“Buena parte de mi vida ha sido como un sueño adolescente de la vida adulta. Si aún fueras un chico, de una forma casi como Peter Pan, y pudieras tener la vida perfecta que quisieras, ésta es la vida que inventé para mí”, decía el fundador de Playboy, Hugh Hefner, a Los Angeles Times en 1992.

Así como ésa, durante sus 91 años de vida, el hombre bata (murió anoche por causas naturales) habló en reiteradas ocasiones de aquella existencia envidiada por muchos y considera superficial por otros tantos.

“Disfrutamos combinando cócteles y un aperitivo o dos, poniendo algo de música de ambiente en el tocadiscos e invitando a una chica conocida para una tranquila conversación sobre Picasso, Nietzsche, jazz, sexo”, es lo que Hefner planteaba en la editorial de la primera edición de la revista en 1953.

“Bueno, si no hubiéramos tenido a los hermanos Wright, seguiría habiendo aviones. Si no hubiera habido un Edison, seguiría habiendo luces eléctricas. Y si no hubiera habido un Hugh Hefner, seguiríamos teniendo sexo. Pero quizá no lo disfrutaríamos tanto. De modo que el mundo sería un poco más pobre. Ahora que lo pienso, también lo serían algunos de mis parientes”, pronunciaba en 1974.

“Las mujeres son las principales beneficiadas de que nos libremos de las viejas ideas hipócritas sobre el sexo. Ahora algunas personas hacen como si la revolución sexual hubiera sido una trama masculina para conseguir sexo. Uno de los resultados involuntarios del movimiento de las mujeres es la asociación del impulso erótico con el ansia de hacer daño a alguien”, había sido otra de sus reflexiones.

Hugh Hefner también diría alguna vez que había que hurgar en su infancia, en su familia, para entender su comportamiento de vida. “Parte del motivo por el que soy como soy son mis profundas raíces puritanas. Mis padres son puritanos. Mis padres son prohibicionistas. En mi casa no se bebía alcohol. No se hablaba de sexo. Y creo que vi muy pronto el lado doloroso e hipócrita de eso”. La frase era para la agencia AP en 2011.

Acaso unas de sus más recordadas serían “he pasado gran parte de mi vida buscando amor en los lugares equivocados” (1992, New York Times) y “llevo 30 años en una despedida de soltero. ¿Por qué necesito una ahora?” (antes de casarse en 1998).