“Para marzo, el Frente Amplio aún no tenía candidato presidencial. Sin él, sus posibilidades de mostrarse y acrecentar la representación parlamentaria caían abruptamente. Llevaban casi un año masticando nombres sin llegar a puerto. Por esos días salieron al ruedo Sebastián Depolo -entonces presidente de RD- y Benito Baranda. Benito no tomó la oferta en serio. El nombre de Beatriz Sánchez daba vueltas desde hacía rato, aunque no cuajaba del todo”, es como parte el director de The Clinic, Patricio Fernández, la columna que escribe para La Tercera, referida a la situación de la candidata presidencial del Frente Amplio, la periodista Beatriz Sánchez.

“Jamás se la figuraron como presidenta de la República. Sus principales cabecillas entendían que no estaban listos para gobernar”, observa.

Hecho el punto, recuerda que la periodista se presenta a las primarias del sector en julio y “llegó primera con 3.000 votos más de esos con que Felipe Kast llegó tercero” en la derecha.

Entonces -agrega- “vieron desvanecerse la ilusión de un país en estado de rebeldía y ansioso de cambios profundos como los que ellos ofertaban. El Frente Amplio sacó poco más de la quinta parte que Chile Vamos, los máximos representantes del capitalismo sin complejos”.

Aun así, apunta, “Sánchez comenzó a subir en las encuestas”, por lo que “la ilusión se apoderó una vez más de los frenteamplistas”,

Ahora bien, esa situación “duró hasta el conflicto con Alberto Mayol, donde quedó claro que este nuevo conglomerado ya había aprendido las técnicas oscuras del juego del poder”.

Para Patricio Fernández ese hecho es decidor. Así lo refiere: “Ahí la Bea demostró que no formaba parte del riñón de las decisiones, y que éstas no emanaban –como ella había querido creer- de conversaciones siempre abiertas”.

Entonces, la pregunta que deja sobre la mesa es director de The Clinic es “¿Qué sucederá con ella después del 19 de diciembre?” “En primer lugar, sabremos cuánta personalidad propia tiene a la hora de decidir si apoya o no a Guillier”, resuelve.

Para cerrar, sostiene Fernández que “si ella actúa simplemente a las órdenes de sus mentores, su personalidad política saldrá muy menguada. Pesará menos que un paquete de cabritas. Como su regreso al periodismo no resulta fácil al cabo de esta aventura, más le vale ganarse el espacio de respeto que su opción por la buena onda (como si la política fuera buena onda), le ha progresivamente mezquinado. Ya no es la líder de su sector. Nunca lo fue, aunque por momentos viviera la ilusión  (…) Tendrá que volverse incómoda. Pobre Bea: como Cenicienta a medianoche, verá su carroza convertida en calabaza, aunque es de suponer que ningún príncipe saldrá a buscarla con un zapato de cristal”.