El hambre, la hambruna como se le dice endémicamente, es una de las situaciones que la humanidad nunca ha podido resolver, pese a que la riqueza y los alimentos que hay en el mundo alcanzan para todos. Esto si es que existiera una distribución más equitativa. Cosa que no acontece.

Así las cosas, Naciones Unidas informa que después de 14 años vuelve a crecer el número de personas en el planeta que se acuesta sin haber ingerido lo necesario para la subsistencia.

Hoy, dice la ONU, hay más de 815 millones de personas que pasan hambre, cifra que se compara con los 777 millones de dos años atrás.

Desde 2003, recuerda una publicación de El País, que no aumentaban en la tierra los subalimentados, cuestión que -afirman- era predecible. Esto porque “había señales de sobra para preverla. La hambruna ha reaparecido este año en Sudán del Sur y hay otros tres países (Yemen, Somalia y el norte de Nigeria) cerca de caer en sus garras. En los últimos años han estallado guerras y enfrentamientos que se alargan y se agravan (de hecho, 6 de cada 10 hambrientos viven en países en conflicto). Y también hay regiones muy dependientes de la agricultura que llevan tres o más temporadas sufriendo sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Estos son, precisamente, los factores que explican la subida, según el informe presentado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) y otras cuatro agencias de la ONU en Roma”.