En el ícono del teatro del absurdo los personajes durante toda la obra esperan llegue Godot.

El rechazo del informe de la Comisión Sename II causó estupor al país. Arreciaron las críticas, recriminaciones, con énfasis de dardos a una ex ministra y ciertos privados y políticos. Sin embargo, en lo concreto, después de la comisión no hay nada mejor en favor de los niños, niñas y adolescentes (NNA). Demasiada pirotecnia y chimuchina, mientras los NNA, cuales protagonistas de la obra de Becket, en el medio, a la espera.

Pareciera que nada se hizo desde la vuelta de la democracia, se omiten la ley 19.968 que crea los tribunales de familia y procedimientos especializados, la ley de responsabilidad penal adolescente que separó a niños vulnerados de jóvenes infractores, creación y expansión de las oficinas de protección de los NNA (Opd), establecimiento a nivel nacional de programas de representación jurídica de NNA, incremento constante de recursos y personal en Sename, entre otros. No se trata de hacer una apología de lo realizado y soslayar lo gravísimo, sino de no desconocer lo hecho en democracia, aunque sea del todo insuficiente y sean escandalosos los yerros y vergonzosos los pendientes, de manera de reformar y avanzar seria y profundamente.

Por otra parte, poco y nada sobre la palestra para abordar con sentido de urgencia, creo lejos la problemática vigente más grave de todas: la cultura de tortura al interior de centros de administración directa (AADD), esto es, la normalización y seguidillas de violaciones a los derechos humanos de niños, niñas y jóvenes en recintos del Estado.

Actualmente frente a denuncias de maltrato de niños en organismos colaboradores rige la circular 2308, debiendo hacerse denuncias pertinentes, asimismo se exige separación de sus funciones al acusado y eventualmente se interpone querella. En tanto si ocurre la misma denuncia, pero en centros de administración directa, procede la 2309, junto con denunciar, se debe instruir sumario, y cambiar de funciones o de lugar al acusado. Si fiscal del sumario lo estima bajo los antecedentes a la vista, suspende al o los acusados del maltrato.

La realidad es cruda en las AADD pues las denuncias no afloran del todo por intimidación, la suspensión del acusado es muy excepcional aunque haya mérito, atendida la inexperiencia, desidia o temor de los fiscales, y de verificarse suspensión, acarrea movilizaciones, llegando por momentos a paros y tomas, al mando de dirigentes de asociaciones, quienes deslegitiman al fiscal, señalan que niños, niñas y adolescentes mienten, acusan persecución y prácticas antisindicales, concitan fuerte apoyo de la ANEF y a veces de parlamentarios, etc.

Resultado de esta dinámica: generalmente fiscales demoran, no suspenden, niños se retractan por presiones, sumarios se dilatan excesivamente, victimarios se victimizan, víctimas revictimizadas; por ende, saldo de impunidad e indefensión. No resiste más el modo como se enfrentan las denuncias de maltrato grave, que llega incluso a tortura.

Urge el establecimiento de un sistema que prevenga y aborde apremios instalados en centros de administración directa, de acuerdo al Manual de Investigación y Documentación Efectiva sobre Tortura, Castigos y Tratamientos Crueles, Inhumanos o Degradantes, más conocido como Protocolo de Estambul.

Luego de la polvareda levantada, ojalá esta vez al fin llegue Godot, y así los niños, niñas y adolescentes encuentren al menos el camino hacia la protección y restitución de sus derechos que silenciosamente claman.

*Abogado. Ex Director Regional del Sename de Valparaíso.