En el inicio de la democracia post Pinochet, un grupo de homosexuales decidimos organizarnos para levantar las banderas de la liberación sexual en un país reconocidamente homofóbico. Teníamos deseos de cambio y transformación en una sociedad conservadora inundada de prejuicios sociales. Entre las urgencias estaba enfrentar el VIH/SIDA y así lo hicimos realizando talleres de educación sexual en la sede del Movilh Histórico. Una de esas charlas fue dictada por una joven doctora del ministerio de Salud. Simpática, sencilla, de lentes grandes, pelo corto y negro. Su nombre: Michelle Bachelet Jeria. Ella nos habló del SIDA en el mundo y de las implicancias de la pandemia en Chile, sumado a la importancia de realizar acciones preventivas entre nuestros pares de la diversidad sexual. El paso del tiempo nos recordaría el nombre de la doctora Bachelet, pero ahora en su calidad de Presidenta de Chile.

En los años 90, luego de acciones de colectivos organizados de personas afectadas por el VIH/SIDA, nació la CONASIDA del ministerio de Salud. En ese equipo estuvo Michelle Bachelet. Los esfuerzos iniciales se concretaron en campañas de prevención que a partir de 1991 buscaron sensibilizar a la población, sumados a la promulgación de la “Ley de Sida”, que estableció normas relativas al VIH, creando bonificaciones fiscales para enfermedades catastróficas y garantizando derechos como a la atención gratuita, la confidencialidad en el examen, y al trabajo de las personas viviendo con VIH/SIDA. La ley representó un paso fundamental, pero no detuvo el avance de la transmisión del VIH entre la población.

La iniciación sexual en edades tempranas, la falta de educación sexual en hogares y escuelas, relaciones sexuales desprotegidas, la ausencia de programas gubernamentales de prevención del VIH/SIDA, entre otros factores, han provocado un aumento sostenido de nuevos casos VIH positivos en los últimos años. Un informe mundial de ONUSIDA, dado a conocer el 20 de julio de 2017, reveló que entre los años 2010-2016 Chile incrementó el número de notificaciones positivas, ostentando las cifras más altas en América Latina con el 34% de nuevos casos de VIH/SIDA.

Pese a que la “Ley de Sida” obliga al Estado de Chile realizar campañas de prevención e información del VIH/SIDA, la comunidad esperó por más de dos años una nueva campaña de prevención. La última fue en junio de 2015 y su presentación oficial se realizó sin la presencia de la Presidenta Bachelet porque en ese mismo momento se encontraba reunida con el Papa Francisco en Roma. El año pasado no hubo campaña y la de este 2017 verá la luz pública este jueves 3 de agosto en un estrecho salón del Ministerio de Salud en medio de agitados días donde los titulares de los medios de comunicación hablan de inesperados casos de lepra en el sur de Chile haciendo revivir, a través de las redes sociales, épocas estampadas de prejuicios sociales, desinformación médica e incitación al apocalipsis bíblico. Los mismos tristes tiempos en que el SIDA era llamado el “cáncer gay” o la “enfermedad rara”.

Según estadísticas de organizaciones de la diversidad sexual, como ACCIONGAY, el 84% de los chilenos que viven con VIH/SIDA son hombres y de ellos, el 63% son hombres que tienen sexo con hombres. Es evidente que Chile tiene una epidemia concentrada y es ahí donde -señalan los activistas- se deben focalizar las políticas públicas de prevención. No se trata de estigmatizar a un colectivo determinado ni creer en el “fin del mundo”, como lo anuncian algunos pastores evangélicos delirantes, sino de hacerse cargo de estadísticas nacionales e internacionales y aplicar políticas públicas de salud sexual a las denominadas “poblaciones claves”.

Las últimas cifras de VIH/SIDA en Chile demuestran un fracaso en los lineamientos biomédicos que tiene el Minsal. El condón es un método eficaz de prevención, pero esta evidencia quedó como alternativa destacada de prevención solo en la última campaña nacional de 2015. En campañas anteriores, el condón apareció acompañado de otras alternativas como la pareja única y la abstinencia sexual. En una reciente encuesta sobre sexualidad y VIH/SIDA de Fundación Savia aplicada a 842 jóvenes, de entre 15 y 29 años en cinco regiones del país, estos manifestaron un alto interés en políticas de educación sexual y de prevención del VIH/SIDA.

En esa misma encuesta, el 93,1% de los jóvenes consultados señalaron que el uso del preservativo es una medida preventiva para el VIH y pidieron que sea incorporado en campañas públicas de prevención y en planes educativos de sus escuelas y universidades. Sin embargo, el Minsal ha preferido invertir en medicamentos, en vez de distribución de condones y educación sexual escolar, dando énfasis a la valoración de datos cuantificables como son personas atendidas, medicamentos entregados y cargas virales indetectables. Según un estudio que está desarrollando Fundación Margen, sobre monitoreo de presupuesto en prevención del VIH/SIDA, durante el año 2016, el Estado de Chile invirtió 99 millones de dólares en tratamientos y exámenes para el VIH/SIDA, y solo 653 mil dólares en prevención. Ninguna política pública de salud puede sostener millonaria inversión solo en tratamientos para una condición de salud que es médicamente tratable, pero mucho antes de eso, prevenible.

La política de prevención del VIH en Chile se aborda desde quienes viven y/o vivimos con VIH/SIDA. El denominado “relajo social” ocurre porque los medicamentos antirretrovirales entregan una promesa de salud en la que el sujeto actúa en forma pasiva porque los que intervienen son los medicamentos. El uso del condón requiere una acción activa de las personas en todo momento, lugar y circunstancia. Las campañas del gobierno desconocen los datos epidemiológicos que dicen que el VIH/SIDA en Chile es una epidemia concentrada en hombres que tienen sexo con hombres y, más bien, aparecen dirigidas a la población general. Del mismo modo, no existen datos sobre las poblaciones transgéneras las que quedan invisibilizadas en el concepto de hombres que tienen sexo con hombres.

Michelle Bachelet tiene un compromiso con la prevención del VIH/SIDA pero no ha sabido, no ha podido o, lo que sería peor, no ha querido asumirlo. ¿Qué pensará de las alarmantes cifras del SIDA en Chile? ¿Qué fue de la doctora Bachelet de los años 90? En su último programa de gobierno no apareció el VIH/SIDA ni siquiera mencionado y hasta ahora no la hemos visto en las presentaciones de las campañas públicas, ni mucho menos protagonizando mensajes preventivos e integradores, como sí lo hizo con la diversidad sexual e identidades de género. Es hora es mirar la historia, nuestro pasado, presente y futuro, asumiendo la urgente deuda con la prevención del VIH/SIDA en Chile.