“Tribilín era un socrático total, es mi filósofo favorito”, dice Erick Pohlhammer a La Segunda en una conversación que se inicia a propósito de su último libro “Bajo la influencia de la poesía”.

El escritor recoge la sentencia de Claudio Bertoni, quien sostiene que la frase más sabia del personaje es “you never know”, y afirma tajante: “Es mucho más interesante Tribilín que Heiddeger. Ambos llegan a la misma conclusión, pero Tribilín no te obliga estudiar posgrados sobre su obra”.

En el mismo tono en que se desarrolla la entrevista, Pohlhammer habla de las lectura del Condorito en los funerales. Al respecto sostiene que “el efecto que tiene la lectura de Condorito, como toda forma de arte, es que te cambia inmediatamente eso que los siúticos llaman el switch”.

Además de lo anterior, y a razón de su poesía, Erick Pohlhammer habla también de lugares fundamentales de su existencia. Como la calle Irarrázaval. “Es un lugar inevitable y mágico. He estado caminando bajoneado por esa avenida y puede ser un horror. Sobre todo en invierno. Pero por otra parte, las dos mayores influencias que hay en mi obra son la calle Irarrázaval y Tribilín”.

Entonces dice que en su peores momentos ha vagado por Irarrázaval para cavilar sobre sus rollos y lo que ha descubierto es que “la mejor escuela filosófica que conozco reside en esas caminatas entre Plaza Egaña y Vicuña Mackenna. Cita a Edmund Husserl para decir que la conciencia es tener conciencia de algo y que su conciencia es precisamente la avenida Irarrázaval.

En otros pasajes del diálogo con el vespertino, afirma -consultado por los autores que publican y publican- que en su opinión sucede que “hay un número importante de aspirantes a poetas que se creen Rimbaud por haber tomado cuatro litros de cerveza”.