“Soy muy cobarde y siempre quiero quedar bien con todo el mundo, cosa que al final te pasa factura”, aseguró hoy a Efe el director de cine español Álex de la Iglesia al reconocer que se identifica con rasgos de los personajes de “El bar”, filme estrenado en España y que ahora presenta en Argentina.

Los caminos de un creativo publicitario, una joven, una aficionada a las máquinas tragamonedas y un mendigo se cruzan en un bar madrileño el día que presencian cómo un hombre muere tras ser atacado a disparos a las puertas del local.

“Tengo mucho de cada uno, de Mario (Casas) tengo ese punto cobarde que tiene el personaje”, afirmó el guionista bilbaíno, de 51 años, en una entrevista en Buenos Aires.

Casas se mete en la piel de un publicista que parece que controla la situación pero que a la hora de la verdad demuestra ser muy cobarde y no se atreve a tomar decisiones.

“Es el último en atreverse a avanzar o plantar cara a los demás. Es capaz casi de anularse a sí mismo; cuando toma decisiones las esconde y las disimula como puede. En ese sentido todos somos, yo particularmente soy muy cobarde y siempre quiero quedar bien con todo el mundo, cosa que al final te pasa factura”, admitió.

Los personajes que encarnan Casas, Blanca Suárez, Carmen Machi y Terele Pávez afloran lo más “auténtico” de sí mismos y características de su personalidad que ellos mismos desconocen, para sobrevivir.

Suárez es la “chica guapa” que en un momento se desmarca del grupo, se adueña de la situación, establece sus reglas y demuestra que es la más capacitada para sobrevivir en un entorno hostil.

El indigente, en cambio, acostumbrado a enfrentarse a la muerte a diario, es el único que no siente miedo a pesar de estar en una realidad poco habitual para él.

Unos personajes “muy pensados” que los actores interpretaron siguiendo al 100 % el guion, sin decidir sobre su destino pero apropiándose de ellos para enriquecerlos, defendió el realizador de películas como “El día de la bestia” (1995) y “La comunidad” (2000).

Su último largometraje se desenvuelve en una cafetería, un espacio que permite que un desconocido dé un giro a la vida de su compañero de barra y que “refleja el mundo en el que vivimos”, opinó.

El cineasta defendió que la visión que las personas tienen del mundo está generada por la razón y no se corresponde exactamente con la verdad, algo aterrador que lleva a la sociedad a negar la evidencia y buscar soluciones o culpables.

“Los malos no son ni el Gobierno, ni la Policía, ni una especie de sociedad secreta que nos quiere hundir. Los malos somos nosotros mismos, que no estamos haciendo lo que deberíamos hacer para que esto cambie”, agregó.

El productor sostuvo que todos los días se viven situaciones “límite”, pero es cuando se quiebra la estabilidad ficticia, sobre la que se mueve el ser humano, cuando se es consciente de la proximidad a la muerte, el instinto “toma las riendas” y resulta complicado mantener la “cordura”.

A juicio del cineasta, su decimocuarta película no representa necesariamente a la sociedad española y es extrapolable a cualquier país en el que la gente reconozca que la realidad no es como “la pintan”.

Por ello sostuvo que, en Latinoamérica, el humor presente en sus ‘thrillers’ se comprende tan bien o “mejor” que en España, ya que existe una especie de realismo mágico que hace que la población funcione de una forma más telúrica que en el país europeo.

De la Iglesia expresó su satisfacción por las críticas recibidas hasta el momento y reconoció que su cine siempre tendrá detractores y seguidores, característica de la que se siente orgulloso.

“Si hiciera ese producto que todo el mundo alaba estaría haciendo ‘pan Bimbo’, cosa que ahora mismo no está en mis planes”, concluyó.