Cuando el fallecido gerente general del Grupo Penta, Hugo Bravo, soltó la cadena a fines de 2014, comenzaron a conocerse los pormenores de cómo se financiaba la política al margen de lo legal. Boletas y facturas por trabajos que efectivamente no se realizaban era la tónica. A diferencia de SQM, el holding fundado por Carlos Délano y Carlos Lavín había entregado recursos básicamente en la derecha. Entre quienes se vieron favorecidos por esta práctica estuvo el senador Iván Moreira. Del exdiputado trascendió un correo dirigido a Bravo en donde pedía el “raspado de la olla” para los metros finales de la campaña. Moreira se excusó públicamente, dio la cara. Pero de todos modos debió enfrentar una investigación en su contra por las 9 boletas falsas a cambio de 38 millones de pesos. Hoy está desaforado y en pocos días más se hará efectiva la resolución que limitará sus funciones en el Parlamento. En entrevista con La Tercera aborda el hecho.

“Estoy convencido de mi inocencia y de que no he cometido ningún delito. Pude haber cometido una infracción electoral, pero jamás un delito tributario. Este ha sido un peregrinaje muy duro de prácticamente dos años, en que he tenido que vivir una pesadilla, una verdadera persecución política. Se ensañaron conmigo, con mi mujer, mi familia y con las personas que trabajan conmigo”, dice el exdiputado, repitiendo la idea expuesta ya de que infracción sí, pero delito no.

Como se sabe, de todos los salpicados por los casos de financiamiento irregular de campaña, el defensor de la figura de Pinochet ha sido el único en reconocer que utilizó la práctica de las boletas. Al respecto, sostiene que no se arrepiente de hacer dicho la verdad. “Dije que el mecanismo que utilicé era irregular, que las personas que emitieron las boletas trabajaron conmigo, que recibieron una remuneración y eran gastos de campaña electoral como está establecido, por lo tanto, de ideológicamente falsas las boletas no tienen nada, lo que ocurrió fue que un tercero pagó servicios prestados en mi campaña electoral”, defiende.

¿Por qué Penta?

Moreira dice que solicitó recursos formalmente a Bravo (al parecer no tenía línea directa con los Carlos como otros), y que en ese tiempo peregrinó por distintos lugares para recaudar recursos. “A mí me mandaron a morir a la Región de Los Lagos. Tuve que tocar más puertas de lo habitual. Yo iba a perder, y si fui de candidato fue por una cuestión de dignidad personal. Todo el mundo sabe que no pertenezco a ninguna casta, jamás he sido protegido de nadie y no tengo padrinos políticos. Todo lo que he logrado en mi vida es por meritocracia. Frente a ese gran desafío que suponía mi campaña senatorial tuve que conseguir los recursos”, responde.

De su relación con Bravo, dice que había estima mutua y que “ya no tenía dónde golpear. Esa es la explicación de por qué tuve que llegar a Penta y me entendí siempre con Hugo Bravo”.

“No me reuní con Hugo Bravo para decirle que rebajara impuestos. Me reuní con Hugo Bravo para pedirle ayuda para mi campaña, él me dijo cómo tenía que hacerlo y jamás me dijo que con esto la empresa bajaría sus impuestos”, justifica además.

Mientras la conversación se desarrolla, la pregunta es obvia. ¿Arrepentido? “A estas alturas del partido uno tiene con humildad un grado de arrepentimiento sobre lo que pasó. Seré roble para mis cosas, pero también soy humano, y todo esto me ha dolido”.

Como sintetizando sobre el hecho del que ya se ha referido en varias oportunidades, dice que lo que él hizo “era una práctica habitual. En los pasillos y al oído, todos me decían –de izquierda, derecha y centro- ‘esto es lo más injusto que ha ocurrido’. Seguramente por temor, todos callaron. Indudablemente, hubo una molestia cuando dije -y lo repito- que no he hecho nada distinto a lo que toda la clase política ha hecho. Y después se empezaron a conocer una serie de casos similares y mucho más graves y delicados que el mío”.

Para Moreira entonces, la cosa tiene que ver, en su caso, “por ser pinochetista, por haber apoyado el régimen militar, por lo que yo soy, si yo soy un emblema. Durante dos años fui investigado, abrieron mis cuentas, vieron todo el financiamiento de mi campaña. ¿Por qué esperaron dos años?”