Cuando le correspondió a José Antonio Kast exponer en ENADE, el principal encuentro de los grandes empresarios chilenos, arrancó burlándose de MEO y de Beatriz Sánchez. Así consiguió los primeros aplausos. Casi enseguida se jactó de no votar por la ley Zamudio, y volvieron a aplaudirlo. Dijo que no era Trump como algunos querían caricaturizarlo, porque él era más buenmozo, tenía más hijos y menos plata (aplausos). No se le ocurrió repugnar su racismo, su muro, su machismo, ni ese desparpajo y desprecio con que se refiere a la prensa y a lo diferente. Después denunció que lo trataban de fascista, cuando en verdad, sostuvo, fascistas eran quienes dirigían Cuba, Norcorea, Venezuela…(aplausos). Hizo chistes con los demagogos que ofrecen más vacaciones o educación gratis para todos, y sacó más aplausos todavía. “Yo creo en cosas simples y obvias: en Dios (aplausos), en la patria (siguen los aplausos), creo en la familia (aumentan los aplausos), en la libertad y en la competencia…” Dijo que quería un Estado más chico, sin parientes ni pitutos, y de nuevo estallaron los aplausos, e incluso se dejaron oír algunos gritos de entusiasmo. “¿Qué está en juego el 19 de noviembre?” se preguntó. No que Sebastián Piñera pase a segunda vuelta, porque eso, según se tomó un buen tiempo en analizar, estaba asegurado, sino la defensa de ciertas ideas (aplausos). Mostró unos cálculos que demostraban la importancia de llevar gente a votar –cosa que él conseguía- para fortalecer sus posiciones en el Congreso. Les hablaba en primera persona plural – “tenemos”, “debemos”, “necesitamos”- evidenciando que era uno con todos los presentes. “Ganar la Cámara de Diputados está ahí, al alcance de la mano”, dijo, y de nuevo aplaudieron los empresarios. Puso una foto de Bachelet en la pantalla para exponer el legado de “Sebastián Primero”, como le llamó sin querer queriendo, y estallaron las carcajadas burlonas entre los millonarios presentes. “El legado de Michelle Bachelet Segunda es uno de los peores que se puede recibir (…) En todo estamos peor”, aseguró, y acto seguido describió un país prácticamente en ruinas. Sostuvo que sus pretendidos continuadores se declaraban felices, porque vivían en un mundo paralelo, como si no fueran los ahí presentes quienes evitan el contacto con la chusma. “¿Y qué viene ahora?” se preguntó, y al mismo tiempo aparecieron Boric y Jackson en las pantallas. “Esto es lo que nos espera el 2022 si no hacemos bien las cosas”, acotó señalando sus fotografías con expresión de horror. Entonces llamó a perder los complejos y defender sus principios y valores: la libertad, la competencia, la propiedad privada, el esfuerzo empresarial, un Estado pequeño, bajar los impuestos (aplausos). “Yo me atrevo a decir las cosas” (aplausos). “Tenemos que recuperar nuestros espacios, defender lo que creemos, perder los miedos”. Invitó a suscribirse a la revista Economía y Sociedad, fundada por José Piñera, explicando que ahí sí se defendían sus ideas. Vencer los vetos, dejar de lado lo políticamente correcto. Manifestó su frustración por haber permitido la normalización de la izquierda. “Algunos de ustedes han sido cómplices pasivos, porque invitan a estos señores y no los contradicen… algunos de ustedes incluso los financian”, dijo molesto, porque para él los verdaderos cómplices pasivos no son los que apoyaron los crímenes y torturas de la dictadura, sino quienes pasaron de defenderla a negarla, olvidando (no lo dijo, pero casi) que Pinochet se tomó el poder para defenderlos a ellos de los izquierdistas que los amenazaban. “Ellos engañan a los pobres, los invitan a sueños imposibles, a utopías socialistas que les dicen que todos son iguales”. Y con estas palabras, al terminar, se ganó una ovación de varios minutos, muy superior a la de todos los expositores anteriores, incluido Sebastián Piñera.
Si gana Piñera tendrá que escoger entre contentar a esos ultraderechistas a quienes deberá su triunfo en segunda vuelta, o ampliarse hacia un centro huérfano y todavía reacio a su persona. La UDI, que en verdad quisiera votar por Kast pero calcula su inconveniencia práctica, ya le hizo su advertencia:
“Si Piñera se va a un eje liberal necesita votos y los votos de la UDI no los va a tener”, dijo su presidenta. José Antonio Kast ha sacado a la luz lo que Piñera quisiera mantener oculto: que la derecha chilena, la poderosa, la dueña del capital, es poco lo que ha cambiado. Y cuando pierde los complejos, cosa que Kast le ha ayudado a conseguir, es verdaderamente de temer.