Siempre me ha encantado la lógica fleta de todomejora. Si bien es cierto que a veces pareciera que todoempeora, todosemantieneigual o todoesmediocre, me gusta creer que ahora soy infinitamente más feliz que de guagua. A veces me olvido de esto y me pongo a idealizar períodos que, en realidad, fueron como el pico – el colegio- o a sentir nostalgia de hueás que ni siquiera me pasaron. Para no olvidar que lo pasé como el hoyo en el colegio y que no debo extrañar nada del pasado, hice una lista de momentos miserables de la niñez/adolescencia:

1- No poder acceder a la felicidad de las diversiones mundanas: Los canutos no dan regalos en Navidad, porque “como te sentirías tú si en tu cumpleaños nadie te diera nada a ti y, en cambio, todos se regalaran cosas entre ellos, así se siente Jesús”. Tampoco pueden ver animé porque los asiáticos son satánicos, no pueden leer Harry Potter porque hay magia y no pueden elucubrar que harían si se ganaran el Kino porque apostar es del diablo. Miseria de infancia.

2- Yo sabía que era gay. Tenía 13 años y también sabía que me convenía ocultarlo. Me sentí mal en el colegio y fui a la dirección. Le conté a la secretaria que me dolía la guatita. “LOS HOMBRES NO TIENEN GUATITA, TIENEN GUATA, TÚ ERES HOMBRE Y NO LE PUEDES DECIR GUATITA A LA GUATA”, me respondió. Me dio calor-angustia –“bueno”- le contesté. Acepte su té conalgúnremedio, salí y lloré. Me demoré años en entender que importaba un hoyo decirle guatita a la guata, naricita a la nariz y ojitos a los ojos*. Hoy uso diminutivos como si utilizarlos fuera el objetivo de la vida.

*Fe de erratas: El otro día una amiga me dijo que un hueón le dijo “chúpame la tulita”. La invitación a chupar una hueá que a todas luces debe ser enana está mal. A veces usar diminutivos sí importa.

3- Temer a blasfemar contra el espíritu santo: Según los canutos, es el único pecado imperdonable y se castiga con el infierno.

Siguendo la lógica del todomejora hice una lista de los momentos felices y homosexuales de la adultez que compensan las penurias guaguiles:

1- Bailar I’m A Slave 4 U con Giorgio Jackson*: La perfección de este momento no necesita mucha explicación. Colarme en un cumpleaños. Curarme. Mejor amiga. Britney. Giorgio bailando. Felicidad. Jjjjjjj.
*Fe de erratas: El baile fue más bien encima de Giorgio, no sé si él se habrá enterado de que estaba bailando conmigo y mi amiga, pero yo obvio cuento que bailamos los tres.

2- Agarrarme fletos ricos sin ninguna culpa religiosa. Puro orgullo. Saludos bebés. Muak.

3:- Blasfemar feliz contra el espíritu santo: Estaba en la parte de atrás de la camioneta de mis papás con unas amigas, estacionados afuera del Monserrat y lo dijimos fuerte y claro, literales, como es uno a los 14 años: “¡Blasfemo espíritu santo!”. Risa satánica y mucha felicidad nerviosa, sabiendo que lo que recién había hecho era mucho más importante de lo que parece, era una declaración de principios: Yo ya no le iba a tener miedo a irme al infierno y al castigo de Dios nunca más.

*Integrante -con Dominga Bofill- de la banda fleta Cola Condenada y está escribiendo su primer libro para la editorial Los libros de la mujer rota.

*Foto: Nay Jiménez