Después de varios meses de amenazas cruzadas, bien se pudiera pensar (para bien) que lo de Donald Trump y Kim Jong-un no es más que palabrería. Que difícilmente se sustente con hechos.

Aun así, y cuando la tensión nuclear parecía haber amainado, los mandatarios de Estados Unidos y Corea del Norte vuelven a protagonizar escenas de emplazamientos mutuos. Esta vez de nivel colegial, por decir los menos.

Resulta que al final de su gira por Asia, Trump -acostumbrado a las incontinencias- no resistió ser tratado de “viejo lunático” por medios de Norcorea. “Nadie puede predecir cuándo el lunático viejo de la Casa Blanca vaya a perder el sentido e iniciar una guerra nuclear”, señaló el régimen tras la visita del gobernante a Corea del Sur. “Nunca podrán atemorizarnos ni frenar nuestros avances. Nos empujan a acelerar los esfuerzos para la gran causa, la fuerza nuclear nacional”, indicó la agencia estatal KCNA.

Ante esas acusaciones, Trump exclamó el sábado: “¿Por qué Kim Jong-un me insultaría llamándome viejo cuando yo nunca le llamaría bajo y gordo? Oh, bueno, trato tanto de ser su amigo, ¡y quizá algún día eso ocurra!”.