“Doctor, estoy en la cúspide de mi potencial como macho: tengo 30 años, excelente salud, buen físico, en forma, tonificado, con plata, casa, auto y un terrible complejo que me tiene por las cuerdas”.

Así comienza el relato enviado al diario La Cuarta de un hombre ultra acomplejado porque “derechamente: lo tengo chico, onda ocho centímetros, y eso me aleja de las mujeres para no causarles risa. Estoy que junto plata para irme al extranjero y hacerme un implante de centímetros, ya que he probado todos los tratamientos publicitados y sigue pequeño”.

“Porfa, tíreme un salvavidas o aliénteme a viajar para crecer”, suplicó el autor de este escrito enviado al Doctor Cariño del diario Pop.

Al respecto, el sabio de La Cuarta le aconsejó lo siguiente:

“No se eche a morir, no se achique, no vea lo poco que tiene cuando en realidad posee harto. Incluso un complejo de porquería. Un sabio que hace muchos años me inspiró a los consejos me dijo que mientras tuviera las rodillas buenas y lengua larga, la impotencia o el tamaño del muñeco no eran importantes”.

Precisó al respecto que “en esa época, muy joven yo, pensé que eran excusas o chivas de los iñi-piñi o de los cachitos de paraguas. Sin embargo, en la plenitud de mi virilidad muchas pusieron los ojitos blancos sin que siquiera utilizara mi herramienta. No me voy a quebrar con usted, pero lo mejor que puede hacer es ponerse a leer y documentarse acerca de cómo dar y entregar placer sin que importe el tamaño de la payasá”.

“No se preste para experimentos de chantas en el extranjero. De partida le recomiendo comprarse el Kamasutra y poner ojo a cómo lo hacían los indios hace miles de años y con un cosito chiquitito así”, cerró.