Fuiste parte de la transición y llegaste a ser ministro de Lagos, ¿compartes el juicio crítico que tiene el FA con respecto a la transición?
-Tengo matices, pero comparto una visión crítica. Yo fui parte de una generación, la JDC que fue absolutamente excluida de la gestión de Aylwin, porque fuimos críticos al diseño de salida posplebiscito y anticipamos las limitaciones que esa transición iba a tener. Pero quizás, lo que le cuesta entender a los que no vivieron en esa época, es que hacia fines de los 80, lo que los chilenos querían era que la dictadura terminara y que no se siguiera matando gente, algo que nadie con cierta responsabilidad política podría desconocer. Pero creo que nos autoimpusimos limitaciones en un principio y luego dejamos de creer en muchas de las cosas que planteamos al inicio de la transición y esa resignación frente a las condiciones fue la que se me fue constituyendo en un obstáculo para sentirme cómodo dentro de ese espacio político.

¿Había otra manera de hacer la transición?
-Nadie se acuerda que hubo dos plebiscitos, uno el 88 y otro el 89. En este último, todos los partidos, salvo el PC, aprobaron las reformas constitucionales negociadas por la Concertación con el equipo de la dictadura y la derecha. Y no tuvimos ni el tiempo ni el estado de ánimo para darnos cuenta que con esa aprobación estábamos aceptando las camisas de fuerza que luego caracterizaron el desarrollo político de la Concertación y que dieron fundamento a esta colusión entre lo político y lo empresarial.

¿Ahí firmaron la rendición?
-Eso es injusto para muchos que creímos que íbamos a lograr, por la vía de la transición, los objetivos que nos habíamos puesto.

Dices que tu generación fue excluida de la transición, eso es como victimizarse ¿no?
-Había gente que no nos quería, pero no fuimos víctimas de una conspiración de los viejos para excluirnos, nuestras propias debilidades hicieron que no nos instaláramos como un referente relevante en cada partido de la Concertación.

¿Por qué no?
-Fuimos una generación que maduró en la lucha de la dictadura y tuvimos problemas para acomodarnos a un nuevo escenario, con poco tiempo para la elaboración de propuestas, que nos hubieran dado un sentido más allá del testimonio o de la figuración específica. Las generaciones jóvenes de ahora, como Boric, Sharp o Giorgio son incomparablemente mejor preparadas del punto de vista del conocimiento, de la información sobre la política, economía y la historia, de lo que fuimos nosotros.

Quizás los trataron como cabros chicos.
-Hubo una corrida generacional donde quedamos como los más chicos del mapa. Eso influyó en valorar más esas generaciones mayores. Pero no hay una sola explicación para este asunto.

LA DC

¿Por qué te fuiste de la DC?
-La DC fue ocupando un rol de neutralizador, no de moderador para buscar entendimiento, sino simplemente el de frenar y poner obstáculos a los aspectos más radicales de las propuestas programáticas. Algo que en el segundo gobierno de Michelle se me confirmó absolutamente y eso se me hizo insostenible.

¿Hay algún hito?
-Fue una combinación de cosas y culmina con la gestión de Ignacio Walker, que significó una derechización más explícita de la DC.

El senador Andrés Zaldívar dijo hace unos días que la DC nació para oponerse al PC y que ese proyecto persiste.
-Una frase muy desafortunada, que expresa más o menos lo que estoy diciendo, porque es un intento de parafrasear a Tomic, quien decía que la DC había nacido para ser una alternativa al capitalismo. Esa afirmación, si uno la contrasta con la de Zaldívar, da cuenta de la contradicción interna que siempre ha arrastrado la DC desde su origen. Salvo la salida del MAPU y de la Izquierda Cristiana, hubo cierta capacidad de sostener esa tensión, y el momento crítico fue cuando un sector de la DC impone, después del golpe militar, una independencia crítica nada menos que frente a una dictadura que estaba matando y torturando chilenos desde el primer día. Mientras que un grupo de 13 militantes firma una carta de rechazo al golpe, de la que los ‘chascones’ nos sentimos tributarios. Siempre hubo contradicciones, pero en mi caso hay una desafección individual.

¿La DC ha traicionado su origen?
-Lo que ha pasado con la DC, y lo lamento mucho, es que ha perdido su razón de ser en la sociedad chilena. Ya no se aprecia cuál es el aporte que la DC le hace al país. La Iglesia Católica jugaba un rol fundamental en la sociedad chilena y eso beneficiaba a la DC, lo que la hizo activa en procesos como la reforma agraria y los DD.HH., pero cuando tienes una Iglesia que ha perdido vigencia, y que sus valores son menos trascendentes y asociados a miradas conservadoras y reaccionarias, arrastra en esa degradación de simbolismo a la DC.

¿Qué otro factor influye en la caída de la DC?
-El concepto de centro político hoy está encarnado en tendencias alrededor de un montón de partidos que hacen que se conforme la centroizquierda o la centroderecha. No es necesario que exista un partido que lo encarne en sí mismo. La suma de esas dos cuestiones, acompañada de conducciones erráticas y conservadoras, explican esta pérdida de sentido en el país.

¿No hay espacio para la DC?
-En el PPD o en el PS hay liderazgos y formas de pensar de centro, como Ricardo Lagos o José Miguel Insulza. Lo mismo pasa con la derecha, en RN hay sectores más moderados y democráticos. La suma de eso llena el centro político y por lo tanto deja sin espacio la existencia de un partido que, por sí solo, encarne eso que durante muchos años logró hacer la DC.

¿Después de la elección, que es lo que debiera pasar con la DC?
-En lo parlamentario va a tener resultados bastante malos, por lo tanto, su incidencia va disminuir notablemente. Esto no quiere decir que la DC esté condenada a dejar de existir, porque hay dirigentes, como Eduardo Saffirio, que prefieren un partido pequeño, pero alineado y que mantenga esta posibilidad de articular desde el centro.

¿Le ves futuro a ese tipo de DC?
-No es sólo ingenuo, sino una abierta contradicción con el carácter popular y nacional que ha perseguido a lo largo de su historia. Difícil imaginarse a Frei o a Tomic en ese predicamento. Más bien veo un proceso prolongado de desangramiento y agonía de la DC.

¿Qué opinas de Carolina Goic?
-A Carolina Goic le ha correspondido encarnar la paradoja en que se halla inmersa la DC.

¿Y qué pasa con la DC de Yasna Provoste, por ejemplo?
-La única posibilidad de victoria relevante que podría tener la DC es la senaduría de Yasna. Una DC  así sería más consecuente en este país y en esta región del mundo, que una mirada de centroderecha que abunda. Pero no está en condiciones de ser alternativa. Y si el resultado electoral es aún peor de lo esperado, tengo dudas si esos sectores van a poder volver a convivir.

¿Un pésimo resultado electoral podría significar que una parte del partido se fuera?
-No descarto nada.

¿Qué te pareció el uso de la imagen de Alywin en la franja de Piñera?
-Una maniobra burda, considerando que Piñera fue el jefe de campaña de Buchi, candidato de Pinochet, al que Aylwin precisamente derrotó. Refleja el empeño de atraer electorado DC y, eventualmente, dirigentes del partido.

¿Ves una parte de la DC en el gobierno de Piñera?
-No se puede descartar que haya ofertas, como ocurrió con Ravinet en 2010. Puede haber personeros DC que se sientan más cómodos en una combinación de centroderecha, pero la enorme mayoría de sus militantes rechaza esto.

UN NUEVO FRENTE AMPLIO

Fuiste militante 33 años de la Democracia Cristiana y hoy eres parte del Movimiento Autonomista, ¿te hace sentido esa distinción entre partido y movimiento?
-Es una discusión pertinente porque se entronca con una de las cuestiones que se tiene que resolverse en los próximos tiempos, que es el tipo de organización política para el escenario político que estamos viviendo. Las organizaciones verticales, autoritarias y patriarcales de los partidos tradicionales no tienen cabida en las nuevas generaciones. Pero a la vez es complejo, porque la horizontalidad y la participación es virtuosa, pero un instrumento político tiene que ser un organismo que llegue en tiempo y forma a la toma de decisiones políticas.

Una orgánica que no está en forma aún. Lo que sucedió con la candidatura de Mayol es un chascarro que lo demuestra.
-Claro, pero no hay posibilidad de modos de organización menos participativos o más autoritarios. Esta es una fuerza nueva, con nuevas generaciones, con poca experiencia política y habrá muchos errores, pero no debiesen ser problemas irresolubles.

¿Pero imaginas un FA potente constituido con catorce movimientos como es ahora?
-No. Lo que probablemente ocurra es que van a haber procesos de articulación, fusión o de redefiniciones. No es sostenible pensar que trece o quince grupos puedan seguir siendo un número adecuado de expresiones políticas que, por lo demás, tienen mucho en común y por tanto esas comunidades de propósitos van a ir generando fusiones. Veo en el futuro tres a cinco movimientos que integrarán ese Frente Amplio y que no solo sea la suma de las definiciones de cada uno de los que la componen, sino que una identidad que le da sentido y un plus.

¿Como una especie de Concertación?
-La Concertación, como el Frente Amplio, son formas de articulaciones políticas. Evidentemente esto no va ser la Concertación.

Pero la Concertación tiene una identidad más que la suma de sus partes.
-Exacto. La Concertación, a diferencia de la Nueva Mayoría, que simplemente fue una suma de fuerzas políticas, logró en una primera época generar un sentido de pertenencia, ser una expresión política autónoma y distinta que abarcaba a muchísima más gente que la que integraba los partidos.

¿Crees que el FA tiene algo de eso?
-Eso sería un objetivo del Frente Amplio.

¿Cuáles son los grupos que podrían darle una identidad al FA?
-No diría por grupos, sino que son ciertas identidades que probablemente van a trascender esta contingencia y van a ser parte del ethos común. Una mirada desde la izquierda marxista, que ha buscado las teorías menos clásicas. Una corriente libertaria, una mirada socialdemócrata de izquierda y una perspectiva liberal. Estas cuatro identidades van ser parte indispensable del bagaje de contenidos del Frente Amplio.

¿Crees que los resultados de las elecciones le den al FA la fuerza de ir más allá? Un cinco por ciento, por ejemplo, sería un resultado marginal.
-Se ha querido descalificar los eventuales resultados del Frente Amplio comparándolos con el veinte por ciento de MEO. Pero esa comparación es injusta porque, más relevante que la cantidad de votos, es la consistencia política y la capacidad de trascendencia. El desgaste de la figura de MEO arrastró al PRO y terminó en un MEO marginal. El Frente Amplio no es una persona, ni un grupo de personas, es una organización y un movimiento con perspectiva de trascendencia sobre la base de contenidos e identidad política.

Ese es tu anhelo, pero convengamos que una votación de un 6 o un 7% pone en entredicho esta fuerza.
-Sería un mal resultado, pero aún así no me cabe duda de que este es el camino por el que hay que mantenerse. Además, el Frente Amplio siempre se ha planteado en diversos frentes de acción, mucho más amplios que lo estrictamente electoral.

A medida que se acerca la primera vuelta, Bea Sánchez se ha ido desinflando.
-Era evidente que en la recta final iba a haber una activación más intensa de las coaliciones que tienen más carrete. Y eso ha opacado el buen desempeño que ha venido teniendo el Frente Amplio a través de Beatriz.

¿No te ha parecido una candidata débil?
-Hay fortalezas y debilidades, pero su capacidad de ser una figura inclusiva para el Frente Amplio es muy relevante. A cambio de eso, probablemente tenemos una candidata que tiene, por un tema de experiencia, un menor manejo de otras áreas.

¿Poco preparada?
-Comparado con quién, ¿con Guillier? no me parece. Y Piñera, su único plus es que su experiencia como ex presidente le permite tener un manejo más solvente de algunas temáticas, pero no veo diferencias abismales. En ese sentido siento que la oferta que se la ha hecho al país ha sido pareja.

LOS MITOS DEL FA

¿Por qué no fuiste candidato a diputado por el FA?
-Gonzalo Winter tenía mayor apoyo que yo.

¿No tuvo nada que ver con que hayas sido parte de la Concertación?
-Esa fue la opinión de una sola persona, con una frase desafortunada, que dijo que la Concertación tenía que pedir perdón al pueblo. Pero esa era una consideración genérica, no en contra mía.

Esa idea creo que representa a muchos del FA y más allá de tu caso particular, revela una dificultad del FA para constituirse como una fuerza relevante, es decir, no excluyente ni generacional.
-Siempre he querido inventariar cuáles han sido esas intervenciones del FA que lo hacen excluyente y no las logro constituir. Hay muchas impresiones del FA instaladas que no logro saber de dónde aparecen, otra de estas es la soberbia.

¿No crees que el FA se posiciona desde la superioridad moral?
-Cuando un líder dice que nos vamos a plantar de manera autónoma frente a los poderes fácticos, eso no es soberbia. Es decir que creemos en algo distinto, que nos jugamos y somos consistentes en eso. No rompe la posibilidad de relacionarse con otro.

Excluir a Javiera Parada como candidata, por ejemplo, ¿no es pecar de puritanismo?
-El reproche no es el tema del alcohol. Lo de la Javiera fue una evaluación política acerca si esto iba a traer consecuencias políticas para el Frente Amplio en su circunscripción.

Da la sensación que se exige conducta irreprochable, y claro, quizás la tienen aquellos de menos de 28 años.
-Yo en un control rutinario fui sorprendido manejando bajo los efectos del alcohol y tengo mi licencia suspendida por dos años. Pero ese tema fue políticamente procesado y si hubiera sido candidato, esto no hubiese tenido consecuencias políticas relevantes porque lo hice público.

Bueno, no sabemos, Javier Parada también lo hizo público y resulta que tú tampoco fuiste candidato por el FA. No entiendo la diferencia.
-Fue una evaluación política. No es la moralina de no llevar candidatos que tomen alcohol, quedaríamos sin candidatos. Es verdad que hemos cometido errores, pero nada que justifique la instalación de esa imagen de la superioridad moral.

LA SEGUNDA VUELTA

En la encuesta CEP de la semana pasada, en voto probable de primera vuelta, Beatriz Sanchez tuvo un 8,5% de las preferencias, mientras en la anterior obtuvo un 16,9% ¿Cuál es tu análisis de esta baja? 
-Los números de la CEP no son buenos, pero tampoco definitivos. Creo en la posibilidad de darlo vuelta y pasar a segunda vuelta. Si no es así, igualmente el saldo para el Frente Amplio será positivo. Dispondremos de una bancada parlamentaria de entre 8 y doce diputados, que permitirá diversificar y ampliar nuestros liderazgos y vocerías.

¿Qué errores crees que se han cometido en la campaña para tener esa baja tan grande?
-Es probable que nuestra mayor debilidad haya sido la ineficacia en el logro de un objetivo esencial cual es ampliar la tasa de participación electoral. Cuando se enarbola un discurso estructuralmente crítico, el riesgo de que ello genere un estado de ánimo de que nada puede cambiar -dada la profundidad de los problemas- es real y debe ser encarado con una propuesta esperanzadora, no solo en sus contenidos sino también demostrando solvencia y capacidad política para llevarlos adelante. Episodios como los de Mayol y el distrito 10 y la falta de disponibilidad oportuna del programa conspiran contra eso. También creo que pisamos el palito sobre la discusión anticipada de la segunda vuelta, con el agravante de que algunos grupos y candidatos optaron por hacer de ello un momento de visibilidad personal por sobre la reflexión interna y colectiva.

Hay un documento interno que circularía en el FA y que dice que Boric podría perder las elecciones.
-Boric enfrenta una competencia reñida, pero será reelecto. La condición regionalista de Magallanes y su liderazgo nacional son una ecuación no siempre fácil de resolver. Pero insisto en una idea: más allá de resultados específicos, en una perspectiva de mediano plazo el desempeño electoral del Frente Amplio solo reportará ganancias. Quedaremos constituidos como actor relevante y con una plataforma política que nos permitirá asumir desafíos aún más complejos que el de esta votación. Para mí, el más importante será lograr un Frente Amplio mucho más transversal e inclusivo. No solo desde el punto de vista generacional sino, social. El tiempo que viene, será el de instalar el Frente Amplio en el mundo sindical, poblacional, gremial, etc. Los resultados que tengamos en ese proceso serán mucho más relevantes para el futuro que estas elecciones. Una condición indispensable para eso será dotar al FA de una identidad política propia, distinta a la simple suma de las organizaciones que lo componen.

¿Cuál es tu postura con respecto a la segunda vuelta?
-Llamar a votar por un candidato no tiene los efectos que muchos creen. Es inconducente.

Pero qué hacer de cara a una segunda vuelta es relevante.
-Lo consistente es poner las tres o cuatro cuestiones centrales que para nosotros deban ser recogidas en la contingencia electoral y en cualquier gobierno que venga, y que la ciudadanía evalúe cuáles van a ser los niveles efectivos de esos compromisos y en función de esa evaluación, cada uno tome su decisión.

¿Crees en el plebiscito?
-Hay que darse el tiempo para que podamos debatir, si eso se expresa en un plebiscito es un asunto de mecanismo.

-¿Qué hay que priorizar?
La Asamblea Constituyente. Sin eso no me parece que podamos pasar al debate de otros contenidos.

Si Guillier estuviera dispuesto a una Asamblea Constituyente, ¿hay que pedirle a la gente que vote por él?
-Si Guillier plantea la Asamblea Constituyente no solo como un objetivo, sino que la forma concreta de como lograr ese compromiso, es un tema muy relevante como para que quienes se identifican con el Frente Amplio consideraran la posibilidad de apoyarlo si pasa a la segunda vuelta.

¿Crees que a la gente le importa la Asamblea Constituyente?
-Uno de los problemas de Chile es la despolitización y eso es un riesgo para la democracia y un obstáculo para avanzar en las reformas. La Asamblea Constituyente supone acción, movilización y pedagogía, además que muchos de los problemas ciudadanos que la gente tiene en su origen es por la Constitución que nos rige.

 Pero si la gente ni va a votar.
-Estos son procesos de largo plazo.

De dónde vamos a inventar ese pueblo participativo.
-Este es un fenómeno mundial, pero aquí ha habido una práctica permanente de sectores políticos de contribuir a la despolitización, el clásico es el cosismo. La UDI, que aparece como un partido no político, da cuenta de un modo grotesco de este afán. Mientras menos participación y menos conciencia política, más espacio hay para los proyectos reaccionarios y conservadores. Lo nuestro es arremeter contra ese escenario a largo plazo.

¿Con qué proyecto de izquierda?
-En una frase, la lucha contra el neoliberalismo. Y esto se mira con escepticismo, pero aquí hubo capacidad de instalar temas como la reforma educacional, o el No + AFP, desde la movilización, desde el vínculo de lo social con lo político. Eso demuestra que es un terreno de lo posible. Que no es una utopía. Y no solo es posible sino imperativo.

¿Cómo ves el escenario político en el próximo período?
-Hay fenómenos que se van a escapar del análisis de hoy día. Pero sí tengo claras algunas cosas. La primera, es que el Frente Amplio se va a mantener como un actor relevante de la política de los próximos años. Y que con su presencia parlamentaria va a ir buscando articulaciones con parte de la izquierda de la Nueva Mayoría, que permitan ampliar la base de lo que debiera ser una nueva izquierda potente para Chile.  Lo segundo, es que el quiebre entre la DC y el resto de los partidos de la Nueva Mayoría se va profundizar y vamos a tener una coalición PS, PPD y PC sometida a otras tensiones y derroteros, y una DC buscando su razón de ser y su nicho. Y tercero, es que el fenómeno Kast va a desnudar la verdadera naturaleza de una derecha en su versión más reaccionaria y fascista. Independiente de sus resultados, él representa una derecha cavernaria que han tratado de ocultar, pero que ha estado muy presente y que en un potencial gobierno de Piñera va a generar tensiones.

No ves a la centroizquierda en este nuevo escenario.
-Las prioridades van a pasar desde la búsqueda de coaliciones de centroizquierda hacia coaliciones de izquierda. Donde el Frente Amplio debiera aportar su radicalidad democrática y una capacidad de atreverse a formular propuestas que vean en las dificultades que existen para implementarlas las grandes reformas, elementos a superar y a vencer y no, como ha ocurrido en la centroizquierda hasta ahora, elementos que impongan una resignación y connivencia entre los que quieren reformar y los que se resisten.