1. Levántate y vístete como tú sabes: zapatillas caras, buzo, camiseta del club de tus amores, chaqueta de cuero y gorro de lana y/o jockey (con la etiqueta y la visera intacta). No importa la temperatura que haya, recuerda las sabias palabras de Coco Chanel: “La moda pasa de moda; el estilo, jamás”. Lleva una mochila.

2. Pasa al baño y báñate. Pero ojo, solo si es estrictamente necesario. De lo contrario, basta con que laves tu rostro y manos de manera tímida, pero sincera a la vez. Luego, mezcla unas gotas del perfume que “se cayó dentro de tu mochila el otro día que fuiste al supermercado sin querer” con unas gotas de pisco (a elección) en medio vaso de agua, y dosifícalo en diferentes partes de tu cuerpo. Con lo que sobre, enjuágate la boca y escupe.

3. Róbale algo de valor a tu vieja, sal a la calle, véndelo, compra una guatona con moño y guárdala (pero guárdala, hueón). Además, compra pasta y pégate un basazo. Al margen, un pequeño comodín: pon unas gotas de neoprén bajo tu nariz, esto retrasará el efecto.

4. Si aún no estás lo suficientemente baseado, aprovecha esta ventana de semi-lucidez y súbete a una micro con dirección al centro, sin pagar, ni pedir permiso. Si vives en Puente Alto, San Bernardo, Colina, o cualquier comuna periférica, anda a la Plaza de Armas de tu comuna, la idea es no perder mucho tiempo en traslado. Una vez arriba, siéntate en los últimos asientos ocupando (al menos) dos de ellos, o en su defecto, siéntate sobre el cubre motor (el armatoste que normalmente está ubicado inmediatamente atrás del chofer). Que todos te vean hacerlo, y cuando lo hagan, míralos tú también, nunca bajes la vista, el contacto visual es fundamental. Y recuerda: la vista es como la espada Jedi del Cuma.

5. Cuando veas hartos edificios grandes, mucha gente, y harto tráfico, bájate: ese es el centro. Apenas pises el suelo, y a tus espaldas, con la micro aún en movimiento, escupe o suénate con fuerza en dirección al piso. Nunca pises el escupitajo, siéntete orgulloso de él, primero, porque es tu propio ADN y segundo, porque forma parte de la teatralidad. Recuerda: tu personaje no se bajará del plató en ningún momento.

6. Como tu día empezó a las 11:00AM, y llevas al menos una hora desde el primer basazo, asumimos que la angustia está por apoderarse de ti. Tranquilo, no te alarmes. Es hora de comer, pero antes, hay que reducir los niveles de angustia. Sabemos que “tu cuerpo es un templo”, pero no importa, busca una persona que esté fumando, párate frente a ella y exígele un cigarro. Si no se detiene, síguela como una rémora, hasta que te lo de (te lo tiene que dar. Y te lo va a dar). Busca un lugar donde sentarte y fúmate lo que quede de él, esto te dará tiempo vital antes de que empiecen los retorcijones estomacales propios de la pasta. No huyas, ni pienses en devolverte a tu choza.

7. Ahora, te pediremos una habilidad que dominas ampliamente: machetear. Sabemos que a estas alturas tienes el mentón inferior petrificado, tu lengua es un molusco y tu sinapsis mental está completamente atrofiada. Mantén la calma. No colapses. Primero, practica la frase “tiene 100 pesos”, hasta que se entienda un 15% de lo que dices. Con eso basta, ya que el drama que le imprimas al personaje será lo que cuente. Cuando ya hayas macheteado unos $2.500, siéntate y trata “descontracturizar” tu organismo. Imagina que estás perreando en la Luxor o en la Delphos mientras proyectan un video de Rapido & Furioso en HD. Desconecta tu mente. Te necesitamos al 35% para el siguiente paso.

8. No confiamos en tu GPS mental, pero tranquilo, asumimos que estás en el Centro de Santiago. Primero, trata de ubicar la Cordillera de los Andes. Si no puedes hacerlo, pregunta dónde está la Plaza de Armas. No desconfíes de las indicaciones que te van a dar, nadie en su sano juicio va a osar mentirle a un hueón en tu estado (y con tu pinta).

Cuando llegues a la Plaza de Armas (válido para los que fueron a Santiago Centro. Si eran de los que vivían en Puente Alto, San Bernardo, Colina, o cualquier comuna periférica, este juego se acabó hace 4 puntos atrás. “Transcúrranse”) y párate en la pileta que está al medio. Mira a tú alrededor. Este será tu hábitat la próxima hora, apodérate de él. Cuando ya hayas logrado una simbiosis con tu entorno y seas como un na’vi de Avatar, ubica la Catedral de Santiago (una iglesia grande) y párate mirándola de frente. Camina hacia el edificio que tienes a tu izquierda (no de lado po’ hueón. Gira y camina derecho. La idea es parecer flaite, no imbécil). Ahora almorzarás.

9. Tu estado actual debería estar rayando en el misticismo. Producto de la pre-angustia te pondrás medio sentimental. Evita quedarte pegado mirando a las palomas: tú las amas, y ellas también te aman a ti, si no te hablan, no significan que hayan dejado de amarte. Sigue caminando. Pocos metros antes de entrar al edificio, sentirás un fuerte dolor de estómago y querrás revolcarte en el piso con convulsiones. Tranquilo, es el olor a la comida. Saca fuerzas de flaqueza, recupera de tu bolsillo la guatona con moño y pégate un puntazo, guarda la bolsa, espera unos segundos y entra al edificio. Sabemos que te será difícil decidirte por un local, sabemos que te será difícil hablar, sabemos también, que te será difícil sumar, restar e incluso mantener la boca cerrada sin que se te caiga la baba, pero trata de comprar el combo (completo más bebida) más barato que encuentres, la idea es que te sobre algo de dinero para imprevistos. Si hay dos o tres personas antes que ti en el pedido, sáltatelas, créete el cuento. Levanta la voz y pide tu orden con la autoridad que te compete el estado pétreo en el que te encuentras. Cómete tú promo con discreción. No exageres, ni te tragues el completo de una mascada. Con la servilleta, límpiate la boca, y luego suénate bien. No des propina, sal raudo.

10. Ahora, debes colgar a la primera persona del día en terreno abierto. No seas instintivo ni reaccionario, se cauteloso y metódico. Un chita no caza la gacela más rápida en terreno agreste, ella busca una planicie en la sábana y caza a la gacela que esté cojeando. Ten siempre vías de escape alternativas, y un plan B. Sal del edificio, y camina por la calle a un costado, siempre con la Catedral a tu espalda. Esa calle se llama Merced, camina por ella. Verás a tu derecha una casa roja muy antigua, varias tiendas de comida, y harto comercio. Mucho ruido y olores se apoderarán de tu escasa capacidad de concentración. Luego de comer, jalar, fumar y basearte, tus sentidos están al máximo: enfócate. Dobla en la siguiente calle a la derecha (San Antonio), hasta la primera intersección, que es paseo Huérfanos: tu planicie en la sabana, mi querido chita.
Verás hombres, mujeres y niños absolutamente despreocupados caminando por la calle. No entres en pánico y te pongas a salvar hueones: es un paseo peatonal, no pasan autos. Busca un asiento, siéntate y déjate llevar por el ir y venir de la gente, siente su ritmo, apodérate del pulso peatonal. Déjate llevar sin quedarte dormido como los hueones.

Ahora, deberás buscar tu gacela coja, mi querido chita. No puede ser un niño, enfermo de mierda. Busca en lo posible, alguien con movilidad reducida, y por favor que no sea un discapacitado, parecen presa fácil, pero siempre van armados. Tampoco puede ser un artista callejero (tienen contactos, y los sabrán usar en tu contra). Olvídate de un mimo: siempre desconfía de un hueón que no habla. Solo nos moveremos bajo tres parámetros: obesidad, edad y concentración. Los primeros dos nos dan la ventaja de la velocidad, y el tercero el factor sorpresa. Te verás tentado por las viejas, lo sé, y no es por un tema de género o edad, es básicamente porque van hablando por celular con una cartera en cada hombro, un par de bolsas, zapatos con tacos, y llenas de joyas, es como robar un diario en un kiosko. Trivial. Pero no. Queremos que vayas un poco más allá. Ese tipo de viejas son mucha parafernalia y poco valor agregado. Arribistas.

Ubica un cajero automático y sigue (bajo los tres parámetros anteriores) a alguien que se haya demorado más de la cuenta en girar dinero. Ahí se disparan dos variables: o sacó harta plata, lo que es un buen partido (y el cajero funciona), o es mentalmente lento y no sabe ocupar un cajero. Pero ojo, pueden ser ambas: con lo que tendrías una situación win to win. Fíjate donde guardó el dinero y síguelo a una distancia prudente, sin perder de vista el lugar donde va el dinero. Cuando veas que se distrae un poco, acércate rápido, trata de embestirlo (sin botarlo), al mismo momento que le quitas como sea la billetera. Ya estás en esa, sigue hasta el final, forcejea si es necesario, pero sin hacerte caca.

La sorpresa juega a tu favor: recuerda que él pasó de 75 a 130 pulsaciones en un segundo, tú en cambio, has andado al borde de un preinfarto todo el día. Nadie se meterá a ayudar. Toma el botín y corre, mi pequeño chita.