El columnista de El Mercurio y rector de la Universidad Diego Portales, el abogado Carlos Peña, este domingo, entregó su apoyo explícito a la reforma de pensiones presentada por el gobierno, que incluye la creación del Consejo de Ahorro Colectivo, que, de ser aprobada, administrará el 2% del nuevo aporte con cargo al empleador para ser redistribuido entre todos los chilenos.

“La reforma previsional que acaba de anunciar la Presidenta tiene un profundo significado político. ¿Por qué? Muy simple. Ayuda a que la sociedad chilena transite desde una sociedad predominantemente contributiva (donde cada uno se rasca, ante todo, con sus propias uñas) a una de riesgo compartido (en la que el infortunio de uno es, en una medida siquiera mínima, el de todos). A eso ayuda el 2% del aumento de cotizaciones que irá a un fondo común”, comenzó Peña.

Si bien sostuvo que la mayoría está en contra de aportar a un fondo colectivo, “esta vez la mayoría se equivoca”.

“Como lo muestran las encuestas (y lo sugiere el reciente informe del PNUD), la mayor parte de la gente preferiría que si se aumenta la cotización (medida como un porcentaje de su ingreso), ese dinero fuera a su propia cuenta, a engrosar su pensión futura, a mejorar sus días, y no los ajenos. ¿Acaso no se trata de su esfuerzo? ¿Por qué, entonces, compartirlo?, argumentó en alusión a quienes se oponen a compartir el 2% de sus cotizaciones.

Pues bien, Peña sostiene que es una postura equivocada, porque un fondo colectivo al que todos los trabajadores aporten, tiene que ver con una perspectiva simbólica de lo social.

“Las sociedades necesitan lo que algún sociólogo llamaría una estructura de plausibilidad, un conjunto de instituciones que muestren a sus miembros y les recuerden, una y otra vez, lo obvio: que son miembros de una sociedad, y no meros individuos a los que la suerte de su vecino les es del todo ajena; que una sociedad, incluso una capitalista cuyo combustible es el esfuerzo personal, es una empresa común que supone deberes recíprocos entre sus miembros, y no una agrupación de free riders , de individuos atentos a las oportunidades y preocupados ante todo de sí mismos” y a eso adjudica la importancia específica de esta reforma.

“El principio contributivo que hasta ahora es predominante enseña que su suerte en la vejez dependerá de cuánto esfuerzo haya hecho durante su vida laboral. Un criterio como ese parece satisfacer el principio (correcto) según el cual la vida de cada uno debe depender de sus propias decisiones. Si usted decidió hacer crucigramas en vez de trabajar, no parece correcto que su vecino, que trabajó como hormiga, tenga que financiarle la pensión. Todo eso suena muy bien. Pero ocurre que en la realidad las personas que tienen pensiones bajas no las tienen porque prefirieron hacer crucigramas en vez de trabajar. Trabajaron como hormigas, solo que el género, la clase, la etnia, les impidieron mejores oportunidades. En otras palabras, su suerte estuvo gravemente influida por factores involuntarios distintos a su desempeño. Es entonces correcta una regla que corrija eso y recuerde, una y otra vez, que la suerte en esta vida es, hasta cierto punto, una suerte compartida”, argumentó el columnista.

Para cerrar su reflexión, Peña sostuvo: “No hay nada contrario a la modernización en una medida como esa. Por el contrario. Ya T.H. Marshall dijo que la sociedad capitalista necesitaba instituciones que obliguen a compartir el infortunio”

“Esa era, dijo él, la única forma de legitimar la desigualdad que es resultado del esfuerzo y el mérito”, concluyó.