El actor argentino Darío Grandinetti, que el fin de semana recibió el premio Ciudad de Huelva, el máximo galardón honorífico del Festival Iberoamericano de esa ciudad española, agradeció este reconocimiento, aunque aseguró: “a día de hoy me sienta muy grande la palabra homenaje”.

En declaraciones a Efe, Grandinetti (Rosario, 1959) afirma que “uno nunca es consciente de lo que hace, de lo que puede significar para los demás su trabajo, puede tener una vaga idea, pero siempre aparecen cosas que hacen reflexionar que lo que ha hecho es más grande de lo que cree”.

“Trabajo para crecer como actor y persona y no planeo nada, no planifico, no pienso en que te pueden dar premios, son cosas que a mí me exceden”, reconoce.

“Cuando decidí ser actor ni en mis más febriles sueños estaba todo lo que he filmado, he viajado, he trabajado en otros países, lo que me ha pasado excede largamente cualquier sueño que pudiese tener cuando empecé”, admite el intérprete.

Con más de 30 años de carrera y más de 60 títulos en cine, televisión y teatro, Grandinetti, ganador de un Emmy Internacional, es una de las grandes referencias interpretativas de Iberoamérica gracias a la solidez de su trayectoria, marcada por la calidad de sus trabajos y por la versatilidad de sus papeles, según destacó el festival.

Entre otros, ha trabajado a las órdenes de conocidos directores de cine de una y otra orilla del Atlántico, como el argentino Eliseo Subiela (“El lado oscuro del corazón”) o el español Pedro Almodóvar, en algunas de cuyas últimas películas (“Julieta” o “Hable con ella”) ha participado con importantes papeles.

Respecto a la cantidad de personajes que ha interpretado durante su carrera, se felicita por tener “la suerte de estar bastante diversificado” en lo que le ha tocado hacer y procura “no hacer siempre las mismas cosas”, pues define el trabajo de actor como “de guerrilla”.

Grandinetti ha trabajado para destacados directores como los españoles Pedro Olea y Jaime Chávarrri o de los argentinos Alberto Lecchi y Alejandro Doria, uno de los cineastas más interesantes de su país, con quien empezó su carrera cinematográfica en el año 1984.

Sobre el trabajo que el cine modesto tiene que hacer para llegar a las salas, explica que “hay veces que se estrena una película, a las dos semanas la levantan y dos años después te cruzas con alguien por la calle que la ha visto en la tele y te preguntas por qué no fue al cine”.

Reconoce que “la gente está tan bombardeada de información que es difícil elegir con criterio qué es bueno ver o no”.

“Hay promociones que te hacen sentir un idiota si no vas y luego te sientes un idiota si vas, porque cuando sales te sientes así por haber ido y muchas veces pasa”, dice.

Grandinetti reflexiona también sobre la vida de los actores.

“Cuando somos mayores no hay nada que nos proteja, cuando algunos trabajadores sí tienen seguridad social y protección, incluso a lo largo de nuestro periodo más activo hay periodos que no trabajas, además de que no hay sueldos de Hollywood”, lamenta.