El Frente Amplio es un esfuerzo político que recoge diversas tradiciones y experiencias, desde organizaciones políticas del mundo progresista hasta organizaciones de izquierda revolucionaria, que han optado por poner de lado las diferencias para enfocarse en construir un proyecto posneoliberal.

En el contexto de un año electoral, el Frente Amplio ha tenido que enfrentar tensiones propias de una coalición política naciente y con vocación de poder. Asimismo, ha debido enfrentarse a la inercia de una forma de resolución de conflicto muy propia de los noventa con resultados dispares, lo que nos ha valido legítimos cuestionamientos que debemos recibir como advertencia y con espíritu de aprendizaje.

Sabiendo esas dificultades, hay que ser sumamente cuidadosos y pocos lo han sido. Creemos, por ejemplo, que se nos hace un flaco favor cuando figuras mediáticas del FA saludan – sin miramientos ni respaldo de las bases- candidaturas como la de Yasna Provoste, de la Democracia Cristiana o la de Marisela Santibáñez, del Partido Progresista. Que no se mal entienda, aún cuando podría ser positivo que más mujeres compitan por un cupo en las cámaras, sobre todo teniendo en consideración que de 38 senadores sólo 6 son mujeres. No podemos dar nuestro apoyo a una mujer sólo por el hecho de ser mujer o apoyar en base a nuestras cercanías personales. Estamos hablando de la construcción de un proyecto histórico y apoyar a Provoste, por ejemplo, significa respaldar un proyecto político que no es nuestro; no lo ha sido, ni lo será. No olvidemos que las posiciones de la Democracia Cristiana, en cuestiones como educación pública y el proyecto de aborto -entre otras- y los intereses que han defendido durante las últimas décadas, están en las antípodas de lo que creemos como Movimiento Autonomista, y de lo que la amplia mayoría de los militantes y simpatizantes del Frente Amplio creemos es lo correcto.

Por otro lado, igual de poco cuidadoso es el llamado a un “Todos contra Piñera” sin más. El Frente Amplio no puede reducirse a ser una fuerza auxiliar a la Nueva Mayoría por simple oposición a Piñera o a Chile Vamos en general. Sabemos que las ideas de privatizar, mercantilizar, focalizar, se encuentran en todo el espectro político y la lógica del “mal menor” ya nos tuvo por demasiado tiempo cautivos de una dinámica que sólo fue funcional a mantener y profundizar el modelo heredado.

Ser una figura mediática conlleva una gran responsabilidad. Sobre todo si estamos ante un proyecto naciente, expuesto a muchas tensiones, como por ejemplo aquella sobre la representatividad de las dirigencias, ya ampliamente discutida y criticada a propósito del rol de la mesa del Frente Amplio. No solo se trata de evitar el caudillismo y la política por aclamación, como tampoco el problema puede ser reducido a qué tanto representamos a las bases con nuestras opiniones. Por supuesto que cada liderazgo tiene derecho a exponer las ideas propias, el meollo del asunto está en que esas ideas y propuestas sean coherentes con los principios y las formas del proceso. Es por eso que tenemos una diferencia importante con las opiniones vertidas con Pamela Jiles respecto de la segunda vuelta. No sólo se atenta contra la unidad política del Frente Amplio reavivando la tesis del todos contra la derecha, sino que además, al omitirse una propuesta democrática de resolución de la diferencia, lo natural es que las cosas se resuelvan como se han venido resolviendo, es decir, a través de la mesa del FA. Y si hay algo que uno podría afirmar con certeza respecto de las bases de éste, es que no hay nada más lejos de sus principios que el quehacer sobre la segunda vuelta se resuelva en la mesa. De nuestra parte en primer lugar nuestros esfuerzos están puestos en que Beatriz Sánchez pase a segunda vuelta y tenemos la convicción de que si logramos hacer sentido a capas de la población que en los últimos años han visto con lejanía la política institucional pero que viven en carne propia las contradicciones del modelo, ese objetivo es absolutamente lograble. En la eventualidad de nos ser nosotros quienes estemos en la papeleta en Diciembre, creemos que lo más coherente con una proyección a la largo plazo de este esfuerzo, es que la discusión sobre el qué hacer radique en los comunales de base, como muestra de la que soberanía de este proceso radica allí y no en las cúpulas o las direcciones de los partidos, y que la decisión final sea zanjada mediante un plebiscito que convoque a comunales de base, regionales y a todas las personas que se sientan parte del proyecto Frenteamplista.

Cada paso que demos va configurando el carácter de lo que estamos haciendo, y en ello tienen especial responsabilidad los rostros y figuras. El Frente Amplio a pesar de su juventud ya ha venido decantando posiciones claras en torno a la relación con la Nueva Mayoría y a no ponerse como vagón de cola aún ante la amenaza de un gobierno de derecha. Entonces, ¿qué sentido tiene insistir en ideas por fuera de lo decidido colectivamente? ¿Qué certezas sobre su posible desempeño en el Congreso le da al Frente Amplio, a Beatriz Sánchez y a los frenteamplistas una candidatura, si el día de hoy ya se pone por fuera de las posiciones y de las formas que nos hemos venido dando? ¿Qué opinarán los comunales frentamplistas del distrito 12 al respecto?

Cuestiones como estas abren el debate sobre a quién le responden las candidaturas y la parlamentarios del FA, llaman a ponderar mucho más el rol de los y las individuas en un proyecto colectivo, pero por sobre todo nos llaman a reconocer que todavía tenemos mucho trabajo para sacar el neoliberalismo que vive en nosotros y que puede poner en riesgo el proyecto que tantos años nos ha costado construir.