, narró el catedrático.

El mensaje de Zimmermann fue “fundamental para el resultado del conflicto” con la derrota alemana el 11 de noviembre de 1918. “Es el argumento oficial que usó (el presidente estadounidense Woodrow Wilson el 2 de abril de 1917) en el Congreso para declarar la guerra” a Alemania.

Por su parte, Carranza consideró seriamente la propuesta alemana, pero “una vez descubierto el telegrama ya no había nada que hacer”.

Respecto a cuáles hubieran sido las consecuencias para México de haber aceptado la alianza con Alemania, el experto fue enfático: “Hubiéramos tenido acá medio millón de muertos, un millón de muertos, yo creo”.

“Es un México que está en armas. El gobierno de Carranza está muy débilmente consolidado. Apenas se está configurando el nuevo régimen. Hubiera sido una catástrofe”, remarcó.