Un grito hizo saltar de la cama a Amaranta Delgado a las 8:00 de la mañana del 20 de mayo de 2016. “¡Hueona levántate, mataron a una cabra extranjera en la esquina!”, la alertó una compañera de trabajo. Mientras caminaba, los nombres y rostros de sus amigas aparecían en su mente: Karina, Denis o Ámbar. Podía ser cualquiera.

Amaranta trató de divisar a su muerta, entremedio del personal de la PDI y Carabineros. El cuerpo estaba apoyado en la pared de una construcción del Metro en Avenida Santa Rosa con Matta cubierto con una bolsa negra. Sus compañeras llegaron minutos después a la misma esquina. Cuando supieron de quien se trataba no podían creerlo. Su amiga nunca había tenido problemas con nadie, tampoco era agresiva. Odalis Parrales había fallecido de anemia aguda, provocada por cuatro certeras puñaladas. “La violencia en estos lugares es terrible. No sabes si vas a volver viva a tu casa después de estar en una esquina o con un cliente”, relata una de ellas.

Pocas horas antes, alrededor de las 22:30, Odalis (30) salió a trabajar enfundada en un vestido negro, zapatos de tacones y con su pelo rubio alisado como era su costumbre. La transexual ecuatoriana había llegado hacía cuatro años a Chile y comenzó de inmediato a trabajar en la esquina de 10 de julio con Lira. Formaba parte del “primer turno”, integrado por “las tranquilas”, según cuentan sus compañeras. Su trabajo comenzaba a las 10 de la noche y entregaba su esquina a las 3 o 4 de la mañana. “La Odalis era trabajadora, buena cabra, le gustaba reírse. Ella era respetuosa con los tiempos de trabajo y nunca tuvo un problema con nadie, por eso le iba bien con los clientes”, asegura Amaranta, amiga y presidenta de la Fundación de trans ecuatorianas Luz Clarita.

La jornada de trabajo había terminado. Le había ido bien esa noche. Hacía tiempo que Odalis juntaba dinero para una operación de feminización que se realizaría la semana siguiente en Ecuador. Era una oportunidad que esperaba con ansias y que le permitiría reencontrarse con su familia. No alcanzó.

A las 5:30 de la madrugada tomó un taxi en la calle Mujica con General Bustamante en dirección a 10 de julio con Lira, junto a una compañera de trabajo. Odalis ocupó el asiento del copiloto y comenzó a hablar al oído del conductor. Su amiga pensó que “se ocuparía” y decidió bajarse del vehículo. “Había onda entre el taxista y ella. Conversaban despacio para que no escuchara, pero igual me di cuenta que el chofer le había pedido sexo oral y ella aceptó”, cuenta su compañera.

La carrera estaba a punto de terminar. Las cámaras del Departamento de Fiscalización del Ministerio de Transporte grabaron cuando el vehículo conducido por Marco Arenas Fariña (30) se detuvo en Avenida Santa Rosa y comienza una pelea entre sus ocupantes. Aunque los motivos de la riña siguen en investigación, según la fiscalía, para la compañera que acompañaba a la trabajadora sexual esa noche la explicación no es otra que la más común de las artimañas: El taxista no le quiso pagar a Odalis por su servicio.

Tras la discusión inicial, el conductor la habría apuñalado en la cadera. Arenas, en su declaración, asegura que la transexual ecuatoriana le había robado su billetera y que habría actuado en defensa propia. Luego de la agresión Odalis se baja del auto y le lanza un objeto al conductor. Marcos Arenas se enfurece y comenzó a perseguirla por la calle hasta acorralarla. Le clavó dos cuchillazos más en el cuello que la dejaron agonizando en el pavimento. El taxista se subió a su auto y se fue. Las cámaras continuaron grabando.

Según la ONG Transgender Europe, que cada año publica una actualización de los resultados del Transrespeto versus Transfobia en el mundo (TMM), desde el 1 de enero del 2008 hasta 31 de diciembre del 2016, la cifra de personas trans asesinadas en el mundo es de 2.343. Latinoamérica encabeza la lista con 1.834 personas transgénero y transexuales muertas. De acuerdo a los datos entregados por la ONG Brasil (938), México (290) y Colombia (115) son los países que ocupan los primeros lugares del ranking. La forma de ataque más común, según el mismo documento, fue la empleada para atacar a Odalis: heridas provocadas por armas cortopunzantes.

Los gritos de la trabajadora sexual alertaron a los vecinos del sector. Varios autos pasaron, pero ninguno se detuvo. Odalis alcanzó caminar una cuadra antes de desplomarse en las paredes de obras del Metro. De acuerdo a las cifras del sindicato Amanda Jofré, conformado por prostitutas trans, 25 trabajadoras sexuales trans han sido asesinadas por sus clientes en los últimos dos años, aunque la cifra aumenta en el caso de muertes provocada por desconocidos.

“Muchas compañeras han muerto desangradas como la Odalis. La Jarrón, una amiga que la asaltaron y mataron unos tipos en San Camilo en el año 2006, se arrastró desde la calle Victoria hasta Portugal. Nadie nos ayuda, los carabineros no llegan cuando nos asaltan o nos atacan. Nadie responde por nosotras”, afirma Alejandra Soto, presidenta del sindicato Amanda Jofré.

TRANSICIÓN OCULTA

A Germán nunca le gustaron los pantalones de jeans y las camisas, tampoco los zapatos de vestir que tenía que usar en las reuniones familiares. Había ocultado su sexualidad a su familia durante años, tenía 14, y ya estaba agotado de su condición.

Para Xavier Parrales, la vida que llevaba su hermano menor era un misterio. No hablaban mucho y solo usaban frases de cortesía para evitar un momento incómodo en la mesa. La noche del año nuevo del año 2000 fue la última que pasaron juntos. Germán no quería que sus hermanos pronunciaran su nombre masculino. Creía que su nombre no se adecuaba a su cuerpo, a sus gestos, a su forma de ser, pero en vez de comentarle a su familia sobre su cuestionamiento sexual, lo ocultó usando ropa de hombre y adecuándose a una forma de vivir que no era la que quería.

A los 14 años decidió abandonar la casa de sus padres en Guayaquil. “Nosotros nunca supimos que German era así. Pese a eso, para mí siempre será mi hermano, aunque se ponga un vestido”, afirma Xavier. Patricia Parrales, a diferencia de su hermano, guardaba un secreto que le había confesado Germán cuando tenía ocho años. Su padastro había abusado de él en la pieza donde dormía junto a sus hermanos. Nunca le contó a su madre ni a sus otros hermanos sobre esta experiencia. “Mi hermano ha sufrido mucho y nunca dijimos nada para no entristecer a mi madre”, relata Patricia desde Ecuador.

Tras alejarse de su familia, Germán se fue a vivir a la capital de Ecuador. Trabajó por unos años como peluquero y vivía esporádicamente en casas de amigas. Al estar solo, sin la presión familiar constante, decidió cambiarse el nombre a Odalis y comenzar a ejercer la prostitución. En ese ambiente, pese a su corta edad, comenzó a sentirse cómodo. A los 15 años cambió los pantalones por ajustados vestidos y tacos altos. “Esa niña cambió por completo. Se puso alegre, la carita le cambió por completo cuando empezó a vivir como quería”, relata Juloxy Coronel, amiga de Odalis.

Con el tiempo, Odalis se acercó poco a poco a sus hermanas. En una de las conversaciones les comentó que quería viajar a Chile. Se reunieron y les explicó sobre sus nuevos desafíos: Quería ganar dinero y enviárselo a sus sobrinas y hermanas para que pudieran tener un mejor pasar. Nunca había salido de Ecuador, pero pensaba que era la oportunidad perfecta para ella.

Cuatro años después de esa conversación, la foto de perfil en Facebook de los hermanos Parrales había sido cambiada. Todos tenían una cinta de color negra recordando la muerte de Odalis. Las palabras en Facebook de Xavier Parrales, el 20 de mayo del 2016, transmitían su rabia interior: “Que dios te tenga en su gloria hermano, que impotencia siento en no poder hacer nada para traerte de allá y darte tu último adiós”.

“Odalis era documentada. Por eso fue más rápido hacer todo. Lo único que no lo fue, es la autopsia. Cuando pasaron unos días, luego de su muerte, al sacarla se descompuso muy rápido y hubo que cremarla. Nosotras la velamos en la casa de las chicas ecuatorianas junto con la fundación Luz Clarita. Luego se la llevaron al crematorio y la trasladaron a Ecuador. Ahora la tiene su familia”, relata Alejandra Soto, amiga de la víctima.

El 9 de junio del 2016, veinte días después de su asesinato, las cenizas de Odalis llegaron a Guayaquil. Sus restos fueron sepultados en el cementerio Jardines de la Esperanza y más de 30 personas, entre familiares y amigos, la despidieron. Elsa Hurtado, prima de la transexual asesinada escribió desde el chat de Facebook en Ecuador: “Su alegría se quedará conmigo para siempre”.

IMPUNIDAD

La tarde antes de su asesinato Odalis, siempre entusiasta y alegre, anotó cada palabra que decía la presidenta Alejandra Soto, en una de las reuniones mensuales del sindicato Amanda Jofré, integrado por trabajadoras sexuales trans que funciona desde el año 2004. Soto les explicaba a sus compañeras las actividades que tendrían en el mes y les reiteraba la idea de cuidar su puesto de trabajo: No tomar ni pelear en la vía pública y no defecar en las esquinas que ocupaban. “Ella siempre venía a las reuniones, era constante, puntual y dedicada”, asegura la presidenta.

Además de participar en el sindicato Amanda Jofré, Odalis era integrante de la fundación Luz Clarita, organización dedicada a brindarle apoyo a las transexuales ecuatorianas que se dedican al comercio sexual en Chile. Según Amaranta Delgado, presidenta de la fundación, Odalis creía firmemente en la organización de las mujeres trans. “Para la Odalis habían dos cosas importantes en su vida. La familia y sus compañeras. Decía que nos teníamos que proteger entre nosotras porque si no ¿quién lo haría?”, recuerda.

Cuando la reunión del sindicato Amanda Jofré terminó, entre cigarros y conversaciones, Odalis les comentó a sus amigas que se iría a Ecuador a ponerse implantes de pechos. Había juntado por meses el dinero y tenía todo arreglado para irse a su país natal en una semana más. “Cuando nos dijo que se iba a ir a Ecuador a operarse todas nos alegramos, si una se saca la cresta para tener esta belleza. Esa fue la última vez que la vimos”, relata una compañera del sindicato Amanda Jofré.

Según el sistema de registro de carnet sanitario del Ministerio de Salud, en Chile existen aproximadamente 6.000 trabajadoras sexuales, de las cuales un 4% son mujeres trans. Al menos 100 de ellas, según Valeria Bustos, presidenta de la junta de vecinos “El Progreso” del sector céntrico de Santiago, trabajan en las calles 10 de Julio y San Antonio.

Para Valeria, el barrio esta erróneamente estigmatizado. El problema no son las mujeres trans que usan las calles para trabajar, asegura, sino la falta de seguridad de Carabineros en casos de agresión reiterada contra ellas. En un mes, agrega Valeria, que trabaja directamente con sindicatos y organizaciones de prostitutas trans del lugar, ocurren fácilmente 15 ataques. “En una ocasión llegaron individuos con autos sin patente con bates, cuchillos y pistolas a agredir a las chiquillas. Cuando escuchamos los disparos llamamos 40 veces a Carabineros y no aparecieron. Hasta tuvieron tiempo para devolverse y dar otra vuelta para disparar. Hemos puesto reiteradas denuncias, pero no hemos tenido ninguna respuesta”.

Para el Sernam la cifra de femicidios en el año 2016 fue de 34 muertas, pero para la Red de Violencia contra la mujer la estadística se empina por sobre el medio centenar. ¿Por qué esta diferencia? La concepción de la ley es la que permite que Odalis sea visibilizada como víctima en un recuento y sea ignorada en otro.

Para diversas organizaciones de mujeres trans, “sus muertas” no cuentan para el Estado. Al no tener una ley de identidad de género que respalde su transición, sus nombres siguen siendo escritos en masculino en sus tumbas y aparecen así en los registros de los juicios. Según diversas organizaciones de mujeres transexuales, el artículo 390 del Código Penal, conocido como la ley de femicidio, queda corta porque para entrar en esa categoría la víctima tiene que ser asesinada por su esposo, conviviente o ex, pero olvida una serie de factores que motivan un asesinato de una mujer biológica y trans. “El femicidio es el asesinato de una mujer en manos de un hombre, quien se atribuye el sentido de propiedad, dominación, control y desprecio por la vida de las mujeres. Es entonces un ataque al género”, asegura Lorena Astudillo, integrante de la Red de Violencia hacia la mujer.

Ha pasado poco más de un año de la muerte de Odalis y su familia todavía la recuerda con nostalgia. “Sus ganas de vivir eran envidiables. Siempre con la música alta, bailaba o tenía un chiste en la boca. Transmitía vida y energía. Morir de esa forma, pidiendo a gritos auxilio y que aunque la gente la escuchara nadie hiciera nada, es peor. Si una sola persona hubiese llamado a la ambulancia, si una sola persona hubiese parado su carro y la hubiese ayudado, mi hermana estaría con nosotros ahora”, relata uno de sus familiares.

Marcos Arenas, fue tomado preso 48 horas después del asesinato e interrogado en el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago. La investigación sigue abierta y el taxista se encuentra en prisión preventiva por el cargo de homicidio simple.

 


 

Un crimen de odio no tipificado

El artículo 390 del Código Penal, que establece el delito de femicidio, exige que la víctima sea una mujer, y que el autor es o haya sido cónyuge o conviviente de ésta. Este artículo no incluye a las mujeres trans que aún no hayan realizado el cambio de nombre y sexo registral, por lo que el tratamiento jurídico del delito es considerado como un homicidio simple o calificado. Es por eso, que cuando se han cometido asesinatos en contra de mujeres trans, la imputación del delito en ningún caso es por femicidio, pese a que los actos violentos evidencian motivos transfóbicos y machistas por parte de los autores y aunque hayan sido cometidos por sus convivientes o ex. La regulación normativa actual invisibiliza la muerte de las mujeres trans porque la legislación presenta vacíos en cuanto al ámbito de aplicación y motivos de un femicidio. No incluye factores como la dominación económica, de poder y sometimiento de una mujer trans o cisgénero, hacia su agresor. Es en este sentido, que se evidencia la necesidad de la modificación del artículo 390 del citado código para extender la aplicación de este delito a las mujeres trans, aun cuando no hayan cambiado su nombre y sexo registral.

El Código Penal no incluye una tipificación del delito denominado “crimen de odio”, creemos que esta tipificación debería tener cuando se ha cometido una agresión, con o sin resultado de muerte, motivada por la raza, etnia, ideología política, género, identidad de género, orientación sexual, entre otras, de la víctima. No es suficiente que esto se encuentre regulado como una agravante en el Código Penal, ya que en razón de la importancia del delito merece una tipificación especial.

Otra de las falencias que agravan esta situación es la falta de una ley de identidad de género. El año 2013 ingresó al Senado este proyecto que reconoce y da protección a la identidad de género. El proyecto ingresó a Comisión de Derechos Humanos, Nacionalidad y Ciudadanía del Senado, y en la actualidad, sigue en primer trámite constitucional, con 15 periodos de indicaciones y más de 200 indicaciones presentadas. Esta normativa viene a suplir un vacío existente en el ordenamiento jurídico chileno, ya que no existe ninguna ley que permita expresamente el cambio de nombre y sexo registral. Actualmente, se utiliza la ley 17.344, que regula el cambio de nombre y apellidos, para conseguir el cambio de nombre y sexo registral. Lo anterior ha tenido como principal consecuencia la libertad que tiene el juez para exigir cualquier documento o prueba que requiera para formar su convicción. En este contexto, se ha convertido en una práctica común que los jueces oficien al Servicio Médico Legal para la realización de exámenes físicos y psicológicos que atentan contra la dignidad e integridad de las personas trans.

Este proyecto de ley permitiría terminar con todas aquellas situaciones de discriminación y exclusión que sufren las personas trans en razón de que su identidad de género y nombre social no concuerda con lo dispuesto en sus cédulas de identidad. Lamentablemente ninguna ley podría acabar con todas las situaciones de violencia y acoso que sufren diariamente por su identidad y expresión de género.

*Constanza Valdés, mujer trans y Asesora Jurídica OTD Chile (Organizando Trans Diversidades)