“Cómo los archivos en microfilme de la dictadura de Pinochet se hicieron humo”, se titula la crónica de The New York Times que reconstruye la historia de cuando en verano del año 2000 tres personas en el sector de Nos arrojaron a un horno encendido bolsas que contenían imágenes y documentos de los principales órganos de inteligencia de la dictadura de Pinochet.

Cuenta el medio estadounidense que en 1990, con el retorno a la democracia, los archivos de la disuelta CNI pasaron a manos de la Dirección de Inteligencia del Ejército, DINE. En el lugar, el Departamento de Contrainteligencia, era el encargado de velar por éstos en una bóveda especialmente climatizada en el subterráneo.

Antes de ser convertidos en cenizas, el Ejército chileno había negado en más de una oportunidad su existencia al consultársele por causas de derechos humanos.

“Para mí ha sido un misterio lo que pasó con esos archivos”, dice el exministro de la Corte de Apelaciones Alejandro Solís, citado por el Times.

“Preguntaba a los militares dónde habían quedado y nadie sabía. Esa siempre fue su posición oficial”, es otra de las frases del juez que rememora la publicación.

No fue hasta hace dos años atrás, en el marco de la investigación por la muerte del expresidente Eduardo Frei, que civiles y militares empezaron a contar que es lo que había acontecido en aquel caluroso verano de 2000.

Dice el artículo que los testigos de estos hechos afirman que cada rollo de estos microfilmes que fueron quemados contenían en su interior unas 2.500 imágenes.

La empresa a la que se le encargaron los servicios fue Kodak, que por esos años junto con el monopolio de la cartera de la CNI tenía, paradojalmente los archivos de la Vicaría, el opuesto del organismo represor del gobierno de facto.

“Kodak les vendió equipos de microfilmación e insumos, hizo la mantención y reparación de los equipos, capacitó a los agentes sobre cómo usarlos y les dio charlas sobre cómo resguardar la información. Según el exejecutivo de ventas de Kodak Chile a cargo de ambas carteras, Willy Surrey, los equipos que tenía la CNI eran de alta velocidad, capaces de procesar grandes volúmenes de documentos y permitían búsquedas automáticas. Comenzaron a microfilmar en 1977”, se lee en la publicación.

“Nunca vi los documentos originales que microfilmaban (…) Cuando hacíamos capacitación, usaban fotocopias de los documentos donde tachaban en negro los nombres u otra información sensible”, dice Surrey.

Respecto de qué se microfilmaba y qué sucedía con los originales, hay versiones contrapuestas. Esto, por supuesto, antes de que se ordenara incinerar los archivos.

“Sería extraordinario contar con esos documentos porque podríamos aclarar el destino de los cerca de mil detenidos-desaparecidos y resolver muchos crímenes”, afirma Luis Henríquez, exjefe de inteligencia de la Policía de Investigaciones y jefe de primer equipo de investigación de la policía en causas de derechos humanos. “Pero, lamentablemente, por lo mismo creo que los destruyeron”.