Esta semana se cumplen 10 años desde que se lanzó el mejor disco de Britney y desde la primera vez que vi porno gay. Fue entonces cuando Britney se convirtió en el amor más fulminante y duradero que he tenido, amor que funciona con una lógica inversa al del meme “si no me quisiste así, no me busques cuando este así”, ese en el que aparece alguien acabado y luego en su mejor momento. Yo me enamoré de Britney en el 2007, cuando estaba mal, perdiendo la custodia de sus hijos, drogándose, cuando todos la hueviaban por estar gorda y pelada. No viví sus tiempos de gloria, no la vi más rica que la chucha ni bailando la raja. Como todo fan de Britney – a pesar de amar incondicionalmente- distorsiono la realidad: aunque yo puedo obviar sus defectos, intento evangelizar al resto, si la tele dice que está fea, busco fotos donde se vea flawless y se las muestro a todos, me ofusco si alguien dice que ya no es mina, me enerva que digan que no baila. Britney genera en mí una dicotomía: quiero que la prensa la ame, que esté bien y feliz / encuentro la raja que se pase por el hoyo a todos, que se rape, que no permita que la obliguen a ser perfecta.

La descubrí en enero de ese año, cuando vi una noticia en la tele: Britney curada en año nuevo / Britney se cae bailando slave 4 u / Britney con cara de perdida. “Está borracha e igual es el humano más hermoso del mundo”, pensé. Bajé corriendo al computador. Puse BritneySlave4U en el buscador de YouTube y me encontré con la gloria, nunca había visto una hueá tan la raja EN LA VIDA. Britney pasó a ser parte inherente de mi personalidad, canalizó mis talentos: me sé todas sus coreografías (incluso las realmente peludas como Me Against The Music), lloré cuando se rapó y falté al colegio cuando fracasó en los VMAS.

Fue en esa locura investigativa que llegué al porno gay, mientras miraba shows de Bricni, uno en particular llamó mi atención: Britney en calzones / Britney en calzones con hueón rico en calzoncillos/ Britney en calzones comiéndose a hueón rico en calzoncillos. Yo de trece años: calentura más allá de todo (hasta ese entonces mis pajas estaban alimentadas por un libro de mi mamá en que esquimales culiaban y buscar palabras sexuales en el diccionario). Guglié en este orden: Britney hombre calzoncillo, hombre calzoncillo, hombre gay calzoncillo, pene gay. Pene gay fue la respuesta, la puerta de entrada a un mundo hermoso y desconocido.

En octubre salió el Blackout y lo amé entero, incluso la balada del disco es a toda raja (Britney nunca ha triunfado mucho en eso de hacer canciones lentaslindas, Im not girl not yet a women es el mejor ejemplo, como el pico). Acá todo es perfección: “It’s Britney Bitch” es la mejor frase prendemaricoteca de la vida, Piece Of Me tiene un componente religioso: evidencia el cumplimiento de la autoprofecía anunciada en Lucky, Break The Ice es la canción más pal pico de toda la carrera de la amiwa. Me gusta el blackout porque a esa Britney le creo: pasa algo con la correlación entre las letras de las cantantes pop y sus vidas reales, cuando Rihanna canta que se siente sola y le rompen el corazón pienso “amiwa, erís perfecta, obvio que todo el mundo quiere pololear contigo”, cuando Madonna canta sobre pasearse la religión pienso “amiwa, obvio que estás durmiendo criogenizada en un sarcófago y rezándole a esa hueá rara en que crees”, cuando la misma Britney actual canta sobre carretear y agarrarse minos pienso “amiwa, te sigo en instagram, estai todo el día con tus guaguas, full señora, pintando florcitas, desfilando ropa en tu patio y posteando piolines con frases motivacionales”, la Britney 2007 cantaba sobre hueás que de verdad le estaban pasando, autobiografía real, honestidad.

A diez años del lanzamiento del disco que me cambió la vida solo puedo agradecerle a Britney por haber configurado en tantos aspectos el homosexual que soy hoy. Eterna gratitud.