Poco antes que Gerardo Scheel cumpliera 51 años, nació Nicolás, su cuarto hijo. “Era como un gatito, lindo”, recuerda, y hace un gesto con las dos manos, como acurrucando una guagua a la altura de su pecho. El día de su nacimiento estuvo ahí. En ese tiempo, Gerardo estaba casado y tenía tres hijos, Franz, Johann y Heidi. Aunque nunca vivieron juntos, Gerardo fue un padre presente. “Mi papá estaba siempre, fue así con todos. Uno podía estar en un carrete y lo llamabas a cualquier hora y llegaba al tiro”, cuenta Heidi Scheel. Para Gerardo, Nicolás era una “bendición”. A esas alturas de la vida ya sabía que los niños crecen demasiado rápido y no quiso perdérselo, “le dediqué mucho más tiempo que a mis otros hijos”, cuenta. Se veían los fines de semana, viajaron solos varias veces y le inculcó el deporte. A los cinco años empezaron a subir cerros, a los seis a escalar, luego a esquiar, y a los ocho años comenzó con el rugby, hasta ahora que entrenaba a diario en el Stade Francais. Gerardo lo llevaba cada mañana al colegio, algunas veces también lo iba a buscar. “Nunca tuve un acuerdo de visitas, porque eso habría significado verlo una o dos veces por semana y yo lo veía todos los días. De chico lo hacía dormir contándole historias de mis viajes, a veces me quedaba dormido a los pies de su cama, y si alguna mañana se atrasaba, mientras se lavaba los dientes, yo le secaba el pelo con el secador. Era muy metido”, recuerda Gerardo.

Ha pasado un poco más de un mes de la muerte de Nicolás. Gerardo y su hija Heidi están en un café a pocas cuadras de donde lo encontraron la madrugada del 31 de agosto. Cuentan que a los pies del árbol que Nico se suicidó -en Pocuro con Tobalaba- se ha ido armando un pequeño memorial espontáneo, y no pretenden esquivarlo, pasan comúnmente por ahí. Gerardo usa una medalla que le dieron al Nico en el rugby a los 11 años y ella viste la parka azul de su hermano. “Cosas normales para un duelo”, explica Heidi. Ambos tenían una relación especial. Ella es profesora de kínder de pedagogia Waldorf y vive en Pucón con su marido, también profesor, y sus hijos Álex (15) y Oliver (13). El Nico era como su hijo-hermano y para sus hijos, el Nico era el hermano mayor. Viajaba varias veces al año a visitarlos, los últimos días antes de morir, estaban planificando la ida de Fiestas Patrias. “Los últimos cuatro años fue a los campamentos EOS en el sur que le encantaban, se hizo muchos amigos allá. El Nico era un niño amoroso y solidario. Durante mucho tiempo cuidé a mi nana que tenía Alzheimer y él iba, le daba comida, le hacía masajes y le cambiaba los pañales”, cuenta.

Durante la larga conversación, hay muchos momentos en que Gerardo y Heidi se quiebran. A la pérdida de Nicolás, se suma la conmoción que el caso generó en los medios y aún están choqueados con la mayor parte de las cosas que se han publicado. Como que el Nico fue encontrado con 71 gramos de marihuana en el colegio -cuando está probado que son 1,7 gramos-, o una carta que le adjudicaron falsamente a Gerardo, sumado a una sarta de elucubraciones y comentarios desubicados que no quieren repetir ni menos rebatir. En lo que no se pierden, es que con Nicolás hubo desatinos institucionales claros. De hecho han participado en todas las instancias de investigación abierta en este caso, una del gobierno francés y otra de la Superintendencia de Educación. De este dictamen depende cómo siguen avanzando en la parte legal. Pero por sobre una posible demanda, hay otra razón importante para dar testimonio: que la historia no se repita.

Lo que se vuelve opaco en el relato, es cuando transitan por el sufrimiento insondable que el Nico atravesó en esas horas previas. Cuando no vio otra salida y no pudo (no supo o no quizo) pedir ayuda. “Para mí como papá, el Nico era un niño feliz, eso creía yo. Pero algo se quebró y terminamos de una manera inimaginable. Era un niño normal. Pero no percibí la gravedad de lo que sucedía adentro de él. Y eso me duele. Le había dicho que yo daría la vida por él. Pero no tuve la oportunidad”.


Heidi Scheel y su hernano Nicolás.

¿Cómo te enteraste de lo que había pasado con Nicolás en el colegio?
G: Lo primero que me llegó fue un mail de un amigo del colegio, que me ofrecía ayuda para Nicolás y después recibí una circular del colegio destinado a todos los padres de media, diciendo que habían encontrado a un alumno con marihuana en el colegio. Y eso fue varios días después de lo ocurrido. El colegio no se contactó conmigo.

Entonces el día que lo encuentran con marihuana, no supiste.
G: Ese día, el 11 de agosto, vi a Nico y a la mamá, pero no me contaron nada. Al día siguiente, salí unos días fuera de Santiago y recién el miércoles siguiente lo vi de nuevo. Noté al Nico como cabizbajo, no era el Nico de antes. Esa tarde lo fui a buscar al colegio y lo llevé a su casa y ahí hablamos: “Nico llegó esta comunicación, ¿no serías tú?”, pero como en un tono de broma. Y ahí me dijo que sí.

El colegio, pese a que tú eres el apoderado, ¿no te llamó?
G: No. Al principio fue la madre, pero desde hace años que soy el apoderado y el que va a todas las reuniones. En el colegio saben que con la madre no estamos juntos, eso ha sido desde que el Nico entró al colegio.

¿Cómo fue esa conversación con Nicolás?
G: Él se sentía muy mal con respecto a mí, me dijo que no quería darme problemas, decía que siempre me estaba fallando, no como sus hermanos. Pero yo le conté que sus hermanos tenían los mismos problemas que cualquiera, que no eran perfectos ni nada. La mañana siguiente, cuando lo fui a buscar, me dijo que tenía prueba y que no había estudiado nada. Estaba para adentro, me preocupé por como lo vi.

Cuando el Nico te contó que lo habían sorprendido con marihuana, ¿lo retaste?
G: No se lo celebré para nada. No sabía que él fumaba, pero tampoco me sorprende tanto que se tome una chela o que se fume un pito, entiendo que los jóvenes quieren experimentar cosas por su cuenta. Pero no lo fomento.Yo además ni fumo ni tomo.

¿Habían hablado de los pitos alguna vez con el Nico?
H: Yo sí.
G: Mi opinión era que mejor no consumiera. Él sabía eso.
H: Mis hijos tienen casi la edad del Nico y él me contaba muchas cosas. Me contó de su primera polola y con esto del carrete, yo le decía que había que cuidarse.

Según la versión que he leído, Nicolás estaba en el baño, con otro compañero, y los encuentra un inspector. ¿Es así?
G: El Nico corroboró que le estaba mostrando unos pitos a otro compañero…
H: …ahí llego el inspector y le revisó la mochila.

¿Saben qué pasó con el otro compañero?
G: No.

¿Y después qué pasó?
G: Lo llevan a una sala y lo interrogan. Luego, llamaron a los carabineros y a la mamá, los carabineros llegaron muy rápido y como la mamá se demoró, lo llevaron a la comisaría.

¿Quién lo interroga en el colegio?
G: No sé.

¿Cómo salió Nicolás del colegio? ¿Salió esposado, como se ha dicho?
G: Nunca le pregunté al Nico cómo lo habían sacado de allí. La única versión que hay, hasta ahora, es la del colegio, que afirma que los carabineros llegaron, lo esperaron afuera y salió con una inspectora cuando, se supone, nadie lo veía en el colegio y luego lo subieron al auto y se lo llevaron a la comisaría. La madre demoró porque estaba lloviendo y no podía conseguir taxi y ella lo fue a buscar a la comisaría. El colegio sostiene que un asesor de los carabineros les dijo que hicieran la denuncia. Pero la cantidad de marihuana que tenía el Nico, constituía una simple falta y no una detención. Pudieron haber esperado. Todo el colegio supo que se lo habían llevado detenido los carabineros. El colegio delegó en carabineros una situación que debieron abordar ellos como educadores. La ley da 24 horas para llamar a la autoridad, no tiene por qué ser de inmediato, como fue en este caso.

¿Cuándo fuiste al colegio?
G: Al día siguiente que me cuenta el Nico, el 17. Fui a hablar con la psicóloga del colegio y con el vicerrector. Les pregunté por qué no me habían llamado. La psicóloga me dijo que Nico no quería que yo supiera. Les dije que no deberían haberlo llevado a la comisaría. Ellos insistían en que estaban obligados a hacerlo, pero no quise discutir, porque ya estaba hecho. Dijeron que no lo iban a echar, decían que era un buen muchacho, buen alumno, que tenían una buena opinión de él, había un ambiente de acogida aparente. Y nos citaron a un Consejo de Disciplina para el día 29.


Nicolás en uno de los campamentos a los que iba en el sur.

¿La sicóloga te hizo alguna recomendación?
G: Coincidió conmigo que Nico estaba mal y me recomendó una psicóloga externa, que llamamos ese mismo día. Era una psicóloga joven, cercana al Nico. Pero él no se sintió bien en la sesión. Ella me dijo que era normal, que siguiera viniendo. Fuimos a dos sesiones, una los tres con la mamá y la última fue el Nico solo, justo un día antes del Consejo de Disciplina.

¿Cómo fue el Consejo de Disciplina? ¿Qué pasó ahí?
G: Me acuerdo que el Nico preguntó: “¿Papá, para ir al tribunal tengo que ponerme corbata?” “¡No, cómo se te ocurre, si es una reunión no más!”, le dije. Yo ya había hablado con un abogado y me dijo que no tenía de qué preocuparme, que fuera a escuchar nomás.
H: Al Consejo de Disciplina el Nico lo llamó tribunal. Estaba muy asustado.
G: A estas alturas yo ya me había había leído la ley 20.000. Y cuando llega la citación al Consejo, que tenía un montón de artículos, una de las cosas que decía era “CP 288”. Eso significa Código Penal y el número 288, que en la ley es porte de arma blanca. Eso se lo dije al rector. ¡Estaban tan bien informados que en el dossier para el Consejo le estaban poniendo CP 288 como referencia!

¿A qué dossier te refieres?
G: Días antes del Consejo, me mostraron unos documentos que eran para el Consejo. Ahí tenian el relato del inspector que lo pilló, la opinión del profesor jefe, otros profesores, de la psicóloga, varias cosas. Y la carta de citación decía “CP 288”

¿Te dieron una copia de eso?
G: Me dijeron que solo podía leerlo, y yo como soy respetuoso, lo leí en la oficina del vicerrector, que es donde me dejaron verlo.

¿Cómo fue el Consejo?
G: Fuimos la mamá del Nico, él y yo. Duró como media hora o un poco más. Estábamos los tres sentados frente al rector, vicerrector, consejero, representantes del centro de padres, de los alumnos, de los profesores, de los administrativos y el gerente, eso no lo entiendo, hasta el gerente estaba, ¿qué tiene que ver el gerente?… Eran trece personas.

¿Qué preguntas les hicieron?
G: No sé si corresponde que diga lo que se discutió ahí, porque han salido cosas en el diario que debieran ser confidenciales, y se tergiversaron. Como lo que él hablaba con la sicóloga del colegio y que se filtraron a la prensa. Esa es una objeción seria que tengo con el colegio.

Sin detalles, ¿pero qué tipo de preguntas?
G: Si sabía el daño que provocaban las drogas y Nico ingenuamente contestó, “tal vez a largo plazo”, pensando claro, que un pito o una chela a lo lejos, no hace tanto daño. O cuando había consumido. Y él respondió “algunas veces”. Estaba confundido, en un momento le preguntan si iba a seguir fumando y él dice “no sé”. Me preguntaron a mí si avalaba el consumo y el porte y yo dije que no.

¿Le preguntaron de dónde había sacado la droga?
G: Eso se lo habían preguntado antes, cuando lo interrogaron el primer día, estaba en el dossier. Le habían hecho escribir una declaración en francés y en español el día que lo pillaron.

¿Quién hacía las preguntas?
G: El rector principalmente y algunas otras personas. El rector hablaba en francés, pero la madre no entiende el idioma, y como yo sí, les contestaba en español para que la madre entendiera lo que hablábamos.

¿La mamá qué decía?
G: Estaba muy enojada. De hecho, durante la reunión discutió con un consejero. Nunca estuvo de acuerdo con que lo hayan llevado a la comisaría y menos sin nosotros.Tenía razón.


Nicolás junto a su padre, Gerardo Scheel.

¿El Consejo lo viste cómo un trámite?
G: Lo vi como un castigo administrativo, que no iba a tener mayor repercusión. Y tampoco creo que la tuvo, el problema venía del primer día. Desde ahí Nico cambió. Ahora me doy cuenta. Cuando terminó el Consejo, nos comunicaron la resolución: nueve días de “expulsión temporal”, más un trabajo de investigación de organizaciones que hacen prevención del consumo de droga, esto último me pareció bien. Después de la reunión, me fui a mi oficina directo. El Nico tenía rugby en la tarde y me dijo que no tenía muchas ganas de ir. “Anda, te va hacer bien”, le dije, pero no fue. Esa tarde yo tenía una charla en el Club Andino Alemán, que queda cerquita del Stade Francais y cuando calculé que terminó su entrenamiento, lo llamé para que se fuera para allá, pero me dijo que estaba en la casa. El miércoles no lo vi, pero hablamos varias veces y le dije que nos juntáramos, “No, papá estoy bien. Te quiero mucho”, me dijo. Yo también le dije “te quiero mucho”, como todos los días. Después, no sé a que hora en la madrugada recibo una llamada y me dicen que mi hijo se había suicidado.

¿Quién te llamó?
G: La mamá.
H: Esto fue a una cuadra de la casa. Ella llegó al tiro y lo vio ¡Imagínate!…
G: …“fue un error”, decía yo, “cómo puede ser”. Llegué corriendo, estaba la policía, seguridad ciudadana, habían puesto cintas…estaba colgado ahí, pero cubierto… casi me desmayo. “¡No es él, no es él!”, gritaba. “Es un error, ¿cómo saben que es él?”. Me dijeron que había dejado una nota que decía: “Lo hice porque quise”, y que no le avisaran a los del rugby hasta el lunes porque había un campeonato el fin de semana. Esto era madrugada del jueves…
H: El viernes fuimos los dos a identificarlo al Instituto Médico Legal. Y cuando mi papá lo vio, decía: “¡Este no es mi hijo! ¡Nico no era así!”. Y yo tenía que decirle que sí, que ese era el Nico. (llora)… Yo le di muchos besos, besos interminables e infinitos en la frente. Después no lo podías tocar más. Te dan cinco minutos para identificarlo, y después te echan. Luego llegan los de la funeraria y ya está. Está ahí, vestidito. Yo le dejé un poema que le había escrito en la manito…
G: …le pusimos su camiseta de rugby del Stade, y a un lado le dejamos su bien más preciado, que era una camiseta chiquitita, de cuando tenía 11 años, de Los Pumas, el equipo argentino de rugby, autografiada. Esos eran sus tesoros y se los pusimos.
H: … fuimos al velatorio y fue mucha gente, muchos compañeros. Fue en la iglesia de El Bosque y yo nunca había visto tantos niños vestidos de negro llorando. En la iglesia había más de mil personas, estaba repleta.

¿Pensaste que una cosa así podía pasar? ¿Alguna de las psicólogas que lo vieron les dijeron que estaba en riesgo o que necesitaba medicarse?
G: Noté que estaba mal y la sicóloga también, pero jamás pensamos nada así. En absoluto.

¿La sicóloga le recomendó que tomara algo?
G: No.

¿Antes no había tenido algún episodio depresivo? ¿O había ido a un psicólogo? ¿Ni siquiera por déficit atencional o algo así?
G: No, nunca. Él era buen alumno, responsable, tenía promedio 6,5. Nunca tuvo un problema de disciplina tampoco.
H: Cuando fue la última vez a mi casa en Pucón, hablábamos de las necesidades del mundo, de cómo podíamos aportar, y el Nico decía que quería estudiar medicina, vivir en el sur y trabajar en el servicio público. Por el colegio tuvo que hacer una práctica por una semana y podía elegir entre la Clínica Alemana o un hospital público en Peñalolén, y él fue al público. Estaba lleno de sueños y de cosas por hacer.

Se ha dicho que la madre tenía un cuadro depresivo.
G: Tienes que preguntarle a ella. Aquí no estamos hablando en su nombre.

¿Algún familiar que se haya suicidado en la familia o un cercano?
G: No.

¿El colegio dice que Nicolás tenía “fragilidad psicológica”?
G: La relación entre la madre y yo era distante, desde hace tiempo. Y el hecho de que no me hayan contado cuando lo pillaron con la marihuana o que mostrara temor a que yo supiera… Ellos lo interpretan como una situación de fragilidad psicológica, pero lo dicen para justificar esto, pero antes de estos hechos nunca hubo señal alguna.

Ha pasado más de un mes que se murió Nicolás, ¿cuáles son los pensamientos recurrentes?
G: Cómo no me di cuenta de esta angustia que tenía…
H: …cómo no me contó, cómo no me preguntó…
G: ¿Sabes cuál es mi espina?, no haber estado con él en el último momento. Yo creo que se arrepintió y dijo: “¡Papá, ayúdame!”, y yo no estaba ahí. Ese es el dolor que siento. No estuve en el momento más importante…(llora) Yo estaba durmiendo plácidamente, nunca me imaginé que mi niño estaba sufriendo tanto…Entonces toda mi vida, todas esas miles de veces que le dije que lo quería, que le hacía cariño y él se me acurrucaba…
H: …que le dabas la mano cuando iba en la parte de atrás del auto, conmigo lo hacía también…
G: …pero no estuve en el momento.


Nicolás en su viaje de estudios a Europa el 2016.

EL COLEGIO

¿Te gusta la Alianza Francesa?
G: La mamá eligió el colegio, mis otros hijos estuvieron en el Colegio Alemán, pero nunca tuve nada en contra de la Alianza. Lo que no me gusta es que tienen un sistema en que todos los años los mezclan entre los paralelos. Y creo que eso dificulta que uno pueda tener un grupo de amigos. El Nico algunos años lo pasaba muy bien, y otros no tanto.
H: Los alumnos, cuando el Nico se murió, llenaron de flores el colegio y dejaron muchos mensajes y hay uno muy grande que dice algo así como no nos mezclen más todos los años, porque queremos tener lazos de amistad perdurables.
G: Es también un colegio muy exigente y competitivo.

¿Qué crees que pasó con el Nicolás en el colegio?
G: Creo que sufrió una humillación insoportable. Que fue interrogado y le pidieron nombres, lo cual debe haber sentido que traicionó a sus amigos. Pero más allá de esto, hay una investigación de la Superintendencia de Educación, que va a determinar si los protocolos estuvieron bien y si se cumplió o no con la ley. También hay una investigación del gobierno de Francia, se designó una inspectora que vino a Chile por este caso.

¿Qué pasa si la Superintendencia de Educación dictamina que los protocolos seguidos por el colegio fueron los apropiados?
G: Entre los alumnos del colegio, el mensaje que se repite es “Nunca Más”, “Plus Jamais”, en francés. Y cuando hablé en la misa del funeral, le mandé un recado al rector y vicerrector, en francés para que lo entiendan, donde les pido que hagan todo lo necesario para cuidar a nuestros niños y evitar otra muerte. Como familia lucharemos para que nunca más suceda una muerte como esta. Y si los protocolos están mal, hay que cambiarlos, si la ley está mal, hay que cambiarla. Chile tiene el segundo lugar en la OCDE en suicidio juvenil. Lo único donde somos top tres. Es un desastre mayúsculo. Cómo puede estar pasando esto.
H: Los suicidios, los abusos de los niños del Sename…La gente despierta a golpes. Pero si podemos salvar una vida. Que ni un niño pase por esto. Que a ninguna familia le pase lo que nos pasó a nosotros.
G: Como adultos no lo estamos haciendo bien. No solo en los colegios, sino que como familia, como sociedad. Hay muchos padres que nos cuentan que esto ha hecho que se acerquen más a sus hijos, logrando ambientes de confianza, porque yo teniendo la mejor relación, algo faltó ahí. Hay muchas otras circunstancias que afectan a los niños. Y no quiero decir que Niquito es más importante que otro niño. Todos son iguales. A todos hay que quererlos. Es nuestro deber como adultos.


De niños, Nicolás y sus sobrinos Alex y Oliver en uno de sus tantos viajes al sur.

El rector asegura que había mucha presión de los padres con el tema de la droga.
H: Esto es lo que dice el rector, pero si ves cuántos apoderados nos llaman para decirnos que el colegio actuó mal.
G: Nadie dice que no haya sanciones, ni que seamos permisivos ni que se difunda la droga. Pero tiene que haber un acompañamiento a los niños desde antes. No puede ser que llegues a situaciones en que los saquen con carabineros así como así. Todos los niños reaccionan distinto. En algunos colegios de la zona sur de Santiago, que los pillan con unos tarros de papas fritas llenos de droga, tratan de ayudarlos, porque qué vas hacer. Los vas a meter presos a todos.

¿Crees que el colegio hizo algo ejemplificador con él?
G: Sí. No tengo duda. Hace dos mil años había unos tipos que se llamaban fariseos, que aplicaban la ley a raja tabla y eso no ha cambiado.

¿Faltó un gesto, como pedirle la renuncia al rector?
G: No me corresponde a mí decir eso. Él dijo en una entrevista que eso era un asunto “personal”. Pero esto no es solo un asunto personal. Aquí hubo fallas personales e institucionales.

El rector dijo en una entrevista que “si no hubiésemos hecho nada, nos habrían acusado de negligentes”
G: Ellos defienden su actuación. La investigación de la Superintendencia va a determinar si fue correcto o no.

¿El colegio está haciendo una defensa corporativa de su prestigio?
G: La declaración del rector y del presidente de la corporación parecieran ir por esa línea. Me parece que están muy a la defensiva para quien cree haberlo hecho bien. Pero el colegio es mucho más que el rector.

¿Cómo ha sido la respuesta de los apoderados?
G: Muy solidarios y los niños también.
H: Cristián Warken, exalumno y apoderado del colegio, ha escrito que el colegio cometió un error en la forma de proceder. Hace unos días hicimos una misa, porque se cumplió el primer mes de la muerte de Nico, y ese día Cristián pidió perdón.

¿Cuál es tu relación con el colegio ahora?
G: Han tratado de contactarnos indirectamente, pero a mí no me interesa. Ellos hicieron declaraciones públicas y casi ni mencionan a Nico en esa entrevista. No les importa. ¿Por qué no me avisaron a mí? Si todo el mundo sabía que estábamos separados. Yo soy el apoderado, yo iba a las reuniones, yo lo llevaba todos los días al colegio. Hay que avisarle a ambos padres. “Porque el niño no quería”, dicen, pero eso no es argumento, es lo más absurdo que hay. Porque esto repercutió de la peor forma. El costo de una vida joven, no tiene precio. Siempre me impactó la canción Tears in heaven, que Eric Clapton le dedica a su hijo muerto. Y nunca pensé que me iba a tocar cantarla a mí en el funeral de mi hijo.