Sólo en la imaginación del artista estadounidense Landon Meier Donald Trump y Kim Jong-un bailan animadamente una canción de Bruno Mars. En la vida real no se pueden ver. De hecho, por estos días, han tenido al mundo con el culo apretado a raíz de un virulento intercambio de mensajes entre ambos gobiernos en los que han prometido agarrarse a misilazos. Guerra termonuclear le dicen.

El último episodio de esta creciente tensión entre ambas naciones, recoge este jueves una publicación de RT, es reciente y ya se habla de calificativos apocalípticos.

“En caso de que lancemos un superpoderoso ataque preventivo, este inmediatamente y por completo borrará no solo las fuerzas de invasión de los imperialistas de EE.UU. en Corea del Sur y en zonas aledañas, sino que también reducirá el territorio continental estadounidense a cenizas”, es la advertencia que se lee en el periódico oficial del gobernante Partido de los Trabajadores de Corea del Norte.

El medio ruso cita que esta suerte de ultimátum de Pionyang llega después de que el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, afirmara que su país “está revisando el estatus de Corea del Norte tanto en lo que se refiere a la lista de países patrocinadores del terrorismo como a otras vías”.

A estas palabras se suman las proferidas por el vicepresidente Mike Pence, quien, de gira por Asia, amenazó con que la “era de la paciencia estratégica” respecto de Kim jong-un ha llegado a su fin.

La semana pasada el mismo Pence había advertido a Norcorea que mejor no debía poner a prueba la paciencia de Trump. Que le iría mal. Como respuesta, el embajador adjunto del país asiático en la ONU, Kim In Ryong, le espetó: “Si EE.UU. se atreve a optar por una acción militar (…), la República Popular Democrática de Corea (RPDC) está lista para reaccionar a cualquier tipo de guerra que desee EE.UU.”.

“La RPDC se mantiene imperturbable”, dijo además.

“Estados Unidos está perturbando la paz y estabilidad globales e insistiendo en una lógica de gángster”, agregó asimismo el diplomático.