-¡Qué calor hace acá!
-Hace calor en el día y frío en la noche.

-Es que con el techo que tienes, obvio, si es la pura chapa…
-Antes había un cielo que tuve que sacar porque estaba lleno de ratones. Nunca me habían tocado unos así, que prendías la luz y no se movían. Una vez estaba viendo televisión y se me cayó uno por la almohada, otra vez me robaron una Tritón entera. Mi hermano gemelo me mandó una cosa que hacía ruido, pucha los ratones bailaban, después probé con Asesinos, un veneno que traen los bolivianos de contrabando, pucha engordaban. Le dije a una vieja y me dijo, “¡Pero padre, un gato!” ¡Yo era el único idiota que no tenía gato! Me trajeron uno que parecía llavero y pensé que se lo iban a comer, pero desde que llegó nunca más hubo ratones, así es que te juro que le rezo más al gato que a Dios. Acá el gato es un artículo de primera necesidad.

***

-En el último tiempo ha habido una crítica muy fuerte de cómo se hizo la Transición. Tú que fuiste parte de esa generación, ¿eres crítico también?
-Yo estoy de acuerdo como se hizo la Transición. Es verdad que hubo cambios que no se hicieron a tiempo y se cayó en una sopa de ambigüedad, que es muy criticable, pero la Transición fue ejemplar.

-Lo que tú llamas “ambigüedad” es pactar.
-Pero es que hay que tener cuidado. El diálogo y el acuerdo no son malos. El acuerdo es malo cuando se transforma en arreglín.

– Boric, Jackson, el Frente Amplio son críticos a la Transición y como se hizo ese pacto.
-Yo he apoyado a estos cabros, el otro día vino Alberto Mayol para acá, pero los encuentro muy puritanos.

-¿A qué te refieres con puritanos?
-A veces huelo una mentalidad, que teníamos nosotros en la dictadura, que era que si tú no pensabas como yo, eras enemigo. Y una de las cosas que a mí me encantó de la democracia y el arcoíris, es que estaban representados todos. Cuando las marchas de ahora se transforman en algo que da miedo, ese miedo me hace recordar la dictadura y lo que Pinochet decía: los que no piensan como yo son antipatrióticos. Todos cabemos, lo cual no significa que yo renuncie a mis ideales. Pero eso de decir que los que no piensan como yo son ladrones, enemigos o frescos, no poh. Hemos entrado en un lenguaje descalificador y agresivo. Jesús es duro con la falta y acogedor con la persona. Pero nosotros solemos actuar de la otra manera. Una cosa es atacar las ideas y otra destruir a la persona.

-Para algunos, el caso de Javiera Parada de Revolución Democrática que quedó fuera de una candidatura a diputada por manejar con una copas, ejemplifica esto del puritanismo y la superioridad moral.
Me llamó mucho la atención lo que pasó con ella. Apoyo a estos políticos jóvenes que tienen ideales, fuerza y que tratan de ser coherentes, pero veo que hay mucha soberbia. El otro día en un acto en el ex Congreso eché una talla, que no me paraba porque, sin darme cuenta me había puesto un pantalón lleno de manchas y aproveché de decir que ahora si te pillan una manchita, te crucifican. Hay que cuidar cómo se conjuga la consecuencia que implica ser un dirigente político, con un ser humano que comete errores.

-Gesto equivocado.
– El país se construye con todos. A mí me gusta mucho la imagen de la película de Robert Redford, Una Propuesta Indecente.

-¿Viste esa película?
-Sí.

-Se supone que los curas no ven eso…
-¿De dónde sacan eso? Nada que ver. Siento que después de la dictadura éramos como esa pareja de arquitectos de la película, teníamos un ideal, un país que queríamos construir y de pronto llega un tercero y le ofrece a ella una acostadita por un millón de dólares. La pareja al principio no quiere, pero después acepta. Y luego vas reconstruyendo el país, saliendo de la pobreza y llegan estos cabros y te dicen: “Pero se acostaron”. Y empezamos, “pucha es que tú no sabes como era antes, teníamos a Pinochet, el miedo, la pobreza…. “Pero se acostaron”. Y nos da rabia, porque tienen razón.

-Bueno, es verdad, se acostaron, ¿no lo podrían haber hecho de distinta manera me quieres decir?
-Esa es una pregunta para la historia. Y uno dice: “Cabro de mierda, sí me acosté. Está mal. Y ojalá que tú nunca te acuestes en la vida, pero pucha, sí. Lo hice”. Y yo le diría a los cabros. No sigas diciendo que nos acostamos, sino dime cómo puedes tú arreglar esto sin el millón de dólares. Porque los veo que critican, pero son el número uno en el consumo. Si quieres dejar la escoba no vayas a tirar piedras ni te encapuches. Deja de consumir. Frenas el sistema. No gastes tanta energía en nosotros. ¿Y tú? Lo que hicimos como sociedad, unos con más responsabilidad que otros, es que nos hicimos los tontos con muchas cosas, los detenidos desaparecidos, las empresas del Estado privatizadas… Al principio la dictadura usó la represión y luego funcionó la autocensura. Ibas a una comida y no tocabas los temas para no echarle pelos a la sopa, para no ser el amargado y fuimos acostándonos. Y es lo que a mí me pasa con la Iglesia. Es una lata ser siempre el que alega, pero por otro lado pienso que no puedo caer en la autocensura.

FRANKEINTEIN Y LA INSTITUCIONALIDAD

¿Qué te parece la bajada de Lagos?
Me dio mucha pena por la calidad de la persona y porque era el candidato que más lo oía hablar de un proyecto país. Nos farreamos a un estadista. Ganó el cálculo electoral más que apoyar una propuesta. Lo que veo en todos los sectores es qué candidato me beneficia a mí y yo creo que hay que revertir eso: qué privilegio vas compartir, qué sacrificio estás dispuesto a hacer para este proyecto de país. No veo una persona con carisma que proponga un Chile para el siglo XXI que toque los problemas de desigualdad, inclusión, género, modelo de desarrollo, no lo veo no más.

-¿Guillier no representa eso?
-En teoría sí, pero eso tiene que ir acompañado de un proyecto de país, las propuestas, con quiénes va a trabajar.

-¿Te gusta Beatriz Sánchez?
-No sé. Te repito, quiero ver qué propuesta de país hay.

-Pero la propuesta de país de Piñera uno la conoce ¿no?
-Bueno, no la conozco, pero lo que he visto es una propuesta de mercado. Cada uno se rasca con sus propias uñas y el que se rasca más, gana más.

-¿Crees que las reformas están en riesgo si gana Piñera la próxima elección?
-Se pueden diluir, no creo que se puedan retroceder, están muy internalizadas. Uno las puede disminuir o dar énfasis. No da lo mismo quién gobierne.

¿Hay un a actitud un poco mezquina de la Nueva Mayoría de desmarcarse del gobierno? Guillier en una entrevista en el diario español El País responsabiliza al gobierno de Bachelet de un posible triunfo de Piñera.
Claro, y está criticando gente que votó las leyes y que sacó adelante a la Presidenta. Uno intuye que aquí hay espumita, buscando ganar algo y no un ideal, que como todo proyecto puede haber tenido fallas. Pero el proyecto continúa. Las reformas son claves y hay que hacer más. Podemos hablar de las formas, pero si no hay reformas hay revoluciones.

-¿Crees que el crecimiento económico es el modelo que tenemos que seguir impulsando?
-Depende. Porque si el crecimiento es una bicicleta de más producción, más dinero y más consumo, no. Pero si quiero dar buenas pensiones necesito tener plata. Yo siento que uno camina en un desfiladero entre dos propuestas, una que dice que el crecimiento va a resolverlo todo y la otra que quiere cambiarlo todo. Pero cómo lo haces en una sociedad en que nadie está dispuesto a poner nada de su parte.

-¿Hay algún nombre interesante en este momento?
-Es que yo exijo un proyecto de país y el apoyo de partidos a ese sueño. Sin eso es puro aire. No creo en los iluminados. Lo veo todo muy revuelto, en pañales. A la Nueva Mayoría la veo desordenada.

-Hace rato…
-Y la derecha igual. Y lo que la derecha ni la izquierda entienden es que no se puede hablar de este país sin hablar de nuestro Frankenstein: el mercado. Un ser vivo que manda, que va más allá de los países, que maneja a los empresarios y que se desligó de la política. Y el único líder que habla de esto es el Papa Francisco. Las discusiones de la derecha y la de la izquierda son como si no existiera este monstruo. Por eso me gustaría ver cómo lo van hacer. Nuestro Frankenstein fue Pinochet, los senadores designados y transamos, pero ¿cómo te vas a manejar con este?

-Hablamos de propuestas y candidatos, pero la gente no va ni a votar.
-Porque este monstruo es súper atractivo. Antes el socialismo y el capitalismo tenían cara, se mostraban. Frankenstein tiene muchos disfraces, de ecología, de animalista. Una vez iba caminando por el Estadio Nacional y veo una cola gigante para ver a Iron Maiden. Todos andaban con polera negra y cada uno de ellos, estoy seguro, se sentían rompiendo el sistema, pero eran todos iguales, como una congregación de monjas.

-Te hago la misma pregunta que le haces tú a los jóvenes, ¿cómo lo hacemos para ganarle a Frankenstein? ¿Rebelarse? ¿Dejar de pagar las deudas?
-No. Mayor consecuencia. Que haya una mayor sintonía entre lo que pienso, lo que hago y lo que me comprometo. Aprender a decir que no porque me basta con esto.

Pero es que a ti te basta con esto. Al 99% de los chilenos no nos basta, queremos la zapatilla, el auto, la casa propia…
-Es que hay que insistir más en el goce. Cuando gozo algo soy dueño de ese algo. Somos dueños solamente de lo que gozamos y gozamos solamente lo que compartimos. Lo demás es una chiva que nos mete el mercado, que lo único que me hace es acaparar y las cosas son dueñas de mí. Hay que volver a lo sencillo, que no es la pobreza, significa el gozo de las cosas.

-¿Cómo un líder político puede representar algo así?
– Me tocó asistir a Don Patricio Aylwin cuando murió. Y verlo en su casa DFL 2, en su pieza sencilla, acompañado de su mujer, uno dice, pucha, se puede. No tuvo una casa en Cachagua, no se fue al barrio alto. Con todas las pifias y las críticas que le puedan hacer, pero fue un tipo honesto. Hay gente honesta en todos los niveles. Hay que hablar más de eso.

¿De la plata?
-Nos han metido en la cabeza que la moneda de cambio es el dinero y todo lo medimos así. Pero la verdad es que la moneda de cambio es la calidad de vida. En Chile tenemos más plata pero no sé si tenemos mejor calidad de vida que en el año 60. Hay temas que hay que ir metiendo en los medios, con los líderes, con los pobladores. Echo de menos partidos que formaban a sus cuadros. Los partidos son claves, porque aúnan los sueños.

-¿Y los movimientos sociales no?
-Como una primera etapa, pero después tienen que organizarse.

-¿Crees que los movimientos sociales tienen que convertirse en partidos?
-Cuando era lolo, y empezaba el despertar hormonal, yo quería enamorarme de una mujer, pero ninguna de las que veía se parecía a ese ideal porque yo tenía que dar un salto de madurez y concretar ese amor en una mujer real, con una historia, con trancas, y cuando lograba aterrizarlo, ese amor era real. Esos son los partidos. Los movimientos son el despertar. Lo que falló en los pingüinos es que nunca fueron capaces de escoger un líder. Todo era asamblea y al final eso se los comió.

-Para los movimientos eso es entrar en las reglas de la institucionalidad.
¡Las reglas son la convivencia, mujer! Sino eres un monstruo. Te vuelves una dictadura. La convivencia es el lenguaje. Yo tengo que decirte vaso para que tú me entiendas que esto es un vaso. Si al vaso le digo “til”, no vas a entender nunca de qué te estoy hablando. Nosotros nos sometemos a un lenguaje.

-Lo que pasa es que cuando esa institucionalidad está corrupta, uno deja de creer.
– Las instituciones son claves, no podemos vivir sin ellas. Protegen al más débil, nos protegen del poderoso. Hay muchos interesados en botarlas. ¿Y quiénes ganan? Los poderosos, los poderes fácticos y nuestro Frankenstein. La institucionalidad les estorba. Para ellos ojalá que no hubiera Estado ni ministerios. Y nosotros les hemos seguido la comparsa. Sin las instituciones me vuelvo un lobo estepario, un ser egoísta. Es jodido, pero no podemos romper con todo.

LA IGLESIA DE EZZATI

-¿No nos estamos yendo a la cresta?
-No. Esta es una crisis de crecimiento, la institucionalidad nos ha quedado chica.

-¿Esto no puede derivar en una crisis de gobernabilidad?
-Por eso necesitamos líderes que sean capaces de ver cómo crecemos. Tenemos buenos políticos en Chile. Lo que sí creo es que el centro, la derecha y la izquierda se han ido deslavando.

-¿A qué te refieres?
-En Alcatraz, la cárcel que está en una isla, los prisioneros tenían la obligación de lavarse con agua caliente y sabes por qué, porque el agua caliente te acharcha, te quita la fibra para soportar el mar frío y nadar hacia la libertad. El confort, el exceso de consumo, el whiskicito, la casa de Cachagua, el buen sueldo han ido poniendo charcha a los partidos, han ido deslavando sus ideales, se han alejado de la gente. Por eso es bonito ver a estos políticos jóvenes del Frente Amplio, que están vibrando con una idea, les falta, pero hay algo interesante.

-Tu tienes relación con muchos ricos, ¿les hablas de estas cosas?
-Creo que se dan cuenta, pero están entrampados. En África había una tribu que cazaba monos y la técnica era que ahuecaban un coco y dejaban un orificio donde cabía la mano extendida y adentro ponían una fruta, entonces cuando el mono metía la mano y la empuñaba para agarrar la fruta se quedaba atrapado y podían cazarlo. El mono tenía que decidir si soltaba la fruta y tenía su libertad o si seguía agarrando la fruta. La mayoría se quedaba con la fruta agarrada. Eso yo creo que les pasa a los que tiene muchos bienes, se dan cuenta, pero no son capaces de soltar la fruta.

-¿Cuál es tu fruta?
Uno se agarra a recuerdos, alguna buena herramienta, un telescopio que tuve… Cuando me fui a África muchos no entendieron, porque decían que yo estaba en la cresta de la ola y sabía que volver a los más marginados me iba a enriquecer. Lo más fuerte ha sido el cambio. Yo fui seducido por un Jesucristo que me invitaba a una Iglesia viva, sencilla, que se la jugaba por el que sufre, donde se vivía el Evangelio con más intensidad y de pronto te das cuenta que vivimos en una Iglesia más acomodada, centrada en la institución, más que en la misión. Eso no es fácil. Y tengo poca paciencia, soy enojón, demasiado apasionado y a veces hiero a la gente. Pero por otro lado encuentro que si la estamos matizando y pensando tanto al final no hacemos nada. Son cosas ambivalentes.

-Ese es el rol que has cumplido, ser una voz crítica dentro de la Iglesia.
-Pero es un rol en solitario. Murió Renato Poblete, Pepe Aldunate está muy viejito. No me gustan mucho esos cursos de comunicadores que hacen en la Iglesia. Uno se forma cuando estás metido en la chuchoca.

-¿Hay algunas voces que te parezcan interesantes?
– Hay gente como Miguel Yaksic que trabaja con inmigrantes, Juan Cristóbal Beytía en el Techo, Pablo Walker en el Hogar de Cristo. Y con el que hablo mucho es con Coco Costadoat.

-¿El sacerdote jesuita y teólogo que fue despedido por el Cardenal Ezzati de la Universidad Católica?
– Sigue en la Universidad, pero no puede hacer clases a los de pregrados. Quedó restringido. Pero se equivocaron, porque el Coco no es de los que se va a callar. Es difícil porque la Iglesia también es tu familia. Es un cuerpo. A veces pienso que a mí me tocó el ano, ja,ja,ja…Hay un chiste de Condorito donde uno ve una formación de conscriptos y llega el capitán y dice: necesito que un voluntario de un paso al frente para una misión muy peligrosa. Y toda la fila da un paso para atrás. No es que yo sea de avanzada sino que el resto dio un paso para atrás y yo quedé en primera fila. Dicen que soy un cura progresista, liberal, pero pucha, la Iglesia me educó así.

-No creo que la Iglesia hable de los homosexuales.
La Iglesia chilena no habla mucho, pero el Papa dice que no los condena, los acoge. Yo me eduqué a lo John Wayne, en un mundo donde esto no existía, pero la apertura me ha hecho tener amigos homosexuales y amigas lesbianas e ir conociendo y dándome cuenta que Dios también me hablaba ahí. Cuando opino sobre temas como el matrimonio homosexual, sé que les molesta profundamente y que me han hecho callar, pero yo no he tocado ni un ápice la doctrina católica sobre el sacramento del matrimonio. En ese tema el obispo tiene la última palabra, pero en el caso del matrimonio civil, donde la Iglesia está separada del Estado desde el año 25, en ese ámbito es opinable y yo, como un ciudadano más, opino no solo que es bueno que el Estado se preocupe por los homosexuales sino que también pueda legislar sobre su matrimonio.

Y con respecto al aborto, ¿estás a favor de la despenalización en las tres causales?
Yo soy sacerdote católico y estoy obviamente en contra del aborto. El aborto siempre va a ser un fracaso y un sufrimiento, por lo mismo creo que hay casos muy complejos, como los tres que se anuncian en ley de despenalización, de los cuales a dos de ellos no les veo problema. En el caso de la violación es más complejo porque la vida es digna independientemente de cómo se haya gestado, pero dándole a entender a una mujer que es mejor preservar la vida, le respetaría profundamente la decisión que ella tome, porque es un momento muy difícil donde está debilitada la libertad. No puedo obligar a una persona a que sea héroe. En ese sentido me inclino a que se despenalice el aborto también en el caso de la violación.

-¿Te sorprende el rechazo de la Conferencia Episcopal a la circular del ministerio de Educación sobre niños y niñas transexuales donde se dan lineamientos a la inclusión en los colegios para estos casos?
-Me sorprende que no estemos abiertos a que el Señor nos interprete en las nuevas cosas que vamos descubriendo y que antes no se hablaban o estaban ocultas. Yo y muchos otros no teníamos idea que existían los transexuales, pero conociéndolos, nuestra actitud es acogerlos, como he sabido que colegios católicos lo han hecho, como los Sagrados Corazones de los Padres Franceses. Esos niños merecen ser acogidos e incluidos totalmente. Encuentro tremendamente humana la posición del ministerio de Educación.

¿Hay un recambio de obispos para hacer una Iglesia nueva?
-No lo veo. Hay obispos jóvenes que han nombrado y que uno esperaba más. Pero tengo harta confianza en el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, Santiago Silva, que es obispo castrense. Por primera vez un presidente de la Conferencia Episcopal me invita al diálogo, y ha sido bastante sincero y yo también. No pido que estén de acuerdo conmigo ni que me aplaudan, porque en la diversidad está la riqueza de la Iglesia y por algo tenemos una jerarquía, si todos pensáramos igual no necesitaríamos una jerarquía.

¿Qué te parece el nuevo Arzobispo Auxiliar de Santiago, Cristián Rocangliolo, Vicecanciller de la U. Católica?
La Iglesia necesita más obispos con experiencia pastoral de mayor diversidad, más metidos en los problemas sociales de la cultura. Me sorprende que nombren obispo a quien ha estado metido casi siempre en la pastoral universitaria sin otros horizontes.

-¿El Cardenal Ezzati es un período perdido de la Iglesia?
-Ezzati representa a una Iglesia que entiende la jerarquía como uniformidad en vez de unidad y que es un abusador de poder. Representa una autoridad basada en el autoritarismo y yo me opongo a eso porque los problemas que hemos tenido de abusos en la Iglesia Católica, tienen como caldo de cultivo el abuso del poder. Lo importante es cómo uno entiende la obediencia en la Iglesia. No es una obediencia militar. Es inteligente. Algunos se han infantilizado. Creen que la obediencia al superior es sumisión y anulamiento.

-Una voz que no ha colaborado en este momento de la sociedad chilena.
-La Iglesia representada por él, más que una Iglesia que te lleve al Evangelio de Jesucristo, te impide llegar al Evangelio. Te aleja.

Monseñor Ezzati al cumplir los 75 años, presentó su renuncia y se habla de tres posibles sucesores: el obispo de Concepción, Fernando Chomalí, Juan Ignacio González de San Bernardo y el obispo de Melipilla, Cristián González.
-Juan Ignacio González no me parece representativo de la Iglesia de Chile. Pero después de la elección de Barros en Osorno, no entiendo el criterio que tiene el Nuncio. Chomalí es una buena persona, pero hay un cuarto nombre que suena, el presidente de la Conferencia Episcopal, Santiago Silva, que fue elegido por unanimidad, un dato interesante.

-¿El Nuncio -que actualmente es Ivo Scapolo- es relevante para el nombramiento de un nuevo Arzobispo de Santiago?
-Como es un sistema donde impera el secretismo, es muy relevante, y el papel del Nuncio ha sido muy malo. Hay diócesis que llevan años sin obispo, y uno de los errores más grandes fue el nombramiento de Barros en Osorno, algo con lo que la misma Iglesia chilena no estaba de acuerdo y eso es responsabilidad del Nuncio. Él le debe una explicación a Chile y ha puesto al Papa en una situación muy incómoda.

-¿Cómo puedes convivir con estas instituciones del pasado, la Nunciatura, un poder del Estado Vaticano?
Hay que tener cuidado, porque ese poder político también hizo posible que se defendieran los Archivos del Cardenal y la Vicaría de la Solidaridad y que se salvaran miles de chilenos. Hoy hay razonamientos muy simples, pero las cosas son más complejas. En el Congo, donde hay guerrillas y perseguidos, la Nunciatura juega un rol clave, depende de cómo sean los nuncios.

¿Viste el caso de una monja violada dentro de un convento que fue madre y dio su hijo en adopción?
– No conozco más detalles que lo que vi en televisión. Lo primero es que me dieron ganas de protegerla y acogerla. Y lo que no entiendo en la actualidad es la vida monacal. Jesús al morir rompe la cortina del templo, que separaba lo sagrado de lo profano y esa vida teje de nuevo esa cortina. Y a lo mejor soy injusto, pero creo que la vida monacal infantiliza a las personas. Es bastante infantil meter a hombres en un monasterio con monjas que no tienen ni un contacto con lo que pasa y dejar a una de ellas encargada de atenderlo. Una mujer que puede tener 26 años, pero que tiene una madurez afectiva de 12. Sin menoscabarla a ella, me da la impresión que la vida monacal atrofia la afectividad y la sicología de las personas.

-¿Qué te pareció el último fallo de la justicia en el caso Karadima que rechazó la demanda civil contra el Arzobispado de Santiago hecha por las víctimas?
– Me he sentido molesto. El fallo afirma que la Iglesia no fue negligente sino que actuó inmediatamente. Eso no es verdad. También es una exageración decir que la Iglesia supo, tapó y fue cómplice con Karadima. La Iglesia actuó lento, pero era porque creían que Karadima era santo. Veían que estaba lleno de vocaciones, que tenía poder político y eclesial, conexiones en la clase alta y se fue de a poco. Yo entiendo eso, pero no me vengan a decir que la Iglesia actuó rápidamente. Eso no así. Y me molesta también el silencio de la Iglesia. Yo admiro y quiero a Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo. Hay gente que no le gusta que lo diga, pero siento que ellos son héroes de la Iglesia Católica, porque nos ayudaron a sacar una podredumbre que había adentro y entonces me duele este fallo.

-¿Estas con Fernando Montes con respecto al indulto de militares de Punta Peuco?
– No estuve de acuerdo con la visita de Fernando Montes y Mariano Puga a Punta Peuco. Creo que ellos la tenían pensada de manera privada y la familia militar, o esos sectores, que saben dónde están los cuerpos de los detenidos desaparecidos, les tendieron una emboscada mediática. Y me doy cuenta que tengo que aprender de ellos, me falta crecer como sacerdote, porque me cuesta. La sociedad chilena le ha dado muchas oportunidades a los militares: el informe Rettig, el informe Valech, la Mesa de Diálogo y ese sector no ha dado ese paso. Al contrario, mientras se hacía la Mesa de Diálogo estaban sacando los cadáveres y tirándolos al mar, por eso es que me duele que hayan aprovechado ese gesto sacerdotal y dejar a las víctimas como victimarios. La manera de comenzar un perdón en Chile es que se diga la verdad.

-¿No crees en el indulto a violadores de derechos humanos?
-Lo primero es que me cuesta creer en los certificados, porque cuando los médicos dijeron que Pinochet estaba con demencia senil fuimos engañados. Lo segundo es que estos son crímenes de lesa humanidad y el indulto no le pertenece a la justicia chilena, va más allá de los gobiernos y de los Estados. Hace un tiempo me tocó ir a una reunión en la Intendencia de derechos humanos y en la misma mesa estaban los que alegaban por la contaminación del aire, por el derecho de los discapacitados, los que defendían los animales, los derechos de homosexuales y lesbianas y entre todos había parientes de detenidos desaparecidos. Me dio vergüenza que estuviéramos en la misma mesa. Una cosa son los derechos humanos y otra es la violación a los derechos humanos. Son crímenes de lesa humanidad que tienen que tener un trato totalmente diferente. Pero han querido mezclarse con un cierto fin.

-¿Qué te pasa con el animalismo, algunos pretenden iguales el derecho de los humanos con los de los animales?
-Me pasa con todos los ismos. El animalismo ya es una cosa media fanática de defensa de los animales. Los animales son nuestros hermanos menores que tenemos que cuidar, pero no endiosar.

-Y el feminismo.
-Es que es distinto, entiendo que haya una reacción luego de una opresión larga, pero lo que no entiendo es esto de tirar la guagua con la batea. En los años 60 unas mujeres protestaban porque no había urinarios en los baños de mujeres y claro son exageraciones, pero no por eso se tiene que desacreditar un movimiento verdadero, profundo y necesario.

-¿Como te ves en un tiempo más?
-Viejo, ja,ja,ja…

-¿Te sientes viejo?
-Cada vez que despierto siento una parte del cuerpo que no sabía que la tenía, ja,ja,ja…

-¿Vas a seguir en La Chimba?
Mi manera de ser es que cuando me meto en algo, me proyecto como si fuera a vivir toda la vida haciendo eso. ¿Cuánto voy a durar? No sé. Me imagino que me voy a quedar acá. Me he sentido muy bien acá, muy acogido. Y creo que no soy muy querido ni que va haber mucha gente que aplauda si estoy en otro lugar.