El 23 de agosto de 1927 los inmigrantes italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron ejecutados en Estados Unidos, con electricidad, luego de ser declarados culpables por el supuesto robo y asesinato de dos personas en 1920 en South Braintree, Massachusetts.

Las víctimas eran Frederick Parmenter, un encargado de la nómina gubernamental y Alessandro Berardelli, un vigilante de seguridad.

El hecho, la condena y posterior ejecución, generó protestas y revueltas en varios lugares del mundo desde donde defendían a los trabajadores, acusando que su muerte obedecía a su ideología anarquista, y no a hechos derivados del delito.

Cincuenta años más tarde, a manera de homenaje, el entonces gobernador de de Massachusetts, Michael Dukakis, exoneró de todo cargo a Vanzetti y Sacco, asegurando que fueron injustamente enjuiciados y encarcelados y que “cualquier desgracia debería ser para siempre borrada de sus nombres”.

Cuando se acaban de cumplir 90 años de este hecho, recordamos una de las cartas que dejaron estos anarquistas. Se trata de una misiva de Vanzetti a su hijo.

 “Querido hijo mío, he soñado con ustedes día y noche. No sabía si aún seguía vivo o estaba muerto. Hubiera querido abrazarlos a ti y a tu madre.

Perdóname, hijo mío, por esta muerte injusta que tan pronto te deja sin padre. Hoy podrán asesinarnos, pero no podrán destruir nuestras ideas. Ellas quedarán para generaciones futuras, para los jóvenes como tú. Recuerda, hijo mío, la felicidad que sientes cuando juegas, no la acapares toda para ti. Trata de comprender con humildad al prójimo, ayuda a los débiles, consuela a quienes lloran. Ayuda a los perseguidos, a los oprimidos. Ellos serán tus mejores amigos.

Adiós esposa mía. Hijo mío. Camaradas”.