La primera reacción que uno tiene al leer la columna de Claudio Nash, “¿Museo de la Memoria bajo ‘fuego amigo’?”, es de asombro. En ella, él se muestra muy preocupado de que el Coloquio “¿Fue (in)evitable el golpe?” —que tuvo lugar el viernes 21 de abril recién pasado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDH)— constituya un ataque de este Museo hacia sí mismo. Su argumento, presentado bajo la forma retórica de una preocupación por los destinos del MMDH, es que, en el fondo, la pregunta de ese coloquio expresa de modo solapado (llama a no ser ingenuos frente a ella!) la exigencia de contextualización que le ha hecho cierta derecha: si en el 2012 esta derecha, en tanto “fuego enemigo”, atacaba al museo diciendo que, al no mostrar lo ocurrido antes del golpe, él era incompleto, sesgado y no cumplía su labor pedagógica; bueno ahora, con la pregunta de este coloquio, el museo recibía “fuego amigo”.

De pronto un coloquio en el que participan Mariano Ruiz-Esquide, Andrés Pascal Allende, Sergio Bitar y Ricardo Núñez (quienes hablaron como quien firmó la carta de los 13 DC contra el golpe, como ex secretario general del MIR, como ex Ministro de Allende, como ex Presidente del Partido Socialista, respectivamente) aparece, a los ojos de Nash, como equivalente a las cartas y declaraciones de una Magdalena Krebs, un Sergio Villalobos, entre muchos otros que quisieran ver cerrado o completamente transformado al MMDH.

De pronto, los participantes de ese coloquio —quienes concuerdan en que “las responsabilidades de la implantación de la dictadura, los crímenes cometidos por agentes del Estado, la violación de los derechos humanos no son justificables, no son inevitables, y son responsabilidad de quienes los cometieron y justificaron”— son curiosamente puestos, todos ellos, por Nash en un lugar equivalente al de quienes tratan de justificar el golpe y sus “excesos” aludiendo al clima de violencia de la UP, a la guerra civil en ciernes, etc. Para Nash, amigos y enemigos, sin saberlo, todos en fuego abierto contra el MMDH!

Si bien la pregunta de este Coloquio es legítima, dice Nash, el Museo no debiese organizar este tipo de debate; esa pregunta estaría vedada para el MMDH; este no debe auspiciarla, no debe organizar “ese tipo de debates”, “no debe usarse el Museo para relativizar su función reparadora”. Pero Nash llega tarde. La cita anterior (“las responsabilidades de la implantación de la dictadura….”) no es del Coloquio del viernes pasado. Son palabras de Michelle Bachelet: a 40 años del golpe, en 2013, en el propio MMDH, ella abordó y respondió en esos términos la misma pregunta del coloquio que Nash tan rudamente reprueba. Lo justo es que Nash hubiese reaccionado también en ese entonces, pues se trata de la misma pregunta, planteada en el mismo lugar.

Lo justo además es que también llamase “fuego amigo” a todos quienes han abordado esa pregunta desde la izquierda. Se sorprenderá que el economista marxista Paul Sweezy, Slavoj Zizeck, o el historiador Gabriel Salazar, hayan abordado, entre muchos otros (la lista es larga), la pregunta sobre la inevitabilidad del golpe y hayan respondido que, en gran medida, era inevitable; claro que ello por razones muy distintas a las que Nash parece imaginar. También le debiese sorprender que, además de Bachelet, historiadores como Eric Hobsbawm (entre muchos otros intelectuales de izquierda) también abordaron esa pregunta y se inclinasen directamente por la evitabilidad del golpe; también por razones que Nash no parece alcanzar a ver.

Sin aclarar por qué, Nash entiende que esa pregunta es patrimonio de la derecha enemiga del MMDH y que, al plantearla, se vislumbra un “peligroso giro en la política permanente del museo”, de modo que es deber ciudadano el cuidar al museo “de sus propias decisiones”.

El hecho de haber organizado ese coloquio con una “Universidad privada” (escribe Nash tal cual) ya sería aparentemente una decisión errónea, de la que, cabe agregar, habría que “cuidar al MMDH”. Nash no sólo escribe su columna basándose únicamente en la invitación al coloquio (lo confiesa sin reparos); peor aún: parece no haberla siquiera leído. Junto al MMDH, ese coloquio fue organizado por: un proyecto FONDECYT (financiando por el Gobierno de Chile); el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (un FONDAP con base en la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile) y; el Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual (TECSA) de la Universidad Andrés Bello (esta última es la “Universidad privada” aludida).

No es mucho pedir que, antes de escribir su columna, Nash hubiese leído bien el único y muy breve documento en que basa su “preocupación”. Ésta llega al extremo cuando dice: “Lo que uno puede preguntarse… es si un próximo paso no será organizar un Seminario sobre la (in)evitabilidad de las violaciones de derechos humanos”. Si Nash hubiese asistido al coloquio, sabría que éste se abrió planteando que —tal como lo dejara claro, por ejemplo, el historiador Rafaél Gazmuri— la pregunta por la (in)evitabilidad del golpe es categorialmente distinta a aquella por la inevitabilidad de las violaciones de los derechos humanos (simplemente irrepresentable) o de los 17 años de dictadura (simplemente absurda).

Si hubiese leído, si hubiese ido, si hubiese….

* Investigador Fondecyt,
Investigador COES
Director del Programa de Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual (TECSA).