Desde su fundación, El Mercurio, el tradicional diario de la familia Edwards, representó los intereses de la élite y la derecha chilena. En 1970, el ascenso de Salvador Allende al poder, significaba una amenaza real a las clases privilegiadas. En ese contexto, Agustín Edwards Eastman, a través de su diario El Mercurio, se convirtió en figura clave de la oposición a la Unidad Popular y lideraron la campaña anticomunista que vivió el país, auspiciada por Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría.

El quinto miembro de la dinastía Edwards era un férreo opositor a la ideología marxista y encabezó las gestiones con Estados Unidos para evitar que Salvador Allende ganara la elección. Luego trató de evitar que fuera ratificado por el Congreso. Más tarde, El Mercurio lanzó una dura ofensiva para desestabilizar el gobierno de la UP y fomentar el Golpe de Estado.

En febrero de 1970, la editorial de El Mercurio, decía: “El abanderado de la UP tiene justo título para atacar a El Mercurio porque este diario estorba a sus ambiciones de escalar al poder desde hace casi un cuarto de siglo y mas de una vez puso en evidencia su identidad de adelantado de la dictadura comunista”.

Según relata la biografía de Agustín Edwards, realizada por el periodista Víctor Herrero, previo a las elecciones de 1970, Edwards a través de sus contactos e influencia, realizó gestiones personalmente en Estados Unidos para tratar de convencer al gobierno de Richard Nixon de apoyar a Jorge Alessandri, el candidato de la derecha. Edwards estaba seguro de que esa era la única forma de evitar la victoria de Allende en las urnas, pero el presidente de Estados Unidos había trazado otro camino.

En abril de 1969, en una reunión encabezada por Henry Kissinger, se había tomado la decisión de destinar los esfuerzos y recursos de Estados Unidos a la campaña anticomunista, en lugar de apoyar al candidato de la derecha. En marzo de 1970, la estrategia fue ratificada por el Consejo de Seguridad Nacional, que definió enfocarse en operaciones de sabotaje a la candidatura de Allende.

Sin embargo Edwards, y también la CIA, pensaban que era una decisión equivocada. El mismo mes que fue confirmado el plan, el dueño de El Mercurio viajó a Estados Unidos y utilizó sus contactos para convencer a Washington de modificar la decisión. Restaban seis meses para las elecciones.

Cuando Edwards llegó a Estados Unidos, se reunió con su amigo, el multimillonario David Rockefeller. En el encuentro le describió la situación política en Chile y se quejó por la falta de acción de la Casa Blanca. Rockeffeler recuerda el episodio en sus memorias. “Me dijo que si Allende ganaba, Chile se convertiría en otra Cuba, en un satélite de la Unión Soviética. Insistió en que Estados Unidos debía impedir la elección de Allende, su preocupación era tan intensa que lo puse en contacto con Kissinger”.

“La información que trascendió al darse a conocer los papeles de departamento de Estado, de la CIA y las agencias norteamericanas es que Agustín Edwards se entrevistó con Henry Kissinger, asesor de seguridad de Nixon, para plantearle la necesidad de destinar fondos para evitar que Allende fuese presidente de Chile. Incluso esos fondos fueron utilizados en el momento del asesinato del excomandante en jefe, General René Schneider”, dice el sociólogo y exmilitante comunista, Tomás Moulian.

Pocos días después de la reunión entre Kissinger y Edwards, el 25 de marzo de 1970, el asesor de Nixon aprobó 125 mil dolares adicionales para una campaña de propaganda contra Allende. En las semanas y meses siguientes, a través de la CIA principalmente, se aumentó de manera considerable los fondos destinados a Chile. Al mes de junio de 1970, Washington puso a disposición 300 mil dólares para operaciones anticomunista en Chile. Edwards también gestionó fondos privados con empresas estadounidenses que tenían intereses en Chile.

Para cumplir con las ordenes de Kissinger y Nixon, en Chile se desarrollaba una violenta campaña electoral anticomunista. Fue una operación que contó con financiamiento de la CIA y de la que se hizo parte El Mercurio y otros medios de derecha.

En el diario de Agustín se publicaban anuncios como estos:”¿Usted se imaginó alguna vez tanques soviéticos frente a La Moneda?. Bueno en Checoslovaquia tampoco lo imaginaban, pero tanques soviéticos llegaron a aplastar todas las libertades” o este otro “Mujer chilena: ¿aceptaría que sus hijos tengan una metralleta en un lugar de un silabario? Eso pasara si triunfa el comunismo”.

Detrás de esa campaña, estaba la agencia publicitaria Andalién, cuyo director era el exoficial de la Armada, Salvador Fernández. Según la investigación de Herreros, en 1981, el exagente de la CIA, Ralph MgGehee aseguró que la agencia era una fachada de la CIA, como parte de sus esfuerzos propagandísticos en Chile.

A solo dos meses de la elección, el grupo El Mercurio también utilizó técnicas de desinformación, típicas de la CIA. En julio del 1970, se difundió en la radio Corporación de Edwards, una nota de la agencia de noticias italiana, ANSA, sobre una supuesta encuesta realizada por European Institute System (EIS), una organización oficial del mercado común europeo, que daba por ganador de las elecciones a Alessandri. Al día siguiente, El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias, informaron sobre los resultados favorables a Alessandri. Era un tongo. En realidad, dicha encuesta nunca existió, ni tampoco la supuesta organización EIS.

El escándalo por la noticia falsa y la ofensiva comunicacional contra los comunistas fue de tal magnitud, que el Congreso chileno decidió crear una una comisión investigadora para esclarecer quien estaba detrás de la campaña del terror.

Como era de esperarse, el primer medio en atacar la iniciativa fue El Mercurio. En su editorial, escribieron, “la Constitución da atribuciones a la Cámara de Diputados para fiscalizar los actos del gobierno. Ningún poder tiene entonces para constituirse en fiscal de los actos de los particulares”.

En la comisión, encabezada por Bernardo Leighton, se reveló que la agencia Andalién recibía financiamiento de las empresas de Agustín Edwards y el supuesto cable de la agencia italiana, fue redactado por un periodista de la radio Corporación.

El día anterior a las elecciones presidenciales, el jueves 3 de septiembre, Edwards inseguro de los resultados, embarcó a su familia fuera del país y dejó amplios poderes a sus colaboradores más estrechos. Él tenía planeado irse uno días después del país.

El 14 de septiembre de 1970, ya autoexiliado en Estados Unidos, Edwards se volvió a reunir con Henry Kissinger, donde alarmado le informó sobre la situación de Chile. Ambos estuvieron de acuerdo en que debían hacer algo para impedir que Allende fuera ratificado por el Congreso. Primero, trataron con una salida constitucional, sondearon entre los parlamentarios la opción de confirmar a Alessadri en el cargo. En la segunda etapa evaluaron una intervención militar. Ninguna de la dos cosas dio resultado y el expresidente, Salvador Allende llegó a La Moneda el 4 de noviembre.

Edwards Eastman temía perder sus empresas y el Mercurio pasaba por un difícil momento económico.
En 1971, el gobierno de Estados Unidos inyectó 700 mil dólares al principal diario de la oposición a Allende y luego aportaron 300 mil dolares, todos fondos encubiertos. Al mismo tiempo, persuadieron al First Nacional City Bank, el principal acreedor de El Mercurio, de darle una respiro. A cambio, El Mercurio apoyaba la campaña anticomunista, organizada por la CIA y levantaba el tema de la libertad de prensa.

Ese mismo año, Fidel Castro visitó Chile, El Mercurio le dio amplia Cobertura y aseguró que era una prueba clara que el comunismo había legado a Chile para quedarse. Cinco meses después, el gobierno de Estados Unidos le inyectó otro millón de dólares.

Desde el 1972, el diario de Agustín reforzó su campaña contra Allende, “publicado casi a diario editoriales criticando al gobierno, guiando y actuando como un punto de encuentro de la oposición”, según un informe de la CIA.

A partir del 1973, El Mercurio dio amplia publicidad a en sus paginas a las declaraciones de los opositores más radicalizados.

Al respecto, Tomás Moulian recuerda, “durante todo el gobierno de Salvador Allende, El Mercurio estuvo en una constante campaña destinada a fortalecer a la oposición política y ayudar a crear las condiciones que hicieron posible el Golpe de Estado de 1973”.

“Era muy notorio que su cobertura estaba destinada a debilitar el gobierno de Allende y darle la palabra a militantes de partidos de ultraderecha, como la gente de Patria y Libertad, que desde temprano empezaron a fomentar una intervención militar y llamaban a los militares a tomar el poder. Desde los años 30 en adelante, El Mercurio siempre fue un furioso anticomunista”, agrega el sociólogo y premio nacional de Humanidades.

Fred Landis, asesor de la Comisión Church, en un estudio publicado en 1982, afirma que durante el mandato de Allende, “El Mercurio utilizó en sus portadas técnicas de propaganda ideadas por los aliados occidentales durante la Segunda Guerra Mundial, que después la CIA y el Pentágono afinaron en diversos manuales de guerra psicológica. El Mercurio rara vez publicó una foto de Allende en su primera página, pero cuando lo hacía era siempre junto a titulares de otros artículos que hablaban de tanques soviéticos, marxismo internacional, caos económico, inseguridad social o una noticia relacionada con muerte”.

La colaboración de El Mercurio para combatir al gobierno de Allende fue reconocida por la CIA: “El Mercurio desempeñó un rol muy importante en crear las condiciones para el golpe militar”, decía un memorándum de la CIA posterior al 11 septiembre de 1973.

Además, relata Herreros, según un informe del Senado estadounidense, desde 1965 ese periodo, la CIA tenía varios agentes en las redacciones de El Mercurio.

En 1975, René Silva Espejo, el director de El Mercurio desde 1963 a 1978, escribió un furibundo prólogo en el libro “El Mercurio y su lucha con el marxismo”, donde califica al Partido Comunista de “secta staliniana”, al Golpe de Estado como revolución nacional y a Salvador Allende como un ególatra, enemigo de la nación.

Entre sus aireadas reflexiones, Silva dice sobre el exmandatario “el desaparecido político se mantuvo durante toda su carrera en permanente ataque contra “El Mercurio’ y éste, a su vez, se convirtió en una barrera periodística para sus aspiraciones de entregar al país a la dictadura del marxismo”.

En cuanto a la misión de El Mercurio durante esos años, su director afirmó:”La inflexible campaña del diario para denunciar los peligros que corría el sistema de libertades en nuestro país por la ambición sin escrúpulos de un político y la falsía de muchos otros que se fingían servidores de la democracia”.

“Uno de los procedimientos que usó en forma reiterada el exPresidente Allende para menoscabar las campañas de ‘El Mercurio’ en contra del marxismo, fue acusar al diario de proceder bajo inspiraciones foráneas”. Esto en alusión a la influencia de Estados Unidos en el diario. De hecho, Allende solía llamarlo “el diario norteamericano escrito en castellano”. Silva, por supuesto, negó cualquier influencia foránea.

Su reflexión al cierre del prologo fue: “La jornadas que culminaron con un cambio de régimen en el país dejan una lección objetiva: la prensa puede salvar a un país de cualquier peligro
en la medida que permanezca vigilante, que refleje toda la realidad y permita, con sus opiniones, mantener el rumbo que mejor satisfaga las verdaderas aspiraciones de la mayoría ciudadana. Una prensa sin visión o sin voz es como un centinela incapaz de dar la alarma a tiempo, concluye el hombre de confianza de Agustín Edwards.

Sin embargo, luego alentar el quiebre institucional, desde el 11 septiembre de 1973 en adelante, el Mercurio apoyó decididamente la dictadura y participó en varios montajes, para encubrir el terrorismo de Estado, como la Operación Colombo, el caso de Marta Ugarte y el titular de La Segunda, “Exterminados como ratones”.

En el año 2000, para el bicentenario de El Mercurio, la periodista Rafael Correa entrevistó a su jefe, Agustín Edwards. Correa le preguntó sobre el silencio de El Mercurio en las violaciones a los derechos humanos.

“El apasionamiento político de la época hizo que la violencia de los primeros meses del Gobierno fuera considerada por muchos, no sólo por el diario, como una consecuencia dolorosa, pero ineludible en el estado de enfrentamiento que reinaba en el país. Las cosas hay que juzgarlas en su contexto”, respondió.

Y después agregó: “No fue por temor ni por presiones que publicáramos poco de lo que ahora sabemos, sino porque no teníamos información seria sobre las acusaciones que en ese tiempo circulaban como rumores imposibles de confirmar”.