Cuando ya pasaron casi tres semanas desde que Mauricio Ortega fuese condenado a 26 años de cárcel por la brutal agresión a su ex pareja, Nabila Rifo, el 14 de mayo de 2016 en Coyhaique, la mujer habla con revista Paula, de su historia, y de la relación con el hombre que trató de terminar con su vida. Acá un extracto.

Nabila dice que a Mauricio lo conoció cuando trabaja en el restorán Bohemia. “Era cliente. Iba a compartir con las morenas, con todas en realidad. A mí me caía mal porque lo hallaba muy agrandao. Siempre que él llegaba me alejaba, hasta que pasaron como dos meses y un día que no había nadie, hablamos, y empezamos a simpatizar. Le di mi número y, como un mes después, me llamó y me dijo: “Cuando vayas a trabajar, si quieres te llevo, porque tengo un auto y así no pagái taxi”, y yo le dije que bueno. Un día lo llamé, me dio una vuelta, y me fue a dejar a mi trabajo. Después me iba a buscar y así empecé a conocerlo y me empecé a enamorar de él”.

Cuenta que le gustó que fuera una persona mayor, que lo encontraba inteligente. “Me gustaba como era. A veces muy alegre, pero a veces muy duro”.

Acaso por esto último, y como sucede en casos de violencia, Nabila recuerda comenzó por sentirse inferior. “Porque él todo lo sabía, ¡todo! Si le decía algo, me decía que eso estaba mal, que no era así, que no debería decirlo. Entonces…”

La primera agresión llega en el pololeo. Ella embarazada. “De repente me iba a quedar con él a su casa, y ahí empezábamos a pelear, a él no le importaba que estuviera embarazada, ni nada. Me pegó una cachetada: me trató mal y me insultó. Y dijo “ese hijo no es mío: quizás con quién te fuiste a acostar””.

Recuerda otro episodio de violencia cuando el niño ya había nacido. “Me había ido a quedar con él, para que estuviéramos juntos, compartiéramos, viéramos una película, algo. Pero él fue tomar a su taller y llegó borracho como a las 5 de la mañana. Mi hijo K.O.R. tenía como 3 meses. Llegó a decirme que en otro restorán le habían dicho que el hijo no era de él. Empezó a tratarme mal, me hizo levantarme, dijo que me fuera de su casa de inmediato. Me dio miedo y peleé con él”.

Nabila confiesa que le pegaba, que le daba rabia, y que ella le pedía a Dios “poder olvidarlo, porque lo quería mucho. Pero no pasaba nada. Siempre me convencía y me decía “yo quiero verte, ven””.

Como se sabe, la relación terminó y de la peor manera. Con ella brutalmente agredida, sin sus globos oculares, situación por que Ortega deberá pasarse los próximos 26 presos. Hoy Nabila, ya no siente nada él. “De primera sentía lástima, ahora ni siquiera siento odio, es como alguien que no existió nunca”, dice.