La chilena Carolina Águila (24) demostró que no necesariamente las personas con mayor capacidad académica tienen las mejores notas en los colegios.

Pese a que no tuvo buenas notas en el colegio y que además sacó 450 puntos en la Prueba de Selección Universitaria (PSU), logró entrar a estudiar Ingeniería en Biotecnología en la universidad.

Con el correr de las semanas, Carolina comenzó a destacar por sobre sus compañeros, hasta el punto de conseguir ser becada nada más ni nada menos que por la Nasa.

A sus cortos 24 años, ya cuenta con publicaciones científicas en biomedicina y cursa un Magister en Biotecnología.

Hace algunos meses esta joven concedió una entrevista con el diario Las Últimas Noticias, instancia en la que recordó que “mis compañeros y hasta profesores auguraban que no llegaría lejos. Lo más duro fue la decepción para mis padres, que regalaron plata en un preuniversitario: llegó un momento en que tenía pésimas notas y el riesgo de repetir por inasistencia”.

En este sentido, detalló que a los 17 años tuvo que cursar un colegio 2×1 para poder terminar la enseñanza media de alguna manera. Ese hecho la hizo despertar y tomar conciencia de su presente y futuro.

“Resultó como una terapia de shock que me hizo luchar por cambiar mi destino. Les dije adiós al carrete, gimnasio, los videojuegos y me puse en plan de aplicarme en los estudios para surgir”.

Este cambio de actitud ocurrió muy encima de la PSU, por lo que de todas formas le fue mal. En ese minuto, cuenta, “sentí enorme decepción de un sistema que no valoraba mi cambio de actitud. Ya había perdido las expectativas, hasta que semanas después me llamaron de Ingeniería en Biotecnología en la UNAB Viña del Mar. Me dijeron que había quedado dentro y tenía que matricularme al otro día. Convencí a mis papás para que me pagaran un semestre y lo hicieron con el compromiso de pasar todos los ramos. Luego supe que me aceptaron porque no se cumplía el mínimo de alumnos para abrir esta carrera nueva, pero me dio lo mismo: estaba 100% enfocada en no desaprovechar la oportunidad”.

Y la aprovechó con todo, ya que gracias a sus buenas calificaciones logró que la dejaran seguir estudiando su carrera en la sede de Santiago: “Un día me puse a buscar problemas en el mundo sin solución y aparecieron las toxinas. Así nace Aflox, un producto biotecnológico que elimina las toxinas de los campos agrícolas, en base a un polvo rociador hecho con microorganismos vivos, como bacterias, hongos y enzimas. Lo postulamos a Corfo y me adjudiqué $10 millones para prototipo”.

Después de aquello, se adjudicó los programas INITTIA y The S Factory, para luego obtener una beca de pasantía por tres meses en la Singularity University de Silicon Valley, o más conocida como Universidad de la Nasa.

Al respecto, confesó que “al comienzo estaba aterrorizada porque no podía comunicarme en inglés. Éramos 80 personas de países distintos, las clases (nanotecnología, robótica, biología sintética e inteligencia artificial) eran intensas y con expositores geniales”.

Precisó que allí “descubrí mi pasión de ayudar a la gente por sobre conocimientos tecnológicos. Al tiempo desarrollé Switch Up, un emprendimiento relacionado con superación personal a través de una metodología que ayuda a tener fuerza mental para alcanzar nuestras metas”.

Añadió que “las nuevas generaciones deben tener claro que a veces el pasado no importa. Si te va mal en el colegio y la PSU es algo secundario, porque surgir depende de ti”.

“Va a costar un poco más, pero cuando uno mira hacia atrás es increíblemente gratificante”, sentenció.