La imagen Piñera, aquella que lo distinguía “de sus pares no por carecer de problemas en la relación entre dinero y política, sino por la índole de los problemas que en ese ámbito tenía”, es la que podría resultar dañada luego de que se conociera el episodio de las facturas a SQM vinculadas a su campaña, dice Carlos Peña en la columna que escribe para El Mercurio titulada “Piñera, la marca maltrecha”.

El rector de la UDP sostiene que, hasta ayer, el problema de Piñera era “ser demasiado rico, tanto que casi cualquier paso que diera, para allá o para acá, lo hacía incurrir en conflictos de interés. Su problema no eran los vínculos inconfesables, sino su fortuna. Esa fortuna lo hizo tropezar muchas veces; pero ningún tropiezo lo dañó. Y es que la gente atribuía su conducta a pecado de concupiscencia, no a vínculos impresentables. Al deseo de ganar, no al sometimiento tácito con que tarde o temprano (es cosa de leer a Mauss) se pagan las dádivas”.

Entonces eso lo que de alguna manera se quiebra con la revelación que hace la prensa, argumenta Peña, pues ahora se sabe “que él, Sebastián Piñera, un hombre rico como el que más, para quien cinco millones de pesos son menos que nada, dejó que SQM, la empresa cuyo controlador era Ponce Lerou, le pagara parte de los gastos de campaña”.

“Es difícil imaginar una escena más explosiva y con un contenido simbólico más feo que ese. Una situación no muy distinta a la de ME-O, Rossi o Ena von Baer, de quienes Piñera presume estar en las antípodas”, afirma el abogado.

Y dicho calificativo -advierte- “resulta aún más feo porque él alcanzó la presidencia gracias, en parte, a esa ayuda que al parecer no se limitó a cinco millones de pesos (una información de CIPER publicada ayer detecta proveedores de su campaña pagados por SQM en sumas que ascienden a más de cien millones)”.

“Sí, es cierto, una situación similar puede reprochársele a Michelle Bachelet, cuya campaña, a través de Asesoría y Negocios, también fue financiada por SQM y su controlador, Ponce Lerou; pero lo grave para Sebastián Piñera es que, hasta ahora, él había logrado eludir esa forma tácita de servidumbre”, sintetiza Carlos Peña.