¿Esperaba ganar el premio Nacional?
-No. Nunca peleé por premios. O sea, me gustaba estar en el lote principal para discutir y hablar leseras, pero no pa agarrar premios, porque me daban lo mismo.

¿Qué hará ahora con tanta plata?
-No sé, poh, ahí veré. Hay que ver la plata primero. ¿Cuánto es el premio?

Es mucha plata: 18 millones más una pensión vitalicia de 900 mil pesos mensuales.
-¡Mish! Algo habrá que hacer, poh.

¿Por qué cree que le dieron el premio?
-Debe ser por los años que llevo en esta pega, que siempre me cautivó y todavía quiero. Yo he tratado siempre de ser periodista bueno, nomás. Ojalá alguna vez lo consiga, ja, ja, ja.

¿En qué ha estado este último tiempo?
-No he dejado el periodismo. De repente me piden artículos en algunas partes. O me invitan a esas cosas donde entrevistan a los periodistas.

El periodismo ha cambiado mucho. No es como cuando usted estaba en el Clarín. De partida, ahora existen las redes sociales.
-Sí. Eso a uno lo ha obligado a estudiar un poco más. Antes uno no estudiaba, se tiraba nomás. Entre los periodistas más viejos, teníamos que mostrar las patas. O sea, demostrar cuánta calle teníamos. Y, la verdad, es que yo siempre me llevé bien con la calle.

Siempre fue callejero.
-Y copuchento y cahuinero. Las tres cosas importantes que tiene que tener el periodismo.

¿A los periodistas de ahora les falta calle?
-Sí, les falta salir a reportear. Lo hacen de otra manera, con internet, aunque yo prefiero comadrear en la calle, porque soy copuchento por naturaleza.

¿Todavía sale a copuchentear?
-Sí. Salgo a reportear al centro de repente. Pero ahora los periodistas callejeros se sienten explotados y nos pasaba a nosotros también. La diferencia es que nosotros no lo hacíamos sentir, en cambio ahora protestan y alegan, y está bien.

¿Y usa las redes sociales?
-No mucho, se me van en colleras, yo prefiero más el polvo.

¿Cuál polvo?
-Ja, ja, ja. Los dos: el polvo que todos conocemos y el polvo popular.

VOLPONE, ALLENDE Y FIDEL

¿Qué echa de menos del periodismo de su época?
-Los periodistas eran gallos que se estrellaban en la vida. Vivían la época, eran inteligentes, mentirosos, en fin. El grupo periodístico era bueno en esa época. Eran unidos, se iban de farra. El fin de semana había un descanso natural con harto vaso de vino. Nos juntábamos en el centro. Hacíamos vida social desde el punto de vista periodístico. Puros periodistas, no admitíamos hueones intrusos. Se vivió y se trabajó bien en esos años. Era un periodismo vital que te obligaba a estar atento, listo y despierto. Ahora hacer periodismo se ha perdido un poco. ¿Te has fijado? Era más entretenido antes, me gustaba más.

¿Lee prensa escrita?
-Mucho menos que antes. Leo El Mercurio, que encuentro que es el diario mejor informado, aunque desde su punto de vista, entonces ahí estoy en desacuerdo de partida, pero de todas maneras vale la pena intrusear. Pero de repente uno se cabrea de leer tanta política y opto por los libros.

¿Cómo ve la prensa actual?
-A la prensa le falta humor, pasarse más para la punta, perder el respeto, ser más copuchenta y cahuinera. Como diríamos los vulgares, a veces se ponen maricones. No les gusta publicar cosas que pueden cambiar el criterio o la idea. Y cuando se meten en política, ahí uno se pone cachúo.

¿Por qué?
-Porque tratan de convencernos de que su línea editorial es la última palabra. Y de repente es mentira.

El Clarín era bien político y partidista de la UP.
-Sí. Clarín fue un diario político, pero en ese tiempo todos los partidos tenían sus diarios. Hasta la derecha tenía uno popular. Pero el Clarín fue siempre el medio más copuchento. Y nos metíamos en copuchas grandes, no en pequeñas.

¿Cuál fue la copucha más grande que se metieron?
-No me hagas recordar. Generalmente, las copuchas más grandes me dejaban veraneando en Capuchinos. Pero los tiempos parece que han cambiado, a los periodistas ya no los meten presos.

El periodismo en ese tiempo era más pasado para la punta, ¿o no?
-Sí, las portadas del Clarín eran bien pasadas para la punta. Y en ese tiempo, buscaban a los directores que se pasaban pa la punta tupido pa meterlos presos. Estuve no sé cuántas veces en la cárcel. Yo era bien bueno para joder la cachimba. Pero nunca me pudieron sacar el cuero. Yo era un tipo políticamente bien instalado, que picoteaba mucho, pero siempre fui un periodista independiente políticamente y me cuidé mucho de que no me jodieran la cachimba. Pero siempre disparé.

Pero usted compartía el ideario de la UP.
-Eso sí, creí mucho en lo que quería Allende para el país.

¿Echa de menos esa izquierda?
– Añoro esa izquierda. Ahora es otra izquierda. Antes te dejaban opinar. Tú te metías en las discusiones con argumentos buenos y, cuando tenías un argumento malo, te pegaban una patá en el poto rápidamente. Era así la cosa. Ahora no. Los políticos han cambiado mucho.

En la época del Clarín, los periodistas metían más la cuchara en política.
-Sí. Antes que llegara Volpone no nos daban bola. Él nos dio libertad.

 

¿Volpone era muy complicado, como dicen?
-Uf, era odioso. Y te digo, jodía la cachimba a los periodistas. Se lucía. Y con él, los periodistas le pusieron empeño. Y yo me llevé siempre bien con él. Nunca tuvimos atados.

¿Cómo era hacer periodismo en tiempos de Allende?
-Estuvo bien. Yo era amigo de Allende y podía opinar, porque, generalmente, no dejaba que otros opinaran. Su opinión era la única valedera. Conmigo tenía una relación más cordial e íntima.

¿Allende se metía en la línea editorial del Clarín?
-Allende era intruso como caballo. Tuvimos un diario donde el Partido Socialista estaba metido y, en el fondo, el director terminó siendo él. Cuando estaba en el Clarín, Allende me llamaba temprano para copuchentear. Llegaba con pelambres de otros partidos, de políticos, de los enemigos. Era jodido. Siempre andaba con cahuines con un grupo periodístico que estaba cerca de él, yo también estaba metido ahí. Copuchaba como loco.

Una vez usted lo pilló en La Moneda recién bañado. Venía de estar con una mina.
-Sí. Le dije que no podía andar a poto pelado en la Moneda. Allende siempre llevaba minas para allá. Era bien picarón.

¿Usted militó en algún partido?
-No. Al comienzo era un poco tirado a comunista. Tirado, porque no era de las filas, sino que simpatizante opinante. Pero después me cabrié.

¿Por qué se cabreó?
-Porque, en el plano interno, los comunistas son más pesados que la miéchica. Son muy jerárquicos y dictaminan las cosas y uno tiene que pensar igual para adelante, porque si no piensas igual para adelante, te pegan la patá en el poto rápidamente.

¿Ahora tiene cercanía con algún partido?
-Nada. No me meto en política. Me cabrié. Los políticos cambian mucho en sus reuniones. De repente, están hablando pa ese lado, y luego te encontrai que están hablando para el otro lado. Y eso pasa tanto en la izquierda como en la derecha. Me interesan los respectivos, pero no para meterse con zapatos.

¿Quienes son los respectivos?
-Los comunes, los que están ahora. Generalmente, los políticos jóvenes llegan con nuevas historias, nuevos caminos, y hay que someterlos a una observación bien amplia. Yo encuentro que la derecha está más conservadora que antes, pero también como que se ha retirado un poco. No opina tanto, como cuando se metían en todas las cosas, así como también los comunistas. Ahora empezaron a seguir rutas casi parecidas.

¿Qué le parece Bachelet?
-La encuentro simpática, es activa, opinante. Una buena presidenta.

De las portadas que usted hizo, ¿cuál es su favorita?
-Mira, yo era buen titulero. Los diarios que yo titulé, en la época, siempre estuvieron en la cima.

¿Y ese talento cómo surgió?
-Estaba de Dios, como dicen.

¿Hay algún titular que recuerde más?
-No, mijita. Han pasado tantos años. Pero yo era bien fresco, ja, ja ja. No tenía respeto por nadie. Pero no se enojaban. Cuando el Clarín agarró vuelo, era la última palabra respetada por todos. Incluso, los enemigos.

Cuando estuvo Fidel Castro en Chile se anduvo enojando por una foto en portada donde sale bailando con otro hombre…
-Sí. Es que no éramos muy respetuosos. Fidel estuvo harto tiempo acá. Fue agotadora la visita.

No se iba nunca…
-Sí, y había que seguirlo para todos lados. Y era trabajador el gallo, no se hacía el sueco, se metía en todas las paradas. También era bueno para ponerle. Le gustaba el vino nacional. Era un tipo muy inteligente y simpático. Ahora, era simpático con su grupo. Con el resto, era medio pesado el huevón. Y tenía mucho arrastre con las mujeres. Era coqueto. No descuidaba nada, ni la revolución ni la coquetería. Era más intruso que la cresta. Se metía en todo.

Una portada emblemática que sacó usted estando en el Clarín, fue cuando vino la reina Isabel a Chile: “La Chabelita es liviana de sangre: tiene buenos choclos”, rezaba el titular.
-Claro, es que tenía buenos choclos poh. Eso era cierto. Esa vez nos tiraron las mechas por faltarle el respeto a una reina. Nunca medimos las consecuencias de las portadas.

¿Pero respetaban a alguien?
-A los presidentes, generalmente. Siempre fui respetuoso de los políticos. Son gallos que ocupaban su inteligencia y la usaban bien. Y cuando la usaban mal, se lo decíamos y salían disparados.

Se mantiene muy bien a sus 96 años. ¿Cómo lo hace?
-Puedo llegar a los cien años así como voy. Me ha servido estar con mi familia. Nunca he tenido problemas con ellos. Todos presumen ser inteligentes, entonces yo tengo que ponerme inteligente también, ja, ja, ja. Me muevo harto también. Camino, troto de repente, voy al fútbol, al boxeo. Y sigo saliendo a reportear. Eso no se pierde. Me junto con jóvenes y viejos. Uno puede tener más años, pero el mate se sigue manteniendo igual.

Aparte de periodista, usted ha sido un gran consejero sentimental.
-Y con gran éxito, te digo. Tenía infinidad de lectores.

¿Cómo cachó que tenía habilidades para aconsejar?
-Cuando dejé de ser cabro, me las di de conquistador, y me fue bien poh.

Pinchó hasta con la Gladys Marín.
-Sí, claro. Así es la vida.

¿Qué consejo sentimental les daría a los lectores del Clinic?
-Que hay que dejarse querer, y ahí uno sapea quién lo quiere más, y se queda con la que más le acomode. Pero no estar eligiendo a cada rato. No hay que ser tan picaflor. Yo he sido normal. He tenido suerte, eso sí. Me iba bien con las mujeres. Me encontraban simpático. Siempre he tenido mujeres y amigas buenasmozas, cordiales e inteligentes.