Nada bien cayó el comentario de la presidenta Michelle Bachelet sobre el Frente Amplio en el conglomerado que
reúne a partidos de como Revolución Democrática, Movimiento Autonomista, Igualdad, Partido Humanista, Partido Pirata y otros.

La Presidenta señaló ayer en un programa de TVN sobre ellos que “no vemos una gran irrupción de gente, por ejemplo, de clase media o gente de clase obrera. No he visto yo, a lo mejor existen. Más bien son los hijos de…”, lo que provocó una respuesta por parte del conglomerado, viralizada en su página de Facebook.

“Acá están los hijos de las familias que salen de una carrera debiendo 25 millones de pesos a un puñado chiquito de bancos, acá están los hijos que se criaron en viviendas sociales diminutas y construidas en los márgenes de la ciudad (sin consultorios ni escuelas) porque los terrenos en las comunas en que se criaron las políticas habitacionales de esta presidenta los prioriza para el lucro de las inmobiliarias.

Acá están también los hijos y las hijas de un país marchito por el mercado, esencialmente injusto, porque el 0,1% de la población concentra el 28% de TODA la riqueza que produce el país. Sus amigos presidenta, los amigos de sus partidos, los que financian campañas para obtener leyes a pedido. No nuestros amigos. Nunca nuestros amigos.

Pueden seguir intentando la caricatura obtusa de que el Frente Amplio es un juguete político de un bonito y acomodado ramillete social ABC1, pero la emergencia del proyecto no le debe crédito a las salas universitarias que tanto quisieran mostrar como cuna nuestra. Este proyecto se hace barrio, población y campamento, se multiplica en las ferias, llega a los clubes de ancianos, se conversa en las plazas. Este proyecto es anuncio de cambio, advertencia, certeza, claridad y tiene también los pies con polvo y por definición las manos limpias.

Muy limpias.