“Extraterrestres en #Portezuelo: El OVNI que fundó el pueblo”.

Así se titula un extraño relato realizado por el habitual columnista de este medio, Manuel Cartes, en el que relata el día en que un huaso de Portezuelo -raja de curao- le contó la historia sobre la fundación del pueblo, que dice relación con la visita de extraterrestres y los 9 mandamientos o reglas que entregaron para que el pueblo viviera de mejor manera y forma más feliz.

A continuación su relato expuesto de forma íntegra y que publicó en su cuenta de Facebook:

“Primero que todo, para poder entender lo que viene a continuación, hay que entender, que la tasa de copete per cápita que hay en Portezuelo, debe ser de las más altas del país.

Una vez, un amigo es su primera visita al pueblo, lo primero que quería era comprar vino. Le preguntó a una señora que estaba en la Plaza, dónde vendían vino, y la señora le dijo “mire mijo –apuntando con el brazo extendido– en esa casa de allá, ¿la ve? En esa casa, NO venden vino. Donde pregunte hay”.

Ubicado a unos 30 kilómetros al oeste de Chillán, se encuentra, escondido entre cerros y viñas, Portezuelo. Hoy, conocido trágicamente a nivel nacional debido a los incendios estivales que afectaron a gran parte del sur de nuestro país, otrora un pueblo que sonaba a quinto infierno, hoy aparece en el mapa mental del chileno. No obstante, aún: desconocido y enigmático.

Para el Santiaguino promedio que lo único que busca en las vacaciones es ir donde haya más gente, Portezuelo es todo lo contrario. Un amigo decía: la “magia del pueblo” –en verano sobre todo– es que “todos desaparecen” (Magia=Desaparecer. Fome la hueá, pero con sentido). De hecho, me ha tocado caminar tipo 3 de la tarde, de extremo a extremo el pueblo, sin toparme con ningún ser vivo. Ni un gato. Nadie. Desconozco la cantidad exacta de personas que viven en Portezuelo, pero deben rondar las 3 mil o 4 mil en total (creo). La comuna, para que se hagan una idea, es del tamaño (casi exacto) de toda la superficie que cierra la circunvalación Américo Vespucio en Santiago, pero el pueblo en sí, hablando del área urbana, no son más de 16 manzanas (sin contar un par de poblaciones periféricas de corte más “moderno”. Y con “moderno” estoy hablando de que tienen menos de 100 años).

Otra característica del pueblo –aparte de lo bueno para el trago que son–, para que puedan entender la historia, es que todo, en cuanto a actividades culturales, tiene que ver con copete. Todo. El lema del pueblo, sin ir más lejos es “Dónde nació el Vino en Chile” (para que “cachen” el nivel). En su escudo de armas ¿qué tiene? ¿Un escudo? ¿Un cañón? ¿Un par de bayonetas cruzadas? ¿Un cóndor? ¿Un huaso? No: un ramo de uvas. O sea, es gente vive principalmente de la uva y sus derivados, y lo que no alcanzan a vender, se lo toman. Pero es por sobre todo gente tranquila, curá’, pero tranquila.

La patrona del pueblo, por otro lado (que no es una Santa alcohólica), es “La Virgen Campesina”. Es la típica Virgen, pero tanto ella como al Jesús que lleva en brazos, van vestidos con chupalla y poncho. Raro, pero a lugar. Esta Virgen, ergo, es un símbolo, que se le celebra cuando corresponde: así que durante el año, se hacen vigilias, misas y tomateras (y no necesariamente en ese orden).

Otras fiestas y actividades, son la de la Vendimia, una que otra trilla (en la fecha que corresponde, obvio), el Carnaval de Verano y finalmente, el Aniversario del Pueblo. Es en este último evento, donde conocí a un huaso que, parafraseando un poco, me dijo: “Le voy a contar un secreto…este pueblo, fue fundado por los OVNIS” (sic).

Tres horas antes que ocurriera esta epifanía, habíamos llegado al lugar donde se llevaban a cabo las celebraciones del Aniversario de la Comuna (Noviembre). Un apartado a las afueras del pueblo donde se disponen en dos hileras, fondas, ramadas y puestos que venden productos de la zona, artilugios artesanales y por supuesto, ¿qué cosa? Sí: copete. Tengo familia en Portezuelo, como ya se habrán imaginado, y llevo yendo –así como en plan de “carrete”– desde el año 1999 o 2000 aproximadamente, entonces, conozco harta gente y amigos, pero a este caballero jamás lo había visto. No tiene nada de paranormal el hecho es si, pero es raro que se te acerque un hueón curao a hablarte de extraterrestres.

Había escuchado de amigos de la zona, con historias de huasos bajando platillos voladores a escopetazos (HUASOS BAJANDO PLATILLOS VOLADORES A ESCOPETAZOS). Lo anterior NO ES NORMAL, estamos claros, pero de ahí a que los extraterrestres funden un pueblo, hay un mundo de diferencia.

Aquella vez –volviendo a la historia–, fui con un amigo de años. Estábamos en el local de unos amigos cuya especialidad son los Terremotos con vino de la zona (“La Pura Pasaá”, se llama el local). No sé cuántos terremotos llevábamos, no eran muchos en todo caso. Habíamos visto varias carreras a la chilena, un par de carreras de perro, cuando decidimos tomar asiento en un fardo de paja del local, y disfrutar de ese ambiente campechano que tanto nos gusta.

Al rato, se nos acerca un huaso (no en forma peyorativa, el hueón venía vestido con chupalla, manta, pantalón, espuelas, etc.). Igual nos habíamos dado cuenta que llevaba un rato mirándonos. Él, conversaba con un par de amigos. Pero había algo raro. Entre ellos y nosotros, –cachen la hueá– había UN HUEÓN DISFRAZADO DE MINIONS y otro (por si no bastase con lo anterior) de milico (lleno de medallas y condecoraciones). Digo esto, porque creo que cuando el huaso se trasladó hasta donde estábamos nosotros, y pasó entre el Minions y el milico, –con todo el vino que de seguro había tomado– inconscientemente, elaboró la historia que estaba por contarnos. Onda su cerebro hizo corto circuito. Hubo una pequeña “singularidad” en su cabeza.

–Amigo –me dijo – ¿le puedo hacer una consulta? –preguntó, tratando de sentarse a mi lado en el fardo de paja.
–Sí, obvio –le respondí, mientras le corrí la paja para que se sentara.
–No tenía para que correrme la paja, amigo –dijo, con una sonrisa afectuosa.
–Pero si no hay problema –le dije– le he corrido la paja a mi amigo todo el día. No hay atado.
En eso pedimos otra ronda de Terremotos, y le ofrecimos uno, pero no quiso. Estaba tomando vino.
–¿Sabe amigo? –dijo, retomando sus intenciones– lo estaba mirando hace rato… ¿por qué cresta usa el pelo largo?
–La verdad, no me lo corto hace como 20 años –por decirle un número – y no sé, como que uno se acostumbra a usarlo así. Es como llevar el pelo corto por harto tiempo. Costumbre, imagino.
–Ahhhh –dijo, mirando al Minions.
Ahí como que se le pegaron las pastillas, y se quedó mirando al vacío callado sin decir nada. Un minuto al menos.
–Oye, hueón, ¿quién es este huaso? –dijo mi amigo– anda como pico.
–No sé, hueón –le dije– mientras no dé jugo, todo bien.
Volvieron a hacer puente las neuronas del huaso, y preguntó:
–¿Usted sabe amigo, quién fundó Portezuelo? –dijo, cruzándose de brazos, abriendo los ojos y bajando el mentón.
–Según tengo entendido esto era una estancia de un caballeo de apellido Durand, que luego fue cediendo los terrenos hasta llegar a lo que es ahora –le respondí, pensando que lo dejaría estupefacto con la respuesta.
–No, no, no, no, no –me dijo agitando ambos brazos y riéndose. Hasta le dio como un ataque de tos con risa. Cuándo se le pasó la tontera, me dijo– está muy equivocado amigo. Esto fue fundado por seres que no son de acá.
–Que, ¿no son de Chile? –se me ocurrió obviamente.
–No, no, no, no, no –dijo, y le dio otro ataque de tos/risa–, le hablo de seres del espacio, de otros planetas.
Ahí, dejé de tomar terremoto, y lo quedé mirando, para saber si se estaba riendo, o tenía algún gesto que me diera a entender que era una broma. Pero no. Estaba serio mirando al Minions, que en ese momento se lo estaban llevando de la mano curao. Así como castigado, o detenido, no sé. Miré a mi amigo, el hueón me miró, dejamos de mirarnos, miramos al huaso, el huaso nos miró, y nos dijo:
–Esto fue fundado por seres que llegaron en un OVNI. Había caseríos, gente y todo acá en la zona. Ellos llegaron a hacer una re-fundición…
–Re-Fundación –le corregí. Y se me vino a la mente que el hueón leía a Asimov.
–Exactamente –dijo, pegándose un sorbo de vino tinto que había pedido recién.
–Pero le estoy hablando de que esto fue hace como 30 años atrás –continuó.
–Ah, ahí sí –le dije. Como si con esa hueá que me dijo la historia cobraba validez inmediata.
Ante me incredulidad, bastante normal dada las circunstancias, le pregunté:
–No es que no le crea –¡hueá que no!– pero, ¿cómo sabe usted todo esto?
–Porque esa noche, yo estaba ahí, pues mijo –dijo, buscando con la mirada dónde se había ido el Minions.
–O sea, ¿usted vio un OVNI?
–Obvio, si la nave aterrizó en la plaza.
(En la plaza po’ hueón).
–¿Y estaba usted solo o con más gente? –le dije.
–Solo, solo. Si me cagué de miedo– dijo, pegándose un pencazo largo para tratar de dejar el recuerdo atrás.
Lo de estar solo en la plaza de noche, es altamente creíble. De noche eso es normal en Portezuelo. Lo raro es que hubiese estado lleno de gente. Eso hubiese sido raro.
–¿Y Carabineros no hizo nada? –le pregunté.
(La hueá que pregunté). Los pacos de Portezuelo no molestan a nadie. Si hubiesen visto algo, el diálogo hubiese sido como:
–Mi Sargento, hay una nave mal estacionada en la plaza.
–¿Están metiendo ruido?
–No.
–¿Entonces? No se haga mala sangre.
Fin del problema.
–No. Estaba yo solo en la plaza. No había ningún carabinero –dijo el huaso, respondiendo a mi pregunta.
–Ah, ok –le dije.
Ahí, a uno le entran dudas hueonas: uno sabe que es altamente probable que sea mentira la historia, pero igual quiere seguir sabiendo detalles. Por último, para saber por cuánto rato puede seguir mintiendo la persona que te cuenta la historia.
–Oiga, y ¿cómo era la nave? –le pregunté.
–La verdad, las luces de la nave eran tan fuertes, que costaba mucho distinguir detalles –haciendo un gesto de visera con la mano derecha, mientras con la otra se pegaba un sorbo de tinto.
–Me imagino.
–No. No se imagina, mijo.
–Ok. No me imagino.
–La nave, eso sí –dijo, balanceando la cabeza de izquierda a derecha, como para tratar de recordar– era casi del porte de la plaza, y redonda.
–¿Redonda como plato o esférica como pelota? –le dije, induciendo la respuesta.
–Era como un tejo de rayuela –dijo.
Me cagó. Me dio paja preguntarle si de los tejos cilíndricos (que son como tubos), o los que son como una tapa de alcantarilla. Así que asumí que eran estos últimos.
–En todo caso, lo de la nave es lo de menos –me dijo, después–, lo increíble fue cuando se bajaron de la nave estos cristianos. Oiga mijo, si parecían gatos pelaos, con cabeza de cordero y sin cola.
Lo que más lo impresiona a uno es que los hueones hayan sido cristianos.
–¿Y cómo fue todo? –le pregunté.
(A esas alturas, ya me daba lo mismo lo que me respondiera)
–Mire mijo, yo venía saliendo de una cantina que está camino al cementerio, ¿la ubica?
–Como la palma de mi mano.
–Me había tomado un par de cañas de vino –dijo– y como era tarde, y estaban por cerrar, decidí irme a mi casa. Yo vivo camino a Buenos Aires, pero como iba medio “puesto”, me pasé y llegué a la plaza. Me detuve un rato, tratando de que se me pasara un rato la curadera, cuando siento que el viento para de soplar, y escucho un zumbido. Un zumbido del cielo. La plaza, no era como está ahora. Era oscura, sin tanto foco, pero de repente se iluminó en el centro una luz fuerte. Era como de día. Y ahí miré al cielo, y vi la nave que venía bajando. Y como venía bajando despacio, me senté en una de las bancas que estaban afuera de la Muni.
(¡Se sentó po’ hueón!).

“Quedé esperando harto rato a que bajara –continuó– hasta que se detuvo como a 2 metros de la pileta. Se abrió una puerta, y se bajaron estos cristianos. Eran tres. Y empezaron a medir la plaza con unos instrumentos. Estuvieron harto rato haciendo eso. Y yo mirando. Hasta que me vieron. Caminaron hacia donde yo estaba sentado. Se quedaron mirando y me dijeron clarito, clarito:

–Venimos a darle poderes al pueblo.
Yo no podía hablar. Intentaba, pero no podía. Levantaron sus bracitos al cielo y empezaron a darme una serie de indicaciones de lo que había que hacer. Eso era lo que yo después tenía que decirle a la gente para que todos en el pueblo viviéramos mucho mejor y felices.”

En ese momento el huaso se paró, y fue a pedir un terremoto. Obviamente a esas alturas, estábamos más que metidos en la historia, y prácticamente necesitábamos saber cuáles fueron las indicaciones que le dieron a posteridad. Aunque fuesen mentira, queríamos saberlas.

Vuelve, y luego de tomar un sorbo y decirnos “está como diablo este terremoto”, nos contó lo que le dijeron los extraterrestres. Fueron 9 indicaciones (o revelaciones, más bien) que luego de la transliteración de algunos conceptos, y asegurarme de que ciertos lugares geográficos, eran los mismos que yo pensaba que eran, quedaron estipulados así:

1. Si uno bebe el agua de la plaza de la pileta, puedes vivir hasta los 150 años.
2. Cada “Noche de San Juan” ellos vienen, aterrizan, toman forma humana y comparten en diferentes casas, sin que la gente sepa. (Igual me dio miedo esa hueá).
3. Iba a haber un gran desastre en el pueblo. (Ha habido un montón de incendios desde esa fecha, pero el huaso no especificó cuál era el tipo de desastre).
4. Si una mujer se embaraza, y no quiere tener el hijo (abortar) debe ir a la “Casa de Piedra” (lugar “turístico” ubicado en Cerro Norte de Portezuelo) y pasar la noche completamente sola. De hecho la “Casa de Piedra”, es un altar que ellos mismos hicieron para comunicarse con nosotros.
5. Al pueblo nunca le faltaría vino. (Dicho y hecho esa hueá).
6. Si una familia tenía 7 hijos, el séptimo, sería mitad humano, mitad “ellos”.
7. Las mujeres del pueblo y los niños, son las únicas del pueblo que ellos “se llevan” y luego “devuelven”, sin que sepan que chucha pasó.
8. Cada cierto tiempo, ellos ponen “seres de luz” en el pueblo, para que nos guíen por el camino del bien.
9. El cura del pueblo, el padre Ricardo Sammon (personaje emblemático, y muy querido), NO ERA HUMANO. Ellos lo pusieron acá para vigilar el pueblo y llevar acabo “la misión”. (Si lo hubiesen conocido, se hubiesen dado cuenta que la hueá era ALTAMENTE probable).

Dicho esto, el huaso se paró, se despidió cordialmente, y se fue. Nunca más lo he vuelto a ver”.