Washington Sebastián Abreu es una leyenda viviente del fútbol mundial. Ha paseado su zurda por todo el mundo. Por Argentina, Brasil, España, Israel, Ecuador, El Salvador, Grecia, Paraguay, Uruguay. Ha sido campeón de América. Se dio el lujo de picar un decisivo penal en para meter a su selección en la semifinal de una Copa del Mundo. Podría entonces, porque historias tiene de sobra, estar sentado en su casa rememorando su gloria.

Pero Washington Sebastián Abreu, a sus 40 años, sigue jugando al fútbol. Y lo hace en Chile, en la primera B, allá en el sur. En Puerto Montt. “A mí me gusta aprender, porque sigue aprendiendo”, dice a La Segunda en dos frases que retratan lo crack que es.

“Nunca creo que me las sé todas. En mi pensamiento siempre está la evolución”, afirma.

Más allá de eso, de que quiere jugar para aprender, Abreu cuenta que eligió Chile porque tiene una Primera que es de verdad, dice. “Las canchas ayudan, son dinámicas, se corre mucho”.

Tema obligado en la conversación con La Segunda, además de su ímpetu por seguir creciendo, son sus míticos penales y el apodo de “Loco” con que recorrió parte del mundo.

“Hace seis años que deje de tirar penales a lo Panenka. No vuelvo a hacerlo, porque ahora hay mucho morbo. Importa más si yerro, que si lo convierto. ¿Para qué borrar algo tan lindo?”.

Sobre el “loco” que ha cargado por años, dice que fue en San Lorenzo. “Yo era muy extravertido, ponía música en el camarín para animar. Era muy alegre. Silas y el Pipo (Gorosito) me pusieron el 22 por la quiniela. El loco es el 22 en la quiniela. Después se deformó un poco el origen y se malinterpreta”.