Este último miércoles se cumplieron 10 años de la muerte del rosarino Roberto Fontanarrosa. El “Negro” fue conocido en Argentina y Latinoamérica por su prosa y sus viñetas de humor. Acá seleccionamos de su libro “No te vayas, campeón” su visión de cinco cracks del fútbol argentino de todos los tiempos.

Hugo Orlando Gatti

“Para mí, como espectador, la fiesta era Gatti. Ya fuera en River, en Gimnasia, en Boca o en Unión. Daba lo mismo. Y no deja de ser un detalle entendible, ya que es difícil que alguien esté a la espera de ver al arquero rival cuando, habitualmente, los puntos de atracción pasan más que nada por los jugadores de campo, los habilidosos de turno, los goleadores”.

Ricardo Enrique Bochini

“Cuando pienso en Independiente, pienso indefectiblemente en Bochini. Con ese caminar bamboleante, el pasito corto, un poco cabizbajo, el ceño fruncido como si siempre estuviese preocupado por algo, la pelada y mechón de pelo volado hacia un costado. Como dibujado. Como si alguien le hubiese dibujado el pelo y, antes de que se secara la tinta, le hubiese pasado el dedo por encima, sin querer, dejando un manchón. Siempre parecía haber viento en las canchas donde jugaba el Bocha, por ese pelo”.

Mario Alberto Kempes

“Pienso que es una imagen afín a todos los argentinos la de Kempes arrancando como uno de esos autos norteamericanos propulsados a cohetes hacia el área holandesa, con los holandeses agarrándolo del cuello, del pelo, de la cintura, sin poder contenerlo. En cuanto conseguía meter el brazo derecho frente al tórax o el abdomen del defensor rival, ya se lo comía. Lo aguantaba con todo el cuerpo para hacerse el medio metro que necesitaba para el disparo y sacudía el zurdazo”.

Juan Román Riquelme

“Quizás el últimos de los pisadores, una característica hoy escasa pero que viene de mucho antes del Coco Rossi, el peruano Loayza, Rojitas o Pipo Gorosito. Esa especialidad que hace que el jugador, más que correr con la pelota, camine sobre ella, como algunos perritos amaestrados en los circos. Lo primero que hace cuando recibe la pelota es ponerla bajo la suela, para que no se escape, para que se calme. La trae, la amasa, la frena, mientras que con el culo y los brazos mantiene alejado al marcador”.

Diego Maradona

“La primera vez que lo vi fue cuando jugaba para Argentinos, en el Parque Independencia. Hubo algo que me impresionó de él en ese partido, además de su melena enrulada, y era que jugaba como lo haría un veterano, o al menos eso me pareció aquella tarde. Anduvo por la mitad del terreno, trotando, casi sobrando el partido, con una economía de movimientos ayudada por su técnica que siempre le permitía dominar la pelota en un solo tiempo. Y se cansó de meter pelotas largas, cambios de frente, con enorme justeza y precisión”.