Imagen de portada: David Estrada Larrañeta-FNPI / Texto de Laura Montoya Carvajal

Hace pocos días el director de The Clinic, Patricio Fernández, viajó a Colombia para participar en el Festival Gabriel García Márquez de Periodismo, donde dictó el taller Humor y opinión en el periodismo. Ahí se dialogó sobre las supuestas reglas y los límites del humor, además del potencial que tiene este para enriquecer los ejercicios periodísticos. Lo que viene son las principales definiciones.

Lo políticamente correcto y su democracia de cristal

“En esto efectivamente hay conquistas de respeto, pero cuando pones lo políticamente correcto como un marco en el que dejas de moverte o hablar, cuando cuidamos así las palabras, me da la sensación de que estamos en una democracia de cristal, en un territorio de mucho cuidado (…) Cuando el humor entra a ser calculado, definido en sus márgenes, se empieza a amenazar esta democracia. Todos estamos en derecho de hacer humor de mal gusto, aunque a veces nos pasemos de la raya. El poeta chileno Nicanor Parra decía que entre caer en la solemnidad y caer en la vulgaridad, es preferible caer en la vulgaridad”.

Los límites del humor

“El humor habita en ellos. Hace reír eso que está de alguna manera en un borde transgresor. Existen tantos humores como formas de pensar, como filosofías, como pensamientos políticos, y ninguno debería prohibirse (…) A mí me entrevistaron mucho sobre lo de Charlie Hebdo, y me sorprendía que me preguntaran tanto sobre los límites del humor. Sentía que cada vez que lo hacían estaban justificando el atentado”.

Reír de las creencias

“¿Dónde entraría yo a dar a una pelea fuerte? Me daría puñetazos con alguien que se burle de un torturado, de un pordiosero que sangra, ¿Pero de una creencia? Me cuesta mucho creer que uno no se pueda reír de las creencias. De las primeras de las que me río es de las mías”.

Jugar o declarar: la diferencia entre la diversión y un delito

“El límite legal está entre jugar y hacer humor sobre alguien y declarar o afirmar que ese alguien efectivamente hizo algo. La exposición de portadas de The Clinic que están viendo, donde nos reímos de personas, es el envoltorio de un trabajo periodístico riguroso, lejos de la injuria y la calumnia”.

Humor negro para sobrevivir

“El humor negro está también en la esencia de la sobrevivencia. Nietzsche decía que el humor es una forma de sobrevivir al dolor. En el mundo pasan cosas atroces tienes dos posibilidades: decidir que estas no pasan, evitar frases molestas, o asumir que el mundo está lleno de dificultades que hay que sortear. El humor es una forma de vivir en un mundo imperfecto, donde no estás condenado solo a llorar”.

Sobre el mandato de no reír de algunas cosas

“Esta responsabilidad se pone equivocadamente sobre el humor. Creo que debería ponerse en lo que debe o no debe hacerse en la vida. Se le piden al humor tantas correcciones como si el humor no tuviera tantas facetas como mundos culturales. No puedes pedir a alguien que no se ría de algo, como no puedes pedir a nadie que deje de pensar en algo”.

Lo indeterminado permite el humor

“Lo que me interesa del mundo del humor es que es un mundo no claro. Al que tiene los mundos claros le cuesta reírse: repito, en la solemnidad radica la muerte del humor. El humor es el orgullo de la duda, es cuando la incerteza encuentra confianza, es cuando la certeza no reina”.

Me gusta y no me gusta como argumento

“Fundamentar una discusión en lo que a alguien le gusta o no le gusta me parece primario y me interesa poco. El sentido crítico no es cercano al me gusta. Que no sea solo la emanación espontánea de egocentrismo lo que haga decir que algo te gusta o no. La tarea central del periodismo hoy en día no es decir me gusta, es ser rigurosamente fiel a las verdades que se ven y se buscan y transmitir lo más verídicamente posible los hechos que se presencian”.

Opinión en el periodismo: primer acercamiento

“Llegué a ella tratándola como un género literario. Me interesaba encontrar motivos para escribir y la columna de opinión está en un cruce de caminos interesante. Yo creo que tiene que tener tono, lenguaje y literatura. Y cada vez creo más que uno no puede opinar con soltura y con arte si no sabe muy bien de lo que está hablando, si no ha reporteado, si no se ha compenetrado con lo que va a tratar”.

Breve contextualización del ambiente y los conflictos sobre los que informar y opinar

“En mi generación y la anterior se estaba ante la posibilidad de un sueño que tenía catedral en La Habana. Había un mundo que creía que el hombre podía ser feliz siguiendo una receta y América Latina parecía el lugar para ello. Estaba claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos, después de la Guerra Fría. Había un mundo capitalista enfrentado con un mundo socialista, y este último había conquistado más de la mitad del mundo, por lo tanto hacer la revolución no era una ingenuidad. Hoy estamos en la desarticulación social de ese sueño, en un mundo conquistado por el capitalismo, que no parece tener alternativa, y esto genera todo tipo de conflictos nuevos que coinciden con la revolución tecnológica más grande de la historia de la humanidad”.

Un reto claro para el oficio

“El periodismo hoy está llamado a ser un dique del poder: lo vigila, lo espía, lo supervisa, está mirándolo atentamente. Es quien puede abrir las cortinas y mostrar lo que está sucediendo, donde ellos quisieran que no entrara la luz”.