“El liberal descafeinado” se titula la columna de este domingo en El Mercurio de Carlos Peña, texto en que alude a las palabras pronunciadas por el precandidato presidencial de Evópoli, Felipe Kast, quien dijo recientemente que está en contra del aborto porque es liberal.

Peña recuerda que Kast pronuncia la tesis de que “la libertad de cada uno termina en la libertad de los demás. De ahí que nadie debe dañar a un tercero. Y como para Felipe Kast -según él mismo declaró- la vida humana principia en la concepción, de manera que desde el preciso y misterioso momento en que el óvulo es fecundado hay alguien igual, en todos los aspectos relevantes, a quien lee estas líneas, el aborto no sería admisible”.

De frentón, tras hacerse él mismo la pregunta, Peña concluye que esa tesis no es liberal. ¿Por qué? “No porque Kast, en sorprendente coincidencia con Ezzati, J.A. Kast y Ossandón -de aquí en adelante, sus compañeros de ruta en esta cruzada-, crea que desde la concepción existe alguien como usted, un tercero cuya libertad e integridad no deben ser afectadas sin que medie su consentimiento (…) sino porque la tesis de Kast expande e hincha la coacción del Estado a extremos y situaciones que ningún liberal aceptaría”, dice.

Peña sostiene que se debe advertir lo que se discute hoy respecto del aborto. Y esto “no es si el feto es o no un individuo humano. Lo que se discute es qué deberes tienen las mujeres, en casos trágicos como la violación, la inviabilidad fetal o el riesgo de vida de la madre, frente a la mórula, el feto o el nasciturus”.

“Lo que se discute, incluso aceptando que la mórula fuera un individuo humano, es si es correcto exigir a las mujeres, a través de la coacción estatal, alguna de las tres siguientes conductas: mantener el embarazo a sabiendas de que anidan un feto inviable; preferir la vida del nasciturus a la suya; tolerar un embarazo al que fueron forzadas mediante violación. Kast sostiene que imponer a las mujeres, mediante la coacción del Estado, la obligación de sostener el embarazo, encarcelándolas si la incumplieran, es la posición que un liberal está obligado a adoptar, porque de otra forma estarían infringiendo el principio de no causar daño a otro”.

Pero Peña defiende que eso no es cierto, o al menos es un error. Para ello apunta que “el liberalismo no es una doctrina acerca del inicio de la vida humana. De hecho, los liberales -como casi todos los seres humanos, salvo, claro, el diputado Kast- carecen de evidencia acerca de cuándo ella principia. La doctrina liberal es solo respecto de los deberes que los individuos tienen acerca de los demás y acerca de la soberanía que cada ser humano debe tener acerca de sí mismo. Y ningún liberal sostendría que existen deberes jurídicos -deberes que el Estado puede imponer mediante la fuerza- consistentes en llevar adelante conductas heroicas, como, es bueno repetirlo, la de cuidar el embarazo que es fruto de una violación, mantener la espera de un feto inviable, preferir la vida del nasciturus a la propia. Ese tipo de conductas pueden ser buenas y estimables, pero no son exigibles”.

Entonces, se pregunta “¿De dónde pudo sacar Kast la tesis de que un liberal las exigiría? ¿En qué momento se le ocurrió que oponerse al aborto, a todo aborto, era propio de un liberal?”

La respuesta -agrega- es que es pura retórica que busca “cuadrar el círculo de contar con la adhesión de la derecha conservadora y aparentar, no obstante, ser un liberal”.