No me robaron ningún libro, pero sí me sacaron una colonia rasca que usaba después de pasarme la afeitadora, más que nada para sacarme las vellosidades residuales de la cara y refrescarme. Me llamó la atención que no se llevaran un perfume de mayor calidad que me había regalado mi sobrina que vende productos Avon, que es sobre todo, artista del grabado. Lo demás fue una tele que era de mi mamá, un notebook en que guardaba toda mi información relevante (algún respaldo hay) y que también me servía para escuchar música mientras trabajaba, mi Victorinox que estaba en el velador y un par de bototos Caterpillar más viejos que yo. Y a mi sobrina, con la que compartimos casa, le robaron la guitarra y una mochila con ropa vieja para vender en la feria.

¡Puta, los huevones ordinarios! Esto pasa en una ciudad perra en que la llevan los domésticos, esa criminalidad de baja intensidad que te destruye la convivencia diaria. Yo creo que no me robaron más de 50 lucas y, además, como yo soy zen no tengo obsesiones con la posesión de bienes de consumo, la cuestión no es tan terrible. La lata es que rompieron la puerta, es decir, fue un típico acto de maldad practicado por gente dañada, o algo así, probablemente aliado con algún sapo de la contru de al lado, porque desde que están construyendo un edificio chulo junto a mi casa en Cerro Bellavista los robos han aumentado en el barrio. Lo que más lamento es que me perdí el último capítulo de Game of Thrones.

Yo estaba en pleno desierto de Atacama cuando recibí la noticia del robo, un whatsapp de mi sobrina, los ladrones sabían que yo estaba fuera de la región, los sapos de la contru que tengo a lado de mi casa lo tenían claro, esa es mi tesis investigativa. Había ido al norte como parte de una gira artística.

En la reunión de la Junta de Vecinos el sábado, en el salón parroquial de la Iglesia Espíritu Santo, conversamos del tema de la inseguridad barrial y otros, relacionados con la coordinación con las autoridades. Lo concreto es que nos tienen de caseros. Es como si la derecha hubiera soltado a sus perros contra la vida ciudadana para capitalizar de esa barbarie. Porque los pacos no están haciendo la pega. Siempre que se los llaman para que hagan algo con los escándalos en la escalera La Fama, con todos esos pendejos y artistas (basura humana) que se ponen a chupar y a consumir iniquidades, no aparecen. Como que les interesara que esto toque fondo, y ya tocó, porque acá ya no se puede habitar con mediana tranquilidad. Lo digo como una dueña de casa responsable. Lo otro que me quedó súper claro es que mi vecindario, igual que yo, odia ese evento extorsivo llamado Mil Tambores que acontece cada año contra la ciudad y en el que participa basura humana de todas las ciudades de la zona central, ocupando la ciudad como espacio de carrete barato, además de meadero y cagadero.

En este punto estamos en el centro de las preocupaciones de lo que se conoce como seguridad ciudadana. Apenas tenimos pega y nos tienen cercados los huevones malditos que sólo quieren arrasar con lo que queda de ciudad, que ya es poco. Ocupación militar se ha dicho, que es lo que propone Kast para la Araucanía, habría que proponerlo para Valpo y las grandes ciudades de Chile. Drenaje social, eliminar el porcentaje perturbado de la población a través del gatillo fácil, porque con la marginación no basta. Y terminar con esto de la cultura, porque le lleva aparejado mucho alcohol y drogas, y luego vienen los delitos. Sacando el parlamento y el ministerio de la cultura de la ciudad, la criminalidad baja de inmediato. Se los doy firmado, como dicen los que se dedican a la política electoral.

A todo esto, a nivel macro doméstico, tanto la hedionda Nueva Mayoría como el pelotudo Frente Amplio, son responsables de la nueva ascensión del facismo – ese que viene con Piñera y su proyecto de criminalización de la vida social y con su ansiedad por el crecimiento a todo evento–. Pero hay un evento político clave en todo esto, que fue la fascinación de los analistas políticos que ocupan los medios cuando comprobaron que el Frente Amplio se movía con la misma ordinariez que los políticos tradicionales. Hay en la “nueva” izquierda una falta de visión estratégico republicana, y parece darles lo mismo entrar en el pantano de la incertidumbre, porque el infantilismo político prefiere la utopía de la guerra generalizada como sustrato de su sobrevivencia política.

El autogol de Vidal es clave a nivel simbólico en relación con la entrada en decadencia de nuestro sistema nacional de identidad. La clase dirigente no tiene más oferta que el espesor de la mierda neoliberal que sólo concibe la existencia de sujetos, más o menos tecnologizados, que consumen falsas necesidades y no una trama pulsional más compleja.

Lo mejor de este gobierno es su fracaso y eso puede ser un buen capital político para lo que viene. Porque de alguna manera se desprende un alma ligada a la barbarie económica. Fue placentero para un simple vecino amante de la jardinería que primara el desprecio a la extorsión empresarial.

Nos odiamos, qué duda cabe, no podría ser de otra forma. Igual es necesario no matarnos y llegar a acuerdos de gobernabilidad.