Jorge Mateluna Rojas

El sargento Patricio Freire y el cabo José Morales desenfundan sus armas y apuntan a un sospechoso en la esquina de las calles Gastón Pascal y Camilo Cienfuegos, en Pudahuel. Son las 9.49 horas del 17 de junio de 2013. El hombre de 1,82 metros de estatura y tez clara permanece inmóvil mientras los uniformados lo registran y confirman su identidad. Es Jorge Mateluna Rojas, exmiembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

Once minutos antes de la detención, a las 9:38 horas, se inició un operativo policial para capturar a cuatro sujetos que asaltaron la sucursal del Banco Santander del Parque Industrial ENEA. Cerca de las 10 horas, Mateluna está a pocas cuadras del lugar donde los ladrones dejan abandonado el vehículo en que huyen. Es, según la policía, parte de esa banda. El exfrentista cuenta otra historia. Dice que esa mañana iba a entregar un proyecto cultural en la Municipalidad de Pudahuel y que tomó a las 8.20 horas la micro 508 en Providencia para trasladarse. Que mientras los asaltantes escapan con 60 millones de pesos y 816 dólares, él está perdido, en la intersección de las calles José Joaquín Pérez con Serrano y camina unos minutos buscando otra locomoción.

La versión oficial sobre qué ocurrió el 17 de junio de 2013 y lo que cuenta Mateluna sólo coinciden en que a las 9.49 horas el exfrentista está reducido en la esquina de las calles Gastón Pascal y Camilo Cienfuegos y que dos carabineros lo apuntan a la espera de que se confirme quién es: un exsubversivo.

Quince meses después, Mateluna es condenado a 19 años de cárcel por robo con intimidación, receptación, tenencia y porte de armas de uso bélico. La justicia determinó que el rodriguista ingresó al banco, intimidó a los clientes y escapó con más de 60 millones de pesos junto a René Sanhueza, Alejandro Astorga y un cuarto sujeto que hasta hoy está prófugo, y que en la huida se enfrentaron a carabineros, armados con un fusil M-16, cinco pistolas y una granada.

En cuatro días más cumplirá cuatro años de cárcel, que se suman a los 12 que estuvo preso por infringir la Ley de Seguridad del Estado a inicios de los años 90. En 2004 recuperó su libertad tras ser indultado, armó una familia y se mezcló en el mundo cultural. Su experiencia como exguerrillero, en 2012 lo llevó a participar de la elaboración del guion de la obra “Escuela” del destacado dramaturgo, Guillermo Calderón. Mientras el montaje se exhibía en el extranjero, el exfrentista cayó preso. Hoy él es protagonista de la última obra de Calderón, “Mateluna”, donde un grupo de actores reclaman por su inocencia y denuncian que la justicia falla.

“Al principio vivimos una confusión. Fue muy doloroso y difícil de entender que Jorge hubiera asaltado este banco y que se hubiera expuesto nuevamente a la prisión. Estábamos bien desconcertados y también incrédulos. Finalmente, nos dimos cuenta que Jorge había sido enjuiciado injustamente y nos motivamos para hacer la obra”, relata el director sobre el proceso que lo llevó a montar “Mateluna”.


Resumen del caso Mateluna

EL PASADO DE UN FRENTISTA

La obra Escuela, estrenada en 2013, está ambientada a mediados de los años 80. Recrea un encuentro entre cinco jóvenes que reciben instrucción paramilitar para derrocar a Augusto Pinochet. El 2012, por intermedio del actor Daniel Alcaíno, Jorge fue invitado a uno de los ensayos. La compañía le pidió que explicara cómo se fabricaban bombas, pero él no quiso hablar de ese tema. En cambio, Mateluna les contó su historia.

Dijo por ejemplo que en 1992, cuando tenía 18 años, fue condenado por la Ley de Seguridad del Estado a pasar el resto de su vida en la cárcel. Era parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo, que ese año comenzaba a vivir su ocaso definitivo, tras el asesinato de Jaime Guzmán y las operaciones de La Oficina para desarticular a los grupos armados.

Jorge es el cuarto de siete hermanos. Nació en 1974. Creció con su familia en la toma Yarur en Renca y en el año 1985 se cambiaron a una vivienda social en la misma comuna. Su mamá, Cecilia, era dueña de casa. Su padre, Miguel Ángel, era camionero. Hasta 1981, cuando Jorge era un niño, fue chofer de TVN, pero fue despedido poco antes de la crisis económica. La situación familiar se fue a pique. El matrimonio terminó cuando Jorge era un adolescente. Él se quedó con su padre. Hizo la enseñanza básica en el liceo Balmaceda de Renca. En la enseñanza media se cambió al colegio Valentín Letelier y se graduó de cuarto medio en el liceo Juan Antonio Ríos, en Quinta Normal.

Las carencias e injusticias marcaron su niñez. En 1986, a los 12 años entró a militar a las Juventudes Comunistas, el mismo año que el PC definió como decisivo y el FPMR atentó contra Augusto Pinochet en la llamada “Operación Siglo XX”. Nadie en su familia directa militaba, salvo su abuelo materno que era comunista. Con sólo 14 años, cuando todo Chile esperaba el plebiscito, ingresó al FPMR.

Luego del triunfo del NO, Mateluna optó por continuar con la lucha armada. Tras participar en un asalto al supermercado Agas de Conchalí, donde murió un guardia, el 9 de noviembre del 1992, fue arrestado y condenado a cadena perpetua. Hasta entonces, su padre nunca supo nada sobre su militancia ni su participación en el FPMR. Miguel Ángel recuerda que Jorge era muy reservado y lo describe como un excelente hijo y hermano.

“Las acciones que el FPMR hacía no era necesario explicarlas porque se entendían. Porque había una realidad que vivía, que palpitaba en cada una de las personas que habitaba este país, que eran las más desfavorecidas, en este caso por la dictadura o por la decepción que existió en los primeros años de la transición”, explica Jorge sobre esos años.

En la cárcel aprendió orfebrería. Sus joyas las vendían sus familiares a amigos y cercanos, con eso se hacía algo de dinero. Además, durante el encierro estudió cuatro años sociología con una beca de la Universidad Arcis para presos políticos.

Entre abril y junio 2004, él y otros seis reos estuvieron 75 días en huelga de hambre para protestar contra la tardanza en la promulgación de la Ley de Indulto, enviada por el gobierno de Ricardo Lagos. Como el proyecto se volvió a entrampar en el Senado, Mateluna y Jorge Espínola Robles retomaron el ayuno durante una semana hasta que la ley fue despachada, con una pelea a puñetes entre parlamentarios del PS y la UDI incluida. Fue una medida de presión que lo tuvo en estado crítico, conectado a un monitor para supervisar los latidos de su corazón.


Entre junio y agosto de 2004, Mateluna y otros presos políticos estuvieron en huelga de hambre por más de 75 días para exigir la aprobación de la Ley de Indulto.

Cuando salió de la prisión a mitad del 2004, siguió haciendo joyas para mantenerse. Era invitado permanente a dar charlas y foros en su condición de expreso político. También comenzó a estudiar Bellas Artes becado por Arcis. Dos meses después de recuperar su libertad, conoció a Claudia Godoy, ingeniera en computación, hija de socialistas exiliados en Cuba. No se separaron más. Juntos criaron a la hija mayor de Claudia y en 2006 se convirtieron en padres de A.M.G.(10).

Ese mismo año, Jorge abandonó su segunda carrera para dedicarse a trabajar. Ingresó a una productora audiovisual, donde registró la revolución pingüina en el documental “Deseducados”.

Luego se dedicó a cuidar a su hijo recién nacido mientras Claudia trabajaba. El año 2008, durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, fue contratado en el Consejo de la Cultura como encargado territorial del programa ‘Chile cultura en mi barrio’. Cuando Sebastián Piñera ganó la presidencia, Mateluna presentó su renuncia.

Sin volver a militar formalmente, Jorge siguió de cerca los procesos sociales y políticos del país. Mientras llevaba la administración de la empresa de Claudia, participó como observador voluntario de la Corporación de Promoción y Derechos del Pueblo (Codepu). “Para Jorge el 2011 fue una esperanza. Uno de sus grandes cambios es que se dio cuenta que hoy la lucha es una cuestión de conciencia y organización, ya no la cosa armada como era antes”, cuenta su pareja.

Ocho años después de salir de la cárcel, su vida parecía marchar con normalidad. Para conmemorar los 40 años del Golpe, “Escuela” se exhibió en el Festival Santiago a Mil. Mateluna fue al estreno y sintió reivindicada parte de su historia. Seis meses después, cuando Calderón y la compañía estaban de gira con la obra en el extranjero, el dramaturgo recibió una llamada de Alcaíno. El actor le avisó que Jorge estaba preso otra vez.

EL ASALTO Y LA FUGA

A las 9:37 horas del 17 de junio de 2013, doce minutos antes que la policía le apunte con una pistola y detenga a Mateluna, cuatro sujetos encapuchados entran armados a la sucursal del Banco Santander del Parque ENEA, en el local 100 de Avenida Américo Vespucio 1309. Según el peritaje del 0S-9 de Carabineros, basado en el registro de las cámaras de seguridad y las especies incautadas, se demostró que el primero en ingresar es René Sanhueza Molina y el último es Alejandro Astorga Valdés, quien se queda a cargo de custodiar la puerta. Pero en el caso de Mateluna, no se pudo saber cuál de los asaltantes sería, aunque la policía y el tribunal creen que es el segundo. El tercero sigue siendo un sujeto no identificado.


Imágenes del robo

Al entrar al banco, Sanhueza grita que es un asalto y da la orden de tirarse al suelo y poner las manos a la vista, detrás de sus espaldas. Uno de los clientes no obedece de inmediato. Sanhueza se acerca a él y ve que trata de sacar un arma de su banano. Le quita la pistola y le pregunta si es ‘paco’ o ‘tira’. Carlos Marchant Soto, responde que es “poli”. El funcionario de civil de la Sección de Investigaciones de Carabineros (SIP) de la 26 Comisaría de Pudahuel, está esa mañana en el banco para hacer un depósito personal de más de 3 millones de pesos. Sanhueza le quita sus esposas y con ellas lo inmoviliza en el suelo.

Mientras tanto, el segundo asaltante entra al sector de las cajas para acceder a la bóveda. En un saco blanco, el tesorero de la sucursal, Sergio Cifuentes Dorén, mete apurado 60 millones de pesos y 816 dólares. Luego, el tercer ladrón, que está junto a Sanhueza en el hall de atención, da el grito de salida. Han pasado 2 minutos y 40 segundos desde que ingresaron.

Los tiempos planeados se cumplen, pero los asaltantes no saben que en el estacionamiento, los compañeros de Marchant, el sargento Juan Carneyro y el cabo segundo Carlos Rozas, lo esperan en un auto Hyundai Accent color gris grafito de la SIP. La Central de Comunicaciones de Carabineros (CENCO) ya informó la activación de la alarma, Carneyro va a bajarse del auto a chequearla, pero en ese momento los delincuentes salen y corren hacia la caletera de Vespucio, donde los espera una camioneta Toyota RAV blanca.

La camioneta escapa a toda velocidad por Avenida Salar de Atacama hacia el sur. El auto de la SIP va siete segundos más atrás. Astorga, sentado en el puesto del copiloto, lanza miguelitos para intentar reventar los neumáticos de los carabineros. No lo consigue. La persecución y el cierre del perímetro están en marcha.


Click en cada ícono para más información sobre sitios del suceso y lugares claves de la persecución.

Mateluna asegura que mientras se desarrolla la persecución, él se da cuenta que se pasó de avenida San Pablo y desciende de la micro 508 que tomó esa mañana en Providencia, en la calle José Joaquín Pérez con Serrano. Está perdido. Consulta con una señora si está muy lejos del municipio de Pudahuel, donde pretende conseguir una cita con el encargado de cultura para presentar un proyecto de rescate patrimonial, que ya ha ofrecido antes en los municipios de Santiago y Providencia. Decide caminar unas cuadras hacia el sur. Es la misma zona donde se despliega la persecución policial para dar con los asaltantes.

Por radio, CENCO da órdenes para cerrar el cuadrante. El teniente Pedro Durán Olivares, jefe de Carneyro y Rozas, está en la zona. Acaba de dejar a su mujer en el trabajo, escucha la alerta y se une a la persecución. En la intersección de Salar de Atacama con Los Maitenes se produce el primer enfrentamiento a balazos. Sanhueza, el primer asaltante que ingresó al banco, es herido en su brazo izquierdo.

Cuatro cuadras después, en la esquina de Salar Suitre con María Angélica, se produce el segundo enfrentamiento. Los fugitivos rompen el espejo trasero de la camioneta y disparan a carabineros con un fusil M-16. Apuntan a los neumáticos del auto de la SIP, que queda varado en Cerro La Campana. Durán sigue adelante con la persecución.

Unas calles más arriba, tras sacar unos metros de ventaja, en Patricio Edwards con El Carmen, la camioneta Toyota frena bruscamente y uno de los ocupantes baja del auto desde el asiento trasero del copiloto. Según los carabineros Freire y Morales, que se acaban de sumar a la persecución, en ese minuto ven descender a uno de los delincuentes, que huye por calle El Carmen.

La testigo Francisca Peñaloza, que atiende el almacén que está en esa esquina, ve bajar de la camioneta a un sujeto vestido de negro con una mochila, pero no puede identificar a nadie. Media cuadra más allá, siempre por calle El Carmen, el testigo Juan Carlos Quiñones observa desde su centro dental al mismo sujeto de negro tratando de abrir puertas de las casas y arrojar algo parecido a un pasamontañas.

Un minuto después, un carabinero ingresa al almacén de Peñaloza, le pregunta si está bien y si ha visto a alguien. Luego, Quiñones le indica a carabineros la ruta del fugitivo, que acaba de doblar por calle Serrano y ya no está a la vista.

Sin embargo, los carabineros Freire y Morales, afirman que no pierden de vista al sospechoso y que ven a Jorge Mateluna desprenderse de ropa negra y un chaleco antibalas color azul mientras huye a pie. En la esquina de Cienfuegos y Gastón Pascal, le dan alcance y lo detienen “in fraganti”.

Jorge, en cambio, declara algo completamente distinto sobre su detención. Según él, en ese minuto viene caminando por Serrano hacia el sur, gira en Camilo Cienfuegos a preguntarle a tres personas dónde puede tomar una micro que lo acerque al municipio, cuando Freire y Morales detienen el radio patrulla a su lado a las 9:49 horas de esa mañana. Dice que le realizan un control de identidad, chequean sus antecedentes y al descubrir que se trata de un exfrentista, asumen que es el asaltante que bajó del auto.

La camioneta Toyota, tras detenerse en El Carmen, sigue su carrera. Dobla en San Daniel y es abandonada en pasaje San Juan 9622. Tres sujetos bajan y se dan a la fuga a pie: Astorga, Sanhueza herido en su brazo, y un tercero de identidad desconocida. En calle El Tranque, los tres suben a la micro 418, pero se equivocan de dirección, la micro termina su recorrido ahí y deben descender. El cerco policial se cierra cada vez más. Un helicóptero sobrevuela la zona.

Se sientan en un paradero a analizar qué hacer. Deciden separarse. Astorga avanza hacia Guzmán Riesco. Lleva el saco de dinero en su mano, con la granada adentro. Porta encima dos pistolas. A las 9:58 horas, Astorga escucha el primer ¡Alto ahí!, pero se hace el desentendido. Al segundo alto de Carabineros, cuando siente pasar bala, bota el saco y se tira al suelo.

Sanhueza escapa al oriente, junto al tercer asaltante. Cruza José Joaquín Pérez hacia un peladero, se desviste y se esconde en un colector de aguas lluvias. No para de sangrar. A las 10:17 horas es descubierto por dos carabineros en moto y trasladado al Hospital San Juan de Dios. El tercero logra fugarse y se lleva 6.490.000 pesos del botín. Astorga declara que se trata de “Martín”, el líder de la banda y organizador del asalto. La justicia presume que “Martín” es Mateluna.

LAS GRIETAS DE UNA CONDENA


Jorge Mateluna con su hijo en la CAS.

En las más de 1.610 páginas incluidas en los cuatro tomos de la carpeta de investigación revisadas por The Clinic Online, sólo las declaraciones de los aprehensores de Mateluna, los carabineros Freire y Morales, identifican al exfrentista como el sujeto que bajó de la camioneta Toyota y se dio a la fuga a pie mientras se deshacía de la ropa y el chaleco antibalas.

Las muestras de ADN analizadas por la Labocar, extraídas de la ropa de los detenidos y otras especies incautadas en los sitios del suceso, sólo identificaron a Sanhueza y otro sujeto desconocido. La policía no encontró huellas ni material genético de Mateluna que lo ubiquen en las escenas del crimen.

La fiscalía tampoco pudo probar el cargo de homicidio frustrado contra carabineros en servicio, por el que pidió 30 años de presidio para cada uno de los imputados, ya que según se probó en el juicio, los asaltantes no dispararon a matar pese a tener un fusil M-16 y una granada.

Sin embargo, según la sentencia redactada por el juez Christián Alfaro Muirhead, la fiscalía sí probó en estrado la presencia de Jorge Mateluna en el asalto “a la luz de las evidencias fotográficas, video grabadas, fotogramas, así como un sin número de evidencias técnico científicamente expuestas que situaron siempre a Mateluna en compañía de la acción que desplegara conjuntamente con Astorga y Sanhueza”.

Una de las pruebas es una tarjeta bip! que le incautaron los carabineros Freire y Morales durante su detención -además de su carnet de identidad y un teléfono de prepago- que desacredita la versión de Mateluna sobre esa mañana. Él sostiene que tomó una micro en Providencia, pagó su pasaje y se perdió camino a la Municipalidad de Pudahuel, y por eso se bajó justo en medio de la Villa El Comendador sin darse cuenta del operativo policial.

“La tarjeta bip! había sido usada por última vez el día 13 de junio de 2013, según pudo establecer computacionalmente en su rastreo histórico la Empresa del Metro con su nº 13144517 que le pertenecía de manera indubitable. La misma, exactamente, había sido adquirida por Mateluna en enero de 2012”, dice la sentencia.

El informe de Metro -incluido en el segundo tomo del expediente- señala que efectivamente la tarjeta fue usada por última vez cuatro días antes al robo y que fue adquirida el 22 de enero de 2012, a las 19:35 horas, en la estación Cal y Canto. Sin embargo, el documento no menciona en ninguna parte a Mateluna como su propietario; en cambio, señala que es una tarjeta ‘bip portador’. Consultados por este tema, Metro no respondió si es posible determinar quién es el dueño de una tarjeta.

Los informes realizados a las cámaras del banco no entregan ningún dato concreto que lo identifique como uno de los delincuentes. De hecho, los peritajes de la OS-9 señalan que por la ropa con la que fueron detenidos, el primer y cuarto asaltante en ingresar eran Sanhueza y Astorga, respectivamente. En el caso de Jorge, los peritos y el juez presumen que sería el segundo asaltante.


Alejandro Astorga fue identificado como el cuarto asaltante en entrar al banco. Imagen del peritaje de Carabineros.

Con esas mismas imágenes, la defensa intentó descartarlo por su estatura. Presentaron una prueba pericial antoprométrica del doctor Luis Ravanal que dice que el más alto de los asaltantes fue el cuarto delincuente en ingresar al banco, Alejandro Astorga, que mide 1,72 centímetros. Mateluna, en cambio, mide 1,82 centímetros descalzo. La fiscalía calificó la declaración de Ravanal de “chapucera” o “absurda” y el tribunal finalmente la descartó.

Sanhueza y Astorga declararon que Jorge Mateluna no participó del robo. A pesar de vivir en Renca -la misma comuna en la que Jorge se crió- dijeron que no lo conocían y entregaron varios detalles de la planificación y ejecución del asalto. Aun así, los jueces estimaron que mentían al exculpar a Mateluna y no entregar mayores detalles para dar con los supuestos líderes de la banda, “Martín” y “Simón”. Este último, según los peritajes y el tribunal, sería el prófugo. Esto se basa, principalmente, en que Sanhueza recibió una llamada perdida de “Simón” a las 11:13 horas, cuando ya estaban todos detenidos. Existe un quinto involucrado, el chofer de la camioneta, del que nada se sabe.

En la sentencia, los jueces criticaron a la Fiscalía y a Carabineros por cómo llevaron adelante la investigación. Pero el tribunal también se equivocó. Al revisar el expediente y las declaraciones en estrado, The Clinic Online comprobó que el fallo redactado del juez Christian Alfaro contiene varios errores e imprecisiones respecto a lo dicho y acreditado en el juicio oral.

El magistrado al describir la declaración de Astorga, sostiene que éste dijo que escaparon del banco en un auto “color crema”. Sin embargo, él no declaró eso. Por el contrario, señaló que llegaron en el vehículo crema y que, según el plan inicial, ese auto los esperaría pasado avenida San Pablo para abandonar la camioneta blanca, cosa que nunca sucedió.

Otro error del magistrado es sobre el lugar en que se encontró la pistola Taurus arrebatada al carabinero Marchant. El juez establece que el teniente Pedro Muñoz del OS-7, quien estuvo a cargo los primeros meses de la investigación, declaró que fue hallada en la bolsa de dinero que llevaba Astorga. Pero el teniente Muñoz nunca declaró eso.


Pistola Taurus carabinero Marchant

Esa pistola fue encontrada en la esquina de Serrano con San Francisco [ver mapa], tres cuadras más abajo del lugar donde fue detenido Mateluna. Según la defensa del exfrentista, no tiene lógica que él arrojara el arma ahí y regresara hacia la persecución, en vez de seguir huyendo. Sus abogados sostienen que el asaltante que bajó de la camioneta escapó derecho por Serrano y luego botó la Taurus robada al policía.

Aun así, el tribunal le concedió a la defensa de Mateluna algunos reclamos sobre la investigación que llevó adelante Carabineros. El más importante es que de los siete sitios de suceso identificados y periciados el mismo día del asalto, no fue analizado el lugar donde fue detenido Mateluna ni fotografiada la ropa negra y el chaleco antibalas incautados y que habría tirado a un basurero mientras arrancaba. Peor aún, el sitio fue fotografiado recién nueve meses después, según consta en el expediente.

Ante ello, los jueces reconocieron que pudo ser una falta de la investigación pero que ésta “no desmerece tampoco la existencia de otras evidencias del Fiscal que si pudieron suplirlas en no escasa medida”.

Sobre estos cuestionamientos, Fiscalía, Carabineros ni el juez Alfaro quisieron referirse, argumentando que se trata de un caso cerrado.

Sin embargo, uno de esos “errores” puede convertirse en la única herramienta para que Mateluna acuda a la Corte Suprema y pueda reabrir su caso. Se trata de una prueba presentada por la defensa que la fiscalía intentó impedir que se mostrara en el juicio y que motivó la presentación de una querella por falso testimonio contra un perito de Carabineros.

LA RUEDA DE RECONOCIMIENTO

La prueba que la fiscalía buscó impedir que se mostrara es el clímax de la obra de teatro escrita y dirigida por Calderón, que está inspirada en el caso judicial de Mateluna. Un video de una ronda de reconocimiento efectuada por el capitán del Departamento de Investigación de Organizaciones Criminales OS-9 de Carabineros, Juan Muñoz Gaete, que reveló un error garrafal de la investigación.


Registro de la rueda de reconocimiento en la Cárcel de Alta Seguridad, marzo 2014. El capitán Muñoz escribió en el acta que el testigo reconoció a Jorge Mateluna Nº4 en la fila de izquierda a derecha. Pero, en realidad, reconoció a Alejandro Astorga Nº5.

“Con la rueda de reconocimiento, la idea de la obra es mostrar un momento importante donde se exhibe la capacidad de mentir que tienen los testigos, en este caso, carabineros. Elegimos el momento más elocuente e impactante, justamente para que el público pueda ver cómo y con qué descaro mienten. Y que eso produzca un escándalo, una reacción que despierte en la gente la necesidad de ir a buscar más información, comprometerse con el caso e investigar por sus propios medios otros antecedentes del caso. Por ejemplo, una de las cosas más importantes, es cómo los carabineros Freire y Morales que dicen haber visto a Jorge, cambian sus testimonios”, explica Calderón.

El informe de esa diligencia, contenido en el segundo tomo de la carpeta de investigación, asegura que uno de los testigos reconoció a Mateluna como uno de los delincuentes del banco.

El registro de la ronda, efectuada la tarde del 26 de marzo de 2014, en uno de los pasillos de la CAS, muestra a una fila de seis reos frente a un vidrio polarizado. De izquierda a derecha, los tres primeros son condenados de otros casos. El segundo es Patricio Ahumada Garay, alias Pato Core, uno de los condenados por el asesinato del joven Daniel Zamudio en 2012.

Tras el vidrio, el único testigo que logró identificar a alguien, indicó al quinto en tres oportunidades. El número 5 de esa fila era Alejandro Astorga, el asaltante detenido media hora después del asalto que tenía el saco con más de 53 millones de pesos, 816 dólares y una granada.

Sin embargo, el capitán Muñoz Gaete escribió que el reo identificado era Jorge Mateluna Rojas. El contenido real de esa rueda de reconocimiento fue exhibido durante el juicio oral del Primer Tribunal Oral Penal de Santiago la mañana del viernes 17 de octubre de 2014, pese a la oposición de la Fiscalía porque supuestamente era redundante.

                                                                                                                                      Audio del juicio oral. Diálogo entre juez Christian Alfaro y el capitán Muñoz.

En el estrado, el capitán Muñoz Gaete terminó reconociendo el error y la defensa lo acusó de falso testimonio. El juez Alfaro le llamó la atención y dijo que no le quedaba “menos que oficiar”. A pesar de ese diálogo, no hubo medidas disciplinarias contra Muñoz. Y aunque los jueces consignaron el grave error en la sentencia, también argumentaron que el policía aportó un elemento importante a la causa con el informe de la tarjeta bip!

Con ese antecedente, los abogados de Mateluna presentaron en noviembre de 2014 una querella criminal por los delitos de obstrucción a la justicia, falso testimonio y falsificación de documento público contra el capitán Muñoz.

Actualmente, es la única opción legal que tienen para intentar revertir la condena. Anteriormente, con un recurso de nulidad presentado por la defensa de Astorga y Sanhueza se descartó el cargo de receptación por la camioneta en la que escaparon, rebajando la condena de Mateluna de 19 a 16 años.

LA CAMPAÑA PRO MATELUNA


Obra Mateluna de Guillermo Calderón.

Son las 21:30 horas del sábado 29 de abril de 2017 y acaba de terminar la última función de la segunda temporada en Chile de la obra “Mateluna” en la Sala Antonio Varas. Al salir del teatro, a un costado de La Moneda, amigos y familiares de Jorge portan un lienzo y reparten volantes exigiendo su libertad. Parece una continuación del montaje en la calle.

La obra ha sido un éxito en términos teatrales y también para difundir la historia del rodriguista, en Chile y en el extranjero. En enero, durante la primera temporada en el país, en el marco del Festival Santiago a Mil, la compañía tuvo que agregar más funciones por la alta demanda. En su segunda temporada agotó entradas y el público asistente, después del montaje, se quedaba en la sala para un conversatorio con Calderón y los actores.

Para el director de teatro, la condena de Mateluna forma parte de una revancha contra los exfrentistas que fueron indultados. “Jorge estuvo preso 12 años, él sale indultado después de hacer un larga y dolorosa huelga de hambre(…). Hay muchas personas que políticamente nunca estuvieron de acuerdo con que los indultaran, porque ellos pertenecían al FPMR y, como sabemos, el Frente se enfrentó contra las Fuerzas Armadas y las fuerzas de la represión de la dictadura, por lo tanto, hay una resistencia justamente de esas organizaciones a que estas personas salgan libres. Es evidente, que en cualquier oportunidad, van a hacer un esfuerzo por volver a meterlos a la cárcel. Existe un caso muy similar al de Jorge”, afirma.

Mientras tanto, Mateluna pasa los días en la Cárcel de Alta Seguridad. Desde su celda imagina la obra leyendo el guion. A diferencia de su condena anterior, cuenta, los reos ya no hablan de política y la música que escuchan es reggaetón, no Víctor Jara. Su único escape al exterior son los viernes, cuando Claudia y sus hijos lo van a visitar.

“Esto ha sido tremendo, es como si nos hubieran congelado la vida. Pensé que en la audiencia de formalización todo se iba a aclarar y me lo iba a traer a casa. De eso han pasado cuatro años. Explicarle a mi hijo menor que su padre estaba preso siendo inocente fue devastador para él”. El año pasado sufrió una crisis y tuvo que ser hospitalizado, relata la pareja de Jorge.

Como parte de la campaña del “Comité por la libertad de Jorge Mateluna”, el exfrentista escribió junto a sus abogados, un libro donde analiza su caso, el fallo y expone lo que a su juicio son contradicciones e incoherencias de su condena. El texto se llama “La justicia falla”. Ahí denuncia lo que considera un show mediático del entonces Jefe de la Zona Metropolitana Oeste de Carabineros, el general (r) Rodolfo Pacheco.

El día de la detención de Mateluna, el general Pacheco asumió el mando de la operación. Vía CENCO felicitó a los uniformados por las rápidas detenciones y prohibió estrictamente dar información sobre el tema. Poco después solicitó que el fusil M-16 fuera llevado rápidamente a la 26 comisaría de Pudahuel para exhibirlo a la prensa. En cámara, afirmó que se trataba de exmiembros de grupos subversivos y agregó que estarían involucrados en otros robos similares.

En los noticiarios centrales de esa noche, se dio a conocer la identidad de los tres detenidos con sus fotografías y antecedentes penales. Pese a las afirmaciones de Pacheco, solo Mateluna es un exfrentista. Astorga, en cambio, cumplió una condena de 12 años en Perú por delitos vinculados al Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). Sanhueza sólo tiene antecedentes por desórdenes, aunque según él estuvo preso por causas políticas entre 1993 y 1995, pero luego fue absuelto.

Mateluna cree que el rol que jugó el general Pacheco violó su derecho a la presunción de inocencia e influyó en la cadena de mando para que los policías lo inculparan. Dice que en realidad fue condenado por su pasado, pese a que no existían pruebas en su contra. Mateluna cree que su destino quedó sellado esa mañana, a las 9:49 horas cuando los carabineros Freire y Morales le apuntaron con sus armas y al revisar sus antecedentes, el sistema arrojó que se trataba de un exfrentista.