La tarde del miércoles 26 de julio, el futbolista argentino Jorge Manduca Aglieri deseó haber contestado su teléfono antes.

Ocupado en el taller mecánico que instaló recién este año en calle La Serena, en la comuna de Recoleta, olvidó sobre su escritorio su celular, el que no dejó de sonar durante casi todo el día. Cuando al fin se percató de las llamadas perdidas, sólo atinó a devolver una de ellas.

Al otro lado, Cristián Muñoz –“La Nona”- también futbolista y compañero del Athletic Club Barnechea, le sopló la noticia: “el club no pagó la cuota. Nos vamos a segunda”.

La “cuota” a la que se refería su colega, era el ingreso que la ANFP exige desde la presidencia de Sergio Jadue a todos los clubes que suben al profesionalismo, es decir, a Primera B: 50 mil UF. Más de 1.300 millones de pesos.

Era miércoles, y en apenas dos días debían viajar al norte para el debut en el torneo de Primera B, frente a Arica. “Todo fue confusión, no entendíamos nada. Muchos de los chicos del equipo se asustaron: la diferencia de sueldos entre Primera B y segunda puede ser gigante. Imagínate, habíamos hecho toda la pretemporada y a dos días del debut no sabíamos si íbamos a tener trabajo por el semestre”, dice.

De pronto, Manduca, arquero santafesino de 37 años, recordó cómo fue que llegó al club, cinco años atrás. Armando Cordero, empresario y el presidente del club desde 2008, lo llamó para que dejara Coquimbo y se trasladara a Santiago a jugar por Barnechea, que recién se había ganado el derecho a jugar en Primera B. Como la familia de su esposa vivía en Santiago –muy cerca de donde hoy tiene su taller mecánico-, Manduca aceptó. “Pero cuando llegué, me enteré de que aún no estábamos dentro. En 2012 el club no tenía cadetes, no era una sociedad anónima, no cumplía con muchos de los requisitos para entrar al profesionalismo. Había dejado mi vida en Coquimbo y dos semanas antes de que empezara el torneo no sabía si iba a firmar un contrato”, recuerda Manduca, sentado en su taller.

Un día después del comunicado de la ANFP, el plantel se encontró en el campo de entrenamiento. “La Nona” Muñoz llegó junto a Gamadiel García, presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales (SIFUP). “Gamadiel nos dijo que estaba todo perdido, que no había ninguna chance de que jugáramos en Primera B”, relata Manduca. Minutos después, Armando Cordero entró al camarín.

— Tranquilos, muchachos. Ustedes piensen en Arica nomás—, les dijo.

El equipo no supo qué pensar.

“Unos minutos después, me acerqué a él”, relata Manduca. “Señor presidente, con todo respeto, creo que usted está loco”, le espetó. “No sé si no ha visto los diarios, o no escuchó al sindicato, pero no vamos a jugar con Arica”, agregó.

— Jorgito—, le dijo Cordero, con aire canchero —No te preocupes. Tengo un as bajo la manga.

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De Armando Cordero Quezada no se sabe mucho. Que nació en Antofagasta, que se define como empresario –aunque no terminó la carrera de ingeniería comercial en ninguna de las dos universidades por las que pasó-, y que fue parte de la primera generación de egresados del INAF, en 2003. Y que en 2008 tomó un club amateur del sector oriente de Santiago, al que llevó al profesionalismo en tiempo récord.

También, se dice de Cordero que es un hombre difícil de contactar. Una semana después del “gallito” con la ANFP, se encuentra con The Clinic en un café de Lastarria. En la hora que dura la entrevista, recibe al menos 15 llamados: agentes ofreciendo jugadores, trabajadores del club y, sobre todo, periodistas. “Y esto es en un día tranquilo”, asegura. De todas las llamadas, sólo atiende la de su abogado, Aldo Díaz, quien le comunica la última decisión del Tribunal de Libre Competencia: se rechaza la apelación presentada por la ANFP.

—¿Barnechea está confirmado en la Primera B?
Cordero sonríe.
—Por ahora—dice.

Armando Cordero Quezada tiene 50 años. Según recuerda el periodista deportivo Danilo Díaz, fue un destacado deportista en su colegio, el British School: seleccionado de básquetbol, fútbol y tenis. Incluso, según dice el propio Cordero, integró el equipo profesional del Club de Deportes Antofagasta. “Sólo en vacaciones, porque mis papás querían que estudiara. Pero alcancé a compartir camarín con Juan Carlos Orellana, famoso zurdo, y a ser dirigido por el ‘Negro Páez’, una leyenda en la ciudad”, afirma.

Una anécdota: mientras Jorge Sampaoli dirigía a la selección chilena, solía retar a Cordero a partidos de paddle en el Balthus. “Jugábamos con Becaccecce y Jorge Desio, sus ayudantes. Yo hacía dupla con Desio y siempre ganábamos. Ahí el ‘queso’ era Sampaoli, y el que hacía dupla con él, cagaba”.

Tras egresar del British, Cordero ingresó a estudiar ingeniería comercial en la Adolfo Ibáñez de Viña del Mar. “Pero me salí y me fui a Santiago, a la Gabriela Mistral. En la Adolfo debías dedicarle todo tu tiempo a los estudios, y a esa altura yo ya tenía características de emprendedor”, dice.

Cordero se jacta de haber organizado, a los 20 años, la primera fiesta de Halloween en Chile. “Cuando era pendejo hacía eventos, negocios, un millón de huevadas. Con un amigo, arrendamos la discotheque Eve, de Vitacura. En ese entonces en Chile la gente no salía los jueves, y por eso el dueño nos la dejó más barata. Pero él no se dio cuenta que el viernes era 1 de noviembre, feriado. Se llenó”.

—¿Cuánto dinero ganaron?
— No me acuerdo, pero fue una cantidad grosera. Echamos la plata en fajos, en un bolso. Los papás de mi amigo estaban asustados, porque creían que nos iban a asaltar por andar con un bolso lleno de plata.

En Santiago, cuenta, tuvo más tiempo para hacer negocios. Montó una importadora de ropa deportiva –Armando Cordero Quezada y Cía. Ltda.-, y tiendas en Antofagasta y Santiago.

“A los 25 ya estaba viajando cinco veces al año a Estados Unidos, para ver productos, tenía mucho trabajo”, dice. Varios años a ese ritmo, cuenta, fue lo que ocasionó “el quiebre”. “El año 1998 llevaba varios años trabajando, estaba cansado, y me vino un replanteamiento. Tomé un avión y estuve un mes en Europa, donde vi el torneo de Wimbledon y el Mundial de Francia 98’. Aluciné con los chilenos que viajaron y que dejaron tanto de lado por ver a la selección. Ahí dije que me iba a dedicar al deporte”.

“Mi primer pensamiento fue cómo viabilizar los proyectos deportivos, con la participación de la empresa privada, como parte de un derecho publicitario. Lo importante era generar derechos publicitarios en un proyecto deportivo, para así poder financiarlo”, dice.

“Es importante definir lo que es el futbol”, reconoce hoy. “Y yo estoy cercano a definir que el fútbol es un espectáculo televisivo. Perfectamente podrías tener un club con cero taquilla, pero con auspiciadores”.

En esa línea, y mientras estudiaba en el INAF, Cordero montó dos lucrativos proyectos de fútbol amateur en el sector más acomodado de Santiago: La Liga Oriente – de la que fue director- y Entre Ligas.

Después de estar casi diez años en el fútbol amateur, decidió dar el paso al fútbol profesional. “Vi que la única manera, de acuerdo a la restricción presupuestaria existente, era comprar un club amateur y llevarlo, por la vía deportiva, al fútbol profesional. Eso fue el 2008”.

—¿Por qué Barnechea?
— Tenía varios plus, pero el principal era la posibilidad de poder transformarlo en el segundo club de muchos. Por ejemplo, tú puedes ser de Colo Colo o de la U, pero igual puedes tener una simpatía por Barnechea. Es muy difícil encontrar a alguien que diga ‘no, este club me carga’, no existe algo como el sentimiento “antibarnecheíno”.

Según cuenta Cordero, en ese tiempo Barnechea pasaba por una crisis. Peleaba por no descender de la Tercera B, es decir, a punto de la desaparición. “Ahí se me acercaron quienes estaban liderando ese proyecto, y nos ofrecieron hacernos cargo. En ese entonces, participamos con Daniel Salvador, Juan Cristóbal de Marchena y Cristián Rodríguez que fue el abogado. Nos solicitaron que nos hiciéramos cargo de los pasivos y de pagarles a los jugadores; que el club funcionara. A cambio solicitamos los derechos”.

—¿Cuáles derechos?
—Los de poder ingresar al fútbol profesional. En ese momento, para ellos era algo totalmente impensado.
—Dicen que en esos primeros años, tuviste que hacerlas de presidente y director técnico a la vez.
— Sí, entre 2008 y 2009. Pero no quisiera hablar de eso y destruir el mito.
—¿Qué mito?
— Se dice que para que Barnechea pudiera subir a Tercera A, en 2008, teníamos que ganar nueve partidos seguidos, justo cuando renunció un técnico que teníamos. Y el mito dice que tomé el equipo y gané esos nueve partidos.
—¿Y cuál es la realidad de ese mito?
Cordero se toma unos segundos para responder.
— No la recuerdo—, dice sonriendo.

***
El jueves 27 de julio, luego de la conversación con Cordero en los camarines, Manduca y el resto del plantel se fueron a sus casas entendiblemente preocupados. “Esta tarde va a haber novedades”, les había dicho el presidente antes de salir.

Efectivamente, pocas horas después se dio a conocer un fallo del Tribunal de Libre Competencia (TDLC), el cual que estableció que la cuota de incorporación al profesionalismo fijada por la ANFP constituía una barrera “discriminatoria” y “arbitraria” para que A.C. Barnechea ingresara al “mercado del fútbol”.

Basándose en ello, el tribunal ordenó a la ANFP “permitir que el Club Deportivo Barnechea S.A.D.P pueda participar en el torneo de fútbol de Primera B (…) el cual comenzaría el 30 de julio de 2017”, es decir, el partido frente a San Marcos de Arica.

Manduca no lo podía creer. “Pasamos de estar enterrados a tener que hacer las maletas para debutar frente a Arica”, recuerda. “Desde el club nos dijeron que el equipo viajaría en dos grupos, y que mi vuelo saldría en apenas unas horas. Ya no importaba nada, imagínate, pasamos de estar muertos, sin trabajo, a jugar el torneo”.

La idea de recurrir al TDLC -inédita en el fútbol profesional chileno-, reconoce Cordero, no fue suya. “Esta estrategia la desarrollamos solamente una semana antes de ponerla en juego el miércoles 26 de julio. El mérito fue de mis abogados, Ciro Colombara y Aldo Silva”, dice.

“Lo que hicimos fue interponer una medida prejudicial que le permitiera al club Barnechea, que ganó el campeonato de Segunda División, competir en el torneo de la Primera B, suspendiendo el pago de dos millones de dólares, que era lo que exigía la ANFP”, dijo Colombara a Radio Cooperativa.

Tras el anuncio del TLDC, la ANFP comunicó que dejaría a Barnechea jugar, pero que presentaría un recurso de reposición para contrarrestar el fallo, el que terminó siendo desestimado por el Tribunal. Barnechea había ganado el primer gallito, dejando abierta la puerta para que los clubes que actualmente sí están cancelando esa cuota, como Puerto Montt y Deportes Valdivia, puedan acogerse a la demanda entre el club y la ANFP. Un proceso que podría extenderse hasta por dos años.

Para fuentes al interior del periodismo deportivo, la jugada de Cordero tiene un solo objetivo: acceder a los dineros del Canal del Fútbol (CDF). Sólo en 2016, la señal repartió por concepto de “excedentes” más de $35 mil millones de pesos entre los clubes de la ANFP. De ese total, los clubes de Primera B se reparten, por partes iguales, el 26,5%.

Además, para fines de este año se espera que se concrete la licitación de los derechos de transmisión del CDF, una operación que inmediatamente reportaría cientos de millones de pesos a los clubes profesionales. Aunque el monto de la licitación se ha mantenido en reserva, un dato ha saltado sobre la mesa: el mes pasado el empresario Jorge Claro vendió el 20% del canal del fútbol, que era de su propiedad, en 253 millones de dólares.

“La apuesta de Cordero es tratar de aguantar lo más posible dentro del profesionalismo, hasta la venta del CDF, y así sacar su tajada”, dice otro periodista que ha seguido el caso. El propio abogado Ciro Colombara reconoció que existe un conflicto que “no es deportivo, sino económico, entre sociedades anónimas deportivas en relación con un negocio extremadamente lucrativo como es el CDF”.

El fallo del TLDC, además, reveló la existencia de una investigación paralela llevada por la Unidad Anticarteles de la Fiscalía Nacional Económica, sobre el Consejo de Presidentes de la ANFP. La indagatoria, dirigida por la abogada Carla Hacha, busca esclarecer una presunta colusión entre los clubes profesionales para impedir el ingreso de otras organizaciones deportivas al Consejo, y así evitar repartir entre más actores los dineros del CDF. Lo que se ha sido llamado el “cartel del fútbol”.

—¿Hubo voluntad en el club para pagar la cuota?
— Nosotros intentamos hacerlo, pero, en mi opinión, hubo un bloqueo desde la ANFP. Desde mi punto de vista, no existe ninguna manera que un club pague esta suma de entrada si no es comprometiendo los flujos futuros. Eso significa hablar con una institución financiera y entregarles tus flujos futuros.

—¿Como un banco o una empresa de factoring?
— Cualquiera. Yo hablé con tres, y dados los problemas que me estaba haciendo la ANFP para entregarme la documentación para poder desarrollar esta operación, decidí enfocarme en una sola. Es una persona bastante conocida en el medio del futbol, porque con eso me iba a permitir tener cierta credibilidad.

— Si tenías una estrategia de financiamiento ¿qué pasó?
— Esta es una sensación: la ANFP trabó la operación. ¿Por qué? Probablemente eran de la idea de que no quería que yo lo hiciera de esa manera.

— Hay otras voces que dicen que la torta…
— ¿Es más grande cuando se reparte entre menos? Eso es obvio.

En los días que siguieron al fallo, el divorcio entre Cordero y la ANFP se hizo evidente: circularon rumores de que el requerimiento de Barnechea podía dejar a Chile sin Mundial -la FIFA prohíbe a los clubes afiliados a ella acudir a tribunales civiles-, e incluso, el empresario llegó a presentarse junto a una notario al último Consejo de Presidentes, según dijo, “para dejar constancia de que no había sido invitado”.

Para Cordero, los “verdaderos dueños del fútbol” son los presidentes de los clubes, y no el directorio de la ANFP. “Algo pasa con los distintos directorios de la ANFP, que les cuesta ser mandatados, que es lo que corresponde, por los presidentes de los clubes”, dice.

—Se habla de que con esto te ganaste varios enemigos, que en el Consejo de Presidentes, estás remando solo.
— Lo desconozco. Sí te puedo decir que un número importante de presidentes me llamó para felicitarme. No te puedo decir, porque no los quiero comprometer. No me gusta incorporar personas naturales en las entrevistas, a diferencia de ellos –la ANFP-, a quienes les gusta decir “Armando Cordero”.

—Háblame del “cartel”.
No voy a hacer comentarios respecto al cartel. De manera general, puedo decir que quienes están adentro, quieren permanecer ahí y ojalá que no entre nadie más. Y los que están afuera quieren ver cómo sale gente para poder entrar.

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Amando Cordero es un tipo personalista. En una entrevista publicada por La Tercera en 2014, Cordero declaró que “en Barnechea, a diferencia de los otros clubes, no entran y salen dirigentes. Hay una pura persona, que soy yo”.
Sentado en el café de Lastarria, no tiene problemas en repetirlo. “Voy a ser bien claro: una de las cosas que busco es que Barnechea me represente. Eso me mueve, me interesa que se transmitan mis valores, mi forma de ser cuando el equipo juega”.

Además, afirma, una de las ventajas de su gestión en el club es que todas las decisiones pasan por él. “Siempre pensé que la única manera de que un equipo chico tuviera éxito es que sea extraordinariamente piramidal. Y Barnechea, en este minuto, lo es. Eso significa ser un poquito más dictatorial, porque es más eficiente. Aquí no hay que preguntarles a 10 personas ni hacer una votación para tomar decisiones. Entre yo y el gerente deportivo se resuelve, y punto. Y si eso genera anticuerpos…”.

Actualmente, el Club Social y Deportivo Barnechea –el original, fundado en 1929- mantiene una demanda por 1.200 millones de pesos en contra de Armando Cordero, por los derechos federativos del club. Moisés Villarroel, ex dirigente del club y asesor en el litigio, asegura que en 2010 se le dio permiso a Cordero para cambiar el nombre del equipo, “lo cual resultó en que el Club Social perdió los derechos federativos cuando subimos de categoría. Armando Cordero se hizo de todo: los derechos, nuestro nombre, la historia de uno de los clubes más antiguos de Santiago”, explica. En la cancha del Estadio Municipal de Barnechea, donde el equipo hace de local, no es extraño que los hinchas griten, a modo de ironía, “Armando Cordero Fútbol Club”.

— ¿Barnechea representa la mayor parte de tus ingresos?
— No, yo me dedico a negocios publicitarios. Pero te puedo decir que el año pasado fue un período extraordinariamente crítico para Barnechea, y para Armando Cordero también. Significó enfrentar este proyecto sin tener los ingresos a que estábamos acostumbrados.

— ¿Cómo te afectó personalmente?
Cordero piensa varios segundos.
—Sin comentarios. Fue un período extraordinariamente complejo.
— ¿Vale la pena?
— A fines del 2017 podremos saber si valió la pena.
— Misma fecha donde se producirá la venta del CDF.
— No sólo por eso. Si no por los cambios que pienso son importantes de hacer en el fútbol.