¿Qué aprendizajes te dejó la polémica del Frente Amplio?
-Estamos teniendo aprendizajes acelerados. Y de buena fe. Y cuando la cagamos, creo que hay que decirlo. Pero, en general, creo que dimos un espectáculo triste. Eso también hay que reconocerlo y pedir disculpas.

¿Qué te dio más vergüenza?
-Me dio vergüenza que estuviéramos discutiendo por la prensa. Eso no me gusta nada. De hecho, esa es una de las principales razones por las que no hablé mucho por Facebook ni por Twitter ni por los diarios. No dije nada sobre la polémica, porque esas cosas tienen que procesarse de manera colectiva. No creo que sea muy bueno que nos mandemos mensajes por la prensa. Eso es muy de la política tradicional, como decir, si no me querís escuchar, me vai a tener que escuchar por la prensa obligadamente. Diferencias vamos a tener muchas veces. Si estamos peleando en estas ligas, con la posibilidad de que la Bea pase a segunda vuelta, tenemos que saber que habrá diferencias. Y no las podemos ocultar.

¿Crees que les pesó lo de la superioridad moral, de creer que no actuarían como los políticos tradicionales?
-Siempre he dicho que en el FA no tenemos todas las respuestas. Tampoco tenemos que estar dándonos de que la sabemos toda, de que aquí te las traigo Peter. A ratos hay cierta arrogancia que es bueno librarse de ella. Como tengo una diferencia con el dogma religioso, no comparto ese tono tan moralizante en política. Y creo que los chilenos que tienen ganas de votar por nosotros, o que nos miran con cierta esperanza y simpatía, les diría no somos perfectos. Estamos muy lejos de eso. Por eso no soy partidario del discurso de la superioridad moral. No tiene mucho sentido. Más bien, me gusta un grupo que diga: puta, no somos perfectos, ni mucho menos, pero tenemos ganas de cambiar este país, estamos aprendiendo, y lo vamos a hacer de la manera más seria. Y, bueno, son aprendizajes que se están sacando rápidamente. Hay un desafío en el FA, que es la posibilidad bastante real de que la Bea pase a segunda vuelta y se reconfigure el espacio de la centro izquierda en Chile. Ese espacio requiere que no tengamos un tono de jóvenes que vienen aquí a decir lo que está bueno y lo malo. Eso no producirá una mayoría. Esa actitud no le hace sentido a una generación que peleó por recuperar la democracia, que puso sus esperanzas en la Concertación, y que quieren escuchar de nosotros una crítica razonable, no una cuestión lapidaria ni moralista.

¿Crees que el FA de repente cae en eso?
-A ratos sí. Algunas críticas son muy injustas también, porque creo que es propio en cualquier momento histórico de quiebre que critiquemos al viejo régimen. Es absolutamente normal. Por ejemplo, en el Congreso, con la Nueva Mayoría tenemos coincidencia en algunas votaciones, pero en otras definitivamente no. Y tenemos diferencias de estilo, generacionales, y de cómo mirar al país. Esas diferencias no hay que ocultarlas. Pero también hay que tener un tono más sereno, quizás. Hay que tener cero arrogancia.

¿Qué pasó realmente con Mayol?
-Las cosas se hicieron mal de ambas partes. Alberto pudo haber comunicado su voluntad de ser candidato antes, hacerlo de manera un poco más institucional y colectiva. Esa es la principal crítica que se le hace, que comparta un poco más, que se ponga más a disposición del grupo, que no sea solamente una cuestión más unilateral, que no diga “yo voy por tal distrito, me tienen que dar el cupo, se acabó la discusión”. Eso no ayuda, como tampoco la otra reacción.

Al final, Giorgio Jackson fue el más perjudicado.
-Giorgio se mantuvo al margen del debate. Porque él era incumbente. Y a mí me consta que él dentro del FA, dijo que “dado que soy incumbente, no puedo ser negociador de este distrito”. Pero, bueno, aprendizaje para el futuro. Ahora, hay una diferencia con otras coaliciones. Por lo menos, aquí hay convicción de tener unidad, aunque haya diversidad en el FA. Me parece bien esas diferencias, pero tenemos que saber procesarlas.

El liderazgo de Bea Sánchez quedó en duda.
-Cuando dicen que no tiene liderazgo, es una crítica muy injusta. Aquí hay una orgánica y no ha sido menor ponerse de acuerdo con trece movimientos. Probablemente, este es el primer experimento de tercera vía, más robusto y diverso, desde el retorno a la democracia. Y desde ese punto, la orgánica ha sido muy importante. Y creo que Beatriz también es una candidata presidencial que tiene que ejercer liderazgo, pero tampoco puede pasar sobre su orgánica. Y la decisión del distrito 10, era una discusión absolutamente interna de la orgánica, no del comando presidencial. Es un poco injusto echarle la culpa a la Bea. Al revés, creo que es una candidata que representa bien al FA.

Lo cierto es que bajó en las encuestas tras el episodio.
-Bajó tres puntos, pero no creo que sean muy significativos. La Bea en las encuestas va subiendo frente a la Nueva Mayoría, que es como una especie de club de tango, de algo que ya es parte de lo que está muriendo, y el FA es parte de lo que está surgiendo. Y además no veo cómo la Nueva Mayoría pueda, porque por último nosotros estamos haciendo algo que, con errores y aprendizajes acelerados, tiene vocación auténtica. Hay ganas de construir una mayoría y de disputar los espacios, pero no hay una ansía de decir “tenemos que ganar esto, si no nos vamos a la cresta”, como le pasa a la Nueva Mayoría.

Algunos jóvenes del FA han sido bien duros en el juicio que han hecho de lo que se hizo en transición. ¿Eres tan lapidario?
-No. Otra cosa es con guitarra. Seamos justos en los juicios. Hay que reconocer a la gente que se sacó la cresta por esa huevá. Y eso no me permite tener arrogancia para juzgarlos… además 30 años después. No soy de los que dicen “estos viejos culiaos no hicieron nada…” no. Otra cosa era con Pinochet de Comandante en Jefe. También es verdad que hasta el 2005 habían senadores designados. Y para que se entienda mi posición: hay una generación a la cual hay que agradecerle, pero que pudo haber hecho más. Y también creo que con ese agradecimiento del retorno a la democracia, hay que decirles que llegó su hora y tienen que irse de verdad pa la casa porque terminan haciéndole un mal a la propia democracia que ellos ayudaron a recuperar.

¿A Lagos lo mandarías para la casa?
-Lagos no me gustaba como candidato, pero sí como un ex presidente que se ha dedicado al mundo de las ideas y que puede iluminar ciertos caminos. Tampoco me gusta que Lagos tenga una defensa corporativa de la Concertación.

¿A quién más mandarías para la casa?
-Yo creo que hay gente evidente…

¿Daniel Farcas?
-No, ni hablar de Farcas. Le hace un daño… Extraño a los políticos que no quieran hacerse ricos con la política, que defendían un proyecto ideológico en común, que eran republicanos, que tenían sobriedad… nada, pero el senador que te quería nombrar es Pizarro que fue presidente de la DC. Un desastre. Realmente le hacen un tremendo daño a la política.

LOS LIBERALES DE HOY

¿Cuáles son las grandes diferencias entre el Partido Liberal y el FA?
-Nosotros, por ejemplo, no tenemos un complejo con el emprendimiento, con la empresa, o que Chile sea una economía abierta al mundo. Y en el FA algunos, no todos, tienen un poco de complejo. Tampoco he visto gente antiempresa en el FA.

¿Por qué el Partido Liberal, que se define como de un centro reformista, está en el FA?
-Nosotros tomamos una definición. Cuando se creó el Partido Liberal, en 2013, dijimos nuestra posición será de tercera vía. Fuera del duopolio. Y siempre quisimos que se reuniera a todos los partidos alternativos en una gran coalición con un programa mínimo y eso es lo que nos hemos propuesto en el FA, que no se define de izquierda, por lo que tienen cabida nuestras ideas: profundización de la democracia -no esta semisoberana que tenemos en Chile, o con tutelas, o capturada por una pequeña elite- avance en los derechos sociales y cambio en la matriz productiva del país.

¿Cómo se construye coalición con miradas tan distintas?
-¿Acaso la Concertación no fue un experimento y una innovación política? Eso fue. No me parece que uno podría decir que era una incoherencia. Cumplieron un rol en un momento histórico. En este caso, nosotros nos hemos puesto de acuerdo en los tres ejes que te acabo de decir. Hago la siguiente pregunta a quienes miran con sospecha, ¿por qué chucha no nos damos permiso para hacer una innovación política? Y si la huevá resulta mal, ya, resultó mal. Qué tanta huevá. Se le exige mucho al FA, como si tuviéramos todas las respuestas. Si la historia nunca se ha construido de la manera en que nos miden. Un poco de paciencia. Por eso no me tomo tan en serio esto de que el FA tiene que ser perfectito. Perfectito las pelotas, adónde. Ojalá resulte bien. Y si resulta mal lo diremos. Qué tanta huevá. Y chao pescao.

Pero, por favor, no lo comuniquen por redes sociales…
-Ja, ja, ja. El FA es una aventura, responsable ojalá, madura ojalá, y en eso estamos algunos muy abocados para que así sea. Mira la Concertación, la alianza democrática, costó años ponerse de acuerdo. Es un proceso histórico. Pendejos seríamos si creyéramos que esto es de un día a otro.

¿Qué sistema social propone el FA?
-Voy hablar desde el Partido Liberal, creemos que Chile debiese dejar de ser el experimento neoliberal más radical del planeta. Queremos controvertir este extremismo ideológico que ha puesto la derecha con éxito desde Pinochet en adelante, y que la Nueva Mayoría o la Concertación, en gran medida, convivieron con el. En eso, coincidimos en el FA. Como Partido Liberal, estamos mirando a los países nórdicos. Y agrego Holanda, también. Países que han logrado tener un pacto social mínimo, que combinan derechos sociales, como un mínimo de dignidad para todos, con libertades económicas. Países abiertos al mundo, pero con un mercado realmente competitivo, transparente, no como el que tenemos en Chile que es de concentración absoluta de las riquezas. Dado que este es un partido social liberal, nos gusta mucho lo que está haciendo Justin Trudeau en Canadá y Macron en Francia. Liderazgos que combinan libertad e igualdad. Países que no ven la educación y la salud como bienes de consumo, y que combinan eso con ciertas libertades, con una agenda pro emprendimiento. Por ejemplo, Justin Trudeau anunció que le subirá el impuesto al 1% más rico y le bajará a la gran mayoría, a la clase media y a los emprendedores. En el fondo, es un impuesto a la sobre riqueza para financiar, justamente, derechos sociales. Eso es absolutamente combinable, pero en Chile lo vemos como si fuera una contradicción.

El FA no está mirando a Macron como horizonte, ¿o si?
-Probablemente no todos. Obviamente, en el FA hay una corriente social liberal, otra más social demócrata, una más de izquierda…Ahora, con algunos tenemos diferencias en cuál es el modelo final de la sociedad. Pero en lo que estamos de acuerdo es que queremos llevar a la república chilena hacia otra dirección.

En una entrevista dijiste que el Partido Liberal eran los momios del FA.
-Ja, ja, ja, pero estaba bromeando. Lo dije con ironía, porque en el fondo el Partido Liberal va a jugar un rol de ser el partido más centrista. El nuestro es un centro reformista. Ahora, es un centro del cual Chile no está muy acostumbrado. Uno dice centro y se imagina a la DC.

O se imagina a Felipe Kast.
-Pero ese es un centro más conservador, confesional y pro stato quo. Pero el centro político en el mundo es muchísimo más progresista del que tenemos en Chile. Desde ese punto de vista, quizás el Partido Liberal se parece más a lo que fue el Partido Radical en parte del siglo XX. A nosotros nos gusta más el Partido Liberal del siglo XIX con Balmaceda, Bilbao, Lastarria, Santa María. Ese era otro liberalismo, un liberalismo reformista.

¿Por qué te gustan ellos?
-Era una generación brillante de jóvenes que, primero, peleaban por el estado laico. Promovieron la ley de matrimonio civil, la ley de cementerios laicos y de Registro Civil. Y en eso eran muy irreverentes. Todos los liberales del siglo XIX creyeron en una Asamblea Constituyente. Entonces, cuando nosotros decimos que los liberales estamos a favor de la AC, algunos dicen “pero cómo, esa es una causa de ultra izquierda”. Nosotros decimos, hueón, la AC es un invento liberal desde la Revolución Francesa en adelante. De hecho, los liberales del siglo XIX tenían un diario que se llamaba la Asamblea Constituyente. Obviamente, era un liberalismo reformista, de avanzada, y muy federalista. Otra cosa. Una tradición que se perdió en Chile. Lamentablemente, llegaron unos señores, como José Piñera y los Chicago Boys, que dijeron “nosotros somos liberales”. Y esos hueones de liberales no tienen nada. Son neoliberales en lo económico, ultra conservadores y Opus Dei en lo valórico, y en cuanto a liberalismo político cero porque fueron ministros de una Dictadura. Es una usurpación histórica. Y la gente en Chile confunde. Cuando decimos Partido Liberal mucha gente cree que nos referimos a Chicago Boys o a Axel Kaiser, poh. Esos hueones son unos fanáticos. En la ignorancia me han dicho: ah, ustedes están con Kaiser. Yo digo es una locura, están locos de la cabeza. Ni Kaiser, ni Friedman, ni Hayek. No creemos en ellos.

Ustedes están leyendo a Agustín Squella en el partido liberal. Un “viejo” para el Frente Amplio, jaja
-Ja, ja, ja. Pero un viejo sabio. Y qué tiene que sea viejo.

En el FA se ha instalado un discurso que nace desde los jóvenes. Y Squella tiene un pensamiento que podría estar muy cercano a Lagos, a quien no quieren mucho en el FA.
-No sé si con Lagos. Pero ojalá hubiesen más viejos como Squella, sobre todo en política porque hay muy pocos. Squella es un viejo sabio. Es un profesor, un maestro, un liberal igualitario. Un tremendo académico que en Chile escuchamos poco.

¿El resto del FA lo está leyendo?
-No sé, pero deberían, a propósito de Venezuela. Squella decía “los liberales creemos en una democracia sin apellidos”. O sea, ni democracia popular, ni democracia autoritaria, ni democracia tutelada, ni democracia nada, democracia nomás.

¿Cómo lo hace el Partido Liberal para convivir en un frente donde hay gente que siente cierta admiración por Maduro?
-Como Partido Liberal, tenemos una posición muy clara. Como nuestro liberalismo es profundamente democrático, creemos en una Asamblea Constituyente de verdad, no como la farsa que inventó Maduro en Venezuela. Maduro es como aprendiz de dictador. En eso no nos perdemos: Maduro no representa en nada lo que queremos hacer en Chile. Ahora, yo creo que la mayoría del FA está en una posición crítica. Claro, hay algunos que están en una posición un poquito más condescendiente, pero tampoco aplaudiendo. Ahora, me gustaría que tuviéramos una posición crítica abiertamente.

¿Qué debería decir el FA y que no ha dicho?
-Que no nos gusta la concentración del poder, ni la interferencia en los otros poderes del Estado, ni la polarización que Maduro se ha encargado de hacer, y tampoco nos gusta la sedición de ciertos sectores de la oposición. Y ese tono militar, fascistoide, antidemocrático, que tiene Maduro y tenía Chávez. Es cosa de escucharlos. Es una mierda de tono, una mierda de gobierno, hueones corruptos. Qué mierda va a ser un ejemplo para nosotros Venezuela.

¿Es una dictadura?
-Después de la disolución de los poderes de la Asamblea Nacional, no cabe ninguna duda.

Hablando de gente que admiras, ¿sientes admiración por Allende?
-No lo tenemos como referente. Hay una parte que rescato de Allende que es el republicano, el laico. Ahora, para mí, está lejos de ser un ejemplo de gobierno.

¿Por qué?

-Porque fue un fracaso abiertamente. En ese sentido, me gusta más el gobierno de Eduardo Frei Montalva. Era un gobierno reformista, pero que se condujo mejor. Ambas figuras las respeto muchísimo. Pero el gobierno de Allende, en mi caso, no es un ejemplo de lo que nosotros debiésemos hacer. No creo en el socialismo como una sociedad final, ideal, con la socialización total de los medios de producción.

¿Estás de acuerdo con la propiedad privada, entonces?
-Sí. Es más, Beatriz tiene que tener una agenda pro emprendimiento.Y tenemos que disputarle a la derecha esta idea de que solamente ellos son los únicos que pueden hacer crecer a este país. La derecha defiende solamente a un pequeño grupo oligárquico, a los grandes empresarios, ni siquiera defiende a los pequeños ni los medianos. Hay que disputarle ese mundo. Y, además, porque creo que de verdad el emprendimiento bien entendido puede ser una manera de combatir la concentración de la riqueza. No tenemos complejo con la propiedad privada.

Por ahí pasan sus diferencias con el FA, por ejemplo con el rol que debe ocupar el Estado.
-Probablemente. Nosotros no somos estatistas. Lo que sí creemos es que el Estado tiene que garantizar los bienes públicos.

¿Eres partidario de un sistema de reparto en cuanto a pensiones?
-Soy partidario de un sistema mixto. No me gustó lo que hizo Bachelet. Eso significa más AFP y que solo un 2% de la nueva cotización, vaya a un sistema común con un concepto más solidario.

La gente no quiere que le toquen su bolsillo.
-Aunque sea contracultural, tenemos que defender la idea de la seguridad social en Chile. Es más, la mayoría de la gente que no quiere que le toquen su cotización, no entiende que probablemente en un sistema mixto donde haya cotización individual, pero también un sistema solidario, a la infinita mayoría le beneficiará eso. Y es paradójico que en Chile haya tanta desinformación, tanta campaña del terror, como cuando Piñera dice “nosotros no queremos expropiar las cotizaciones de los trabajadores”, a la gente pareciera que estuviera diciendo algo de sentido común. Y, puta, no es de sentido común. Porque, por las injusticias que tenemos en el mercado laboral, la mayoría terminará salvándose quién pueda, rascándose con sus propias uñas.

¿El partido liberal apoyaría a Guillier en segunda vuelta?
-Se va a votar en un plebiscito. En lo personal, debiéramos llamar a no votar por Piñera. Pero reconozco que me cuesta mucho un apoyo explícito a la Nueva Mayoría. Incluso, más allá de Guillier, con quien tengo una amistad, es un tipo valioso, pero me cuesta mucho realmente que hagamos un apoyo explícito a la Nueva Mayoría.

EL ABORTO

¿Cómo recibiste el fallo del TC?
-A muchos nos parecía de sentido común a estas alturas, como un mínimo de consenso democrático, civilizatorio incluso, que aprobaran el aborto en tres causales. Lamentablemente, en Chile estamos todavía presos de una herencia muy autoritaria. Y la Constitución sigue representando eso. Si Chile no aprobaba esto -que realmente hay que celebrarlo, hay que abrir una champaña- seguiríamos en la lista negra de países que criminaliza en todo evento la interrupción del embarazo. Aquí, hay que hacerle un homenaje a las mujeres que dieron la batalla a pesar de tener una elite conservadora en contra. Algunos se escandalizan con esta legislación de aborto, y no es más que el mínimo respeto a los derechos reproductivos de la mujeres.

Esto es un primer paso de lo que queremos: aborto libre.
-Sí, el primer paso. Y, fíjate, este es el primer paso para sacarnos de encima la herencia que dejó Pinochet. Es volver a una tradición republicana que en el pasado respetaba mucho más que ahora los derechos de las mujeres. Y creo que recién estamos discutiendo sobre eso. A pesar de que el país- y esto es una discusión que siempre tenemos en el Congreso ¿cuándo el país está preparado para tener estos debates?- ¡hace mucho rato que está preparado! Es más, me atrevería a decir que ni siquiera el país tiene que estar preparado. Para respetar los derechos humanos no hay que preguntarles a las mayorías si es que se tienen que respetar o no. Simplemente tienen que respetarse. Por eso no soy partidario de que se plebiscite si la gente está de acuerdo o no con el matrimonio igualitario. Es un derecho humano que no se tiene que plebiscitar. Por ejemplo, propuse hace dos años el proyecto de eutanasia. Puta, qué me costó sacar las firmas para un proyecto que, a mi juicio, era tan de sentido común. Qué interés podría tener la sociedad en obligar a alguien en etapa terminal a que termine o no su vida con dignidad. Estamos muy atrasados. Somos un país preso de viejos dogmas. Un país pechoño totalmente. Cuestión que ha ido cambiando radicalmente, pero al menos la elite es muy pechoña. Incluida la elite de izquierda.

¿En qué lo ves?
-En lo que fue la transición, claramente, hubo un pacto entre la Concertación y la Iglesia para no abordar estas agendas valóricas. No me cabe duda. La DC tenía mucho peso, y además algunos en la Concertación creían que la Iglesia había cumplido un rol contra la Dictadura y, efectivamente, fue así, como que le debían eso. Entonces, el acuerdo fue no vamos a tocar estos temas, que además dividían a la propia coalición de gobierno, pero por esa decisión nos tuvieron 25 años sin poder discutir un mínimo, mientras todo el resto del mundo avanzaba, nos tenían arrinconados.

Como liberal, ¿estás a favor de la legalización de todas las drogas?
-Por supuesto. Hay que respetar la libertad individual. No veo cuál es el interés de la sociedad en criminalizar a alguien que está haciendo uso para consumo personal. Otra cosa es el narcotráfico. La manera de vencer el narcotráfico es despenalizando las drogas. El prohibicionismo lo único que hace es que los narcos se hagan más fuertes. La guerra militar a las drogas se ha perdido en todas partes. Es un desastre, una política fracasada.
Estás detrás del proyecto que prohibía los animales en circos y que fue rechazada en el Congreso.
-Lamentablemente, nos cagaron. Una cultura que disfruta de la crueldad animal no es cultura. Y en Chile en 1823 cuando se abolió la esclavitud, en el mismo decreto se abolieron las corridas de toros en Chile. Tiene que ver con eso, con una sociedad más civilizada, con una nueva ética en el trato a los animales, donde se les tiene que reconocer como seres sintientes y no como bienes muebles.

¿Hasta dónde llega tu animalismo, eres vegano?
-No lo soy. No soy tan radical.