El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, destrozó la estrategia de recolección de firmas del candidato presidencial Alejandro Guillier en su tradicional columna de los domingos en El Mercurio.

El abogado partió señalando que en el caso del senador su política es “intelectualmente confusa” es -principalmente- por su relación con los partidos.

“Los partidos y la democracia están indisolublemente unidos. No hay democracia allí donde no hay partidos, es decir, agrupaciones que inspiradas en una idea o en un relato compiten por hacerse del poder del Estado. Sin partidos políticos, la vida en común queda entregada al entusiasmo fugaz de las asambleas, a la simple hipnosis de un liderazgo carismático, a la seducción transitoria de la mera popularidad. Es verdad que los partidos suelen cometer errores y que portan algunas patologías (si no que lo diga el PS); pero ninguna de ellas constituye una razón para aspirar a la utopía de una democracia sin partidos o a una donde los partidos deban hacer como que no existen”, dice.

Según Peña, aunque parezca increíble Alejandro Guillier simula no necesitarlos. “Si no, ¿cómo explicar que transpirara durante meses para ser proclamado por los partidos y que una vez ganado su apoyo declarara su decisión de distanciarse de ellos a pretexto de que la suya es una candidatura ciudadana?”

“Desgraciadamente Guillier -con esa vaguedad que ya casi exaspera, con esa sencillez que tiene la irrefutable apariencia de la ignorancia- no ha explicado aún qué es eso mismo en lo que no habría que caer”, explica el jurista.

Según Peña, ese es el mismo error que cometió el gobierno de Michelle Bachelet. “¿Acaso ya se olvidó de que Bachelet anunció su candidatura ocultando pudorosamente a los partidos, presa de la ilusión de que abrazaría directamente a la ciudadanía? ¿Acaso es deseable repetir la retórica de la ciudadanía para ocultar la ausencia de ideas y envolver los diagnósticos errados?”, se pregunta.

Para el académico, el problema es que “persistir en este estilo de liderazgo y de candidatura arriesga el peligro -no vale la pena engañarse- de dañar a la democracia representativa, la única forma posible de democracia en las condiciones modernas. ¿O acaso alguien piensa que la retórica populista en la que Guillier insiste, consistente en distinguir entre la élite corrupta y lejana, de la que serían parte los partidos, y la ciudadanía limpia y sencilla, a la que los primeros habrían vuelto la espalda, pero él no, puede dar algún fruto que valga la pena?”.

Para el abogado “es de verdad increíble que la centroizquierda esté dispuesta a tolerar que se deteriore el lugar que cabe a los partidos en la democracia, mientras la derecha, que los maltrató durante el primer gobierno de Piñera, haya aprendido la lección”.

“Olvidando que una política democrática sin partidos y un líder que crea que puede prescindir de ellos relacionándose directamente con la ciudadanía, o no entiende nada o está simplemente engatusando: o enarbola una utopía tonta o una fraudulenta”, culminó su comentario.