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La semana pasada, el escritor colombiano Giuseppe Caputo (1982), presentó su primera novela, Un mundo huérfano, en la FILSA.  El texto viene precedido por una buena acogida crítica y  ha dado bastante que hablar en Latinoamérica.  Se trata de una historia cargada de violencia, pobreza, homofobia y escenas de sexo explícito.  Los protagonistas, un padre y su hijo,  tienen una estrecha relación y  luchan por sobrevivir en los márgenes de una ciudad sin nombre.

Caputo hoy dictará una ponencia en  la Cátedra abierta en homenaje a Roberto Bolaño, organizada por la Universidad Diego Portales, en la que expondrá una resignificación del sentimentalismo como experiencia estética, tópico que, plantea, ha sido históricamente despreciado por los discursos hegemónicos en torno al arte y la literatura.

Cuéntame sobre la ponencia que vas a dar en la cátedra de abierta de Roberto Bolaño, ¿de qué se trata?
-Se llama Sentimental. Mientras escribí Un mundo huérfano, abordé dos problemas narrativos. Una era sobre la reelaboración artística de la violencia, porque tiene algunos problemas éticos y estéticos importantes, es muy fácil hacerlo mal. Como dice Jean-Luc Nancy, para que tú puedas entender cómo me sentí cuando me dieron un golpe, tendría que golpearte. La violencia y el dolor extremo nos devuelven a una etapa de prelenguaje. La otra pregunta tenía que ver con cómo narrar sentimientos que no tienen estatuo intelectual,como la ternura, la compasión o la bondad. En Colombia dirían que es una ñoñería. Me interesa ver cómo se escribe lo que nos ablanda. Aún hoy, cuando en una reseña se dice que una novela es sentimental, se entiende que están masacrando el libro, que es algo malo.

Como un género menor, residual.
-Me interesaba indagar en por qué lo sentimental dejó de ser un adjetivo neutro, que simplemente describe algo, y se convirtió en una palabra que se utiliza para restarle merito a una obra. En la ponencia, intento preguntarme qué es lo que entendemos por sentimental y cómo se puede resignificar. Existe una idea terca de que la emoción y el pensamiento están separados, disociados. Me parece que no, ambas cosas están juntas y corren al mismo tiempo, se entrelazan. En esa línea, hay un poema de Víctor Hugo que dice que el hombre es la razón y la mujer la emoción.

Esa es la clásica categorización de género.
-Bajo esa lógica, por un lado, lo sentimental, lo emocional, feminiza y, por ende, se entiende que desintelectualiza, además desclasa, porque está relacionado con la cultura popular, el melodrama, las telenovelas, las baladas. En el fondo, se critica lo que se asocia comúnmente a lo femenino, a la clase popular, al margen. Cuando vives o presencias una escena que te conmueve, se paraliza el tiempo y finalmente produce una experiencia muy similar a lo que uno entendería como las grandes experiencias estéticas. El mundo desaparece y se vuelve solo lo que estás mirando. Espinoza dice “El mundo ha entrado en mí“. A partir de eso, voy mirando ejemplos que a mí me parecen sentimentales en obras de arte que uno nunca relacionaría con eso, como Gunter Grass o Roberto Bolaño.

En la obra de Bolaño son ejes narrativos que están muy presentes, la violencia, el mal, pero también la ternura.
-En la parte de los crímenes de 2666, después de toda esa inmensa descripción forense, muerta tras muerta, entra Florita Amada a cambiar el registro y dice ‘tenemos que hablar de Santa Teresa y lo que está pasando’. Ese es el golpe. Pedro Lemebel también tiene mil ejemplos de eso, en su manifiesto, dice  “hay tantos niños que van a nacer, con una alíta rota, y yo quiero que vuelen compañero, que su revolución y les dé un pedazo de cielo rojo, para que puedan volar”.

Claro, Lemebel es un gran representante de ese género.
-O Manuel Puig. Por eso tenemos que repensar y resignificar lo sentimental, analizarlo en distintas novelas, que incluso se entienden como masculinas. Entender que cuando la ternura disloca, te mueve, es algo bueno y no despreciable, lo sentimental nos hace mujeres, maricas, pobres o más pobre, y todo eso está bien. Exceder lo privado a lo público, como cuando alguien llora en la calle o vas a un sauna gay, situaciones que eliminan las jerarquías.

Fuiste elegido como parte de los autores de Bogotá 39. ¿Bolaño está presente en las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos?
-Bolaño es una presencia indiscutible en la narrativa latinoamericana, está presente en las discusiones, escrituras e influencias. Hay un colombiano que se llama Orlando Echeverri, es clarísimo que él sale de Bolaño. El respeto en torno a Roberto es unánime.  Pero  no entiendo todas estas novelas póstumas que siguen saliendo, hasta dónde van a a llegar… Yo a lo que más vuelvo es a La parte de los crímenes, me parece que es explícitamente feminista. Muestra como forma y fondo son inseparables y todo está conectado, como las violencias más simbólicas, operan y son parte del entramado violento, eso es magistral, es increíble lo que hace. A cada muerte le da un espacio, no se limita a los puntos suspensivos ni a los etcétera, las narra todas, es una poética de la acumulación, que yo también intento trabajar. En mi novela hay un capítulo de acumulación de escenas de sexo que responde a eso.

También trabajas los ejes de la pobreza, la carencia y el margen.
-La escritura es siempre un diálogo con la tradición y la memoria personal, es un volver a ver la vida desde el lenguaje, a resignificarla. La novela parte de algunos lugares que tienen que ver con mi historia, pero es un texto de ficción, quería que fuera como un testamento del hambre. Las preguntas permanentes en Un mundo huérfano tienen que ver con cómo se vive la experiencia cognitiva cuando hay hambre, cuando se está ante la violencia, ante el sexo, ante las religiones. Creo que la gran orfandad de la novela es la religiosa y de eso quedan residuos, una nostalgia, sobre todo de una historia total del ser humano en el mundo, es decir, dónde nos ubicamos en todo esto. Los personajes intentan darse un estatuto artístico y lo que la sociedad no les está dando, dárselo ellos mismos.

¿Qué pasa con la estética queer en la novela?
-Es un tema muy amplio, pero ante todo es lo raro y lo que se resiste a la clasificación, lo híbrido, incluso se desmarca de lo LGTB, porque ahí opera una categorización y lo queer es justo lo contrario. Siempre me preguntan si la mía es literatura gay, como si se tratara de un fragmento de la experiencia masculina, se le quita su universalidad. No quería encasillarme, pero tampoco alejarme de ese mundo, porque la literatura siempre es política. La identidad puede pasar o no por a orientación sexual, no la fija, de algún modo se esencializó, por eso a mí me interesaba desamurallar la identidad.

De todos modos, abordas el tema de la homofobia y la violencia. Se narra una masacre muy cruda.
-Mira, con respecto a eso, creo que la violencia y la homofobia  se mueve en todas direcciones.  El mundo homosexual masculino ha sido completamente desagradecido con el movimiento feminista, se ha vuelto una comunidad ultra masculinizada y se exacerba eso. En ese capítulo, se ve la violencia brutal hacia la comunidad gay o queer, pero en el siguiente capítulo, también se ve la propia homofobia que está incorporada en los homosexuales y su rechazo a lo femenino que, finalmente, termina siendo misoginia, se trata justamente de la validación de los discursos del macho que te tuvieron tan jodido adentro clóset o el desprecio por el homosexual que es más loca, me parece último, porque eso es replicar una sumisión a la hegemonía.

Un mundo huérfano
Giuseppe Caputo
Random House
216 páginas
Caputo se presentará hoy 7 de noviembre en la Cátedra Abierta en Homenaje a Roberto Bolaño UDP
Hora: 11:30 horas
Lugar: Estudio de TV Facultad de Comunicación y Letras UDP. Metro Los Héroes.
Entrada liberada.